La cercanía del Simulacro Nacional volvió a poner de moda las mochilas de emergencia y con ellas una amplia oferta de kits en internet, pero las recomendaciones oficiales muestran que estar preparado no exige necesariamente comprar el paquete más caro ni aceptar como indispensable todo lo que aparece en una tienda digital.

En los días previos al 19 de septiembre, las plataformas de comercio electrónico suelen llenarse de productos relacionados con la prevención de desastres. Mochilas tácticas, paquetes de supervivencia para 72 horas, botiquines, lámparas, radios y herramientas multifunción aparecen acompañados de expresiones como «kit completo» o «supervivencia extrema». La escena tiene una lógica evidente: ante la posibilidad de una emergencia, nadie quiere descubrir demasiado tarde que le falta lo esencial.

Pero hay una diferencia importante entre una necesidad real y una estrategia comercial. El Centro Nacional de Prevención de Desastres recomienda preparar una mochila de emergencia con artículos básicos como agua, alimentos no perecederos, linterna, radio, botiquín, documentos importantes, medicamentos necesarios, dinero en efectivo, copias de llaves y algunos elementos de higiene y protección. Además, señala que el contenido debe adaptarse a las necesidades de cada familia.

La lista oficial no habla de una mochila especial, sofisticada o de una marca determinada. De hecho, CENAPRED plantea que los objetos pueden variar según las circunstancias de cada hogar. Una familia con un bebé necesitará determinados productos; otra con una persona que requiere medicamentos de uso continuo tendrá prioridades diferentes. Lo mismo ocurre con quienes tienen mascotas o viven en regiones expuestas a amenazas específicas.

Ahí comienza la distancia entre la prevención y el mercado de la supervivencia. En una revisión reciente de ofertas disponibles en Mercado Libre México se encontraron mochilas y kits con precios que iban desde unos cientos de pesos hasta varios miles. Entre los anuncios aparecían, por ejemplo, un kit de supervivencia de 72 horas para dos personas cercano a los 1.900 pesos y otro paquete anunciado como kit de emergencia de lujo de 72 horas por más de 7.000 pesos.

Sin embargo, esas diferencias no permiten afirmar por sí mismas que exista un sobreprecio o una práctica de inflación artificial. Los productos no necesariamente contienen los mismos artículos, cantidades, materiales o marcas. Algunos incluyen alimentos de larga duración y agua almacenada especialmente para emergencias; otros son simplemente mochilas vacías o conjuntos de accesorios de campamento. Compararlos como si fueran equivalentes sería engañoso.

La Procuraduría Federal del Consumidor ofrece una recomendación que resulta especialmente pertinente: comparar precios y calidad antes de comprar. En su información sobre mochilas y botiquines de emergencia, el organismo advierte que un kit ya armado debe revisarse para comprobar que realmente corresponda con las necesidades de quien lo adquiere. También recomienda verificar periódicamente las fechas de caducidad y reponer los artículos utilizados.

La propia experiencia de Profeco muestra por qué comparar importa. En un levantamiento de precios realizado para un botiquín de primeros auxilios, el organismo encontró diferencias de hasta 393 por ciento entre productos del mismo tipo, dependiendo de la marca y del establecimiento. Ese estudio corresponde a 2018 y no debe utilizarse como referencia de precios actuales, pero sí ilustra que pagar más no significa automáticamente recibir una utilidad proporcionalmente mayor.

Hay otro detalle que suele perderse entre las fotografías llamativas de los anuncios: una mochila no sustituye un plan familiar de protección civil. CENAPRED recomienda identificar rutas de evacuación, establecer puntos de reunión y mantener preparados los suministros. La Coordinación Nacional de Protección Civil también insiste en ubicar con anticipación las rutas de evacuación y los refugios temporales.

En otras palabras, tener una costosa navaja multifunción dentro de una mochila puede ser mucho menos útil que saber por dónde salir de casa, quién recogerá a los niños, dónde reunirse después de una evacuación o qué medicamento no puede faltar. La prevención empieza mucho antes de abrir una aplicación de compras.

También conviene desconfiar de la idea de que existe un «kit universal». Las recomendaciones oficiales son precisamente lo contrario: adaptar los suministros al tipo de emergencia y a las personas que integran cada hogar. Agua, alimentos, iluminación, comunicación, documentos, medicamentos y primeros auxilios forman una base razonable; después vienen las necesidades particulares.

El mercado digital seguirá ofreciendo alternativas y no hay nada cuestionable en comprar una mochila preparada si sus componentes son útiles, adecuados y tienen un precio razonable. El problema aparece cuando la urgencia, el miedo o la publicidad hacen creer que para estar seguros hay que adquirir necesariamente el paquete más grande, tecnológico o costoso.

La prevención, al final, no debería convertirse en una competencia de accesorios. Una mochila sencilla, bien organizada y revisada periódicamente puede cumplir mejor su función que un equipo espectacular comprado a toda prisa. Y es que en una emergencia importan menos las promesas impresas en una caja que aquello que realmente llevamos dentro cuando necesitamos salir.