El presidente estadounidense llega a la Asamblea General de la ONU mientras la guerra con Irán mantiene abiertas varias crisis diplomáticas y presiona los mercados energéticos, en una semana marcada también por Ucrania, Venezuela y el futuro del orden multilateral.
Donald Trump vuelve este martes a la Asamblea General de las Naciones Unidas en un momento especialmente complejo para la diplomacia internacional. El presidente de Estados Unidos deberá abordar ante los líderes mundiales una agenda dominada por la guerra con Irán, el conflicto entre Rusia y Ucrania y la inestabilidad en Oriente Medio, mientras su gobierno continúa defendiendo su política exterior y militar.
La 81.ª sesión de la Asamblea General comenzó formalmente el 22 de septiembre y el debate general se desarrollará hasta el 28 de septiembre, con la participación de jefes de Estado y de Gobierno de todo el mundo. Naciones Unidas confirmó que la reunión de alto nivel vuelve a concentrar en Nueva York buena parte de las principales discusiones diplomáticas del momento.
Para Trump, la intervención tiene además un significado particular. El mandatario ha mantenido una relación crítica con Naciones Unidas y durante su primer discurso ante la Asamblea General de su segundo mandato cuestionó el funcionamiento de la organización y defendió sus propios resultados en materia de política exterior.
Ahora el contexto es diferente. La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán domina buena parte de la agenda internacional y ha tenido consecuencias sobre el suministro energético y los precios del petróleo. Reuters reportó que los mercados siguen atentos a cualquier señal de negociación entre Washington y Teherán, mientras las acciones de grupos vinculados con Irán y los enfrentamientos en torno al mar Rojo mantienen elevada la incertidumbre.
La posibilidad de una salida diplomática no está descartada. En vísperas de la Asamblea General se han multiplicado los contactos entre distintos gobiernos y también las especulaciones sobre posibles conversaciones. El canciller iraní, Abbas Araghchi, llegó a Nueva York para participar en las reuniones, mientras Teherán mantiene su posición crítica frente a las condiciones planteadas por Washington.
El escenario regional se complica además por la situación en Yemen. Los hutíes, respaldados por Irán según gobiernos occidentales, han intensificado sus acciones en la región, mientras los países del Golfo buscan garantías de seguridad y estabilidad para las rutas marítimas y el suministro energético.
La guerra también tiene una dimensión económica. El estrecho de Ormuz y las instalaciones petroleras del Golfo son elementos fundamentales para los mercados internacionales. En los últimos días, el precio del petróleo ha reaccionado tanto a los ataques como a las señales de una posible reanudación de la diplomacia entre Washington y Teherán.
En ese contexto, Trump llega a Nueva York con una agenda bilateral especialmente intensa. Reuters informó que el mandatario tenía previstas reuniones con dirigentes de distintos continentes, entre ellos el primer ministro británico Andy Burnham, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski y representantes de los países del Golfo.
La reunión con Zelenski será otro de los encuentros relevantes. Ucrania busca avanzar hacia una tregua que permita detener los ataques contra infraestructura energética, mientras continúan los bombardeos rusos y ucranianos. Reuters informó que el presidente ucraniano pretende impulsar un acuerdo para frenar los ataques contra instalaciones energéticas y solicitar apoyo adicional para la defensa aérea.
El conflicto con Rusia también plantea un desafío para Trump porque su administración ha intentado promover negociaciones sin conseguir hasta ahora un acuerdo definitivo de alto el fuego. Los ataques recientes contra infraestructura energética han vuelto a colocar la guerra en el centro de las conversaciones diplomáticas europeas.
Europa, por su parte, llega a la Asamblea General con una preocupación adicional: preservar su capacidad de influencia en un escenario internacional cada vez más marcado por decisiones unilaterales y por la competencia entre grandes potencias. El presidente francés Emmanuel Macron ya conversó con Trump sobre una posible moratoria de ataques contra instalaciones energéticas de Ucrania y Rusia, según informó Reuters.
Otro asunto que Trump llevará a Nueva York es Groenlandia. Estados Unidos, Dinamarca y las autoridades de Groenlandia alcanzaron recientemente un acuerdo que amplía la presencia militar estadounidense en el territorio ártico y establece restricciones para que actores considerados adversarios por Washington desarrollen determinadas actividades estratégicas en la isla.
El acuerdo supone un cambio respecto de las declaraciones anteriores de Trump, quien había planteado incluso la posibilidad de que Estados Unidos adquiriera Groenlandia. Según Reuters, el pacto actual se centra en cooperación estratégica, seguridad y presencia militar, no en una transferencia de soberanía.
Venezuela también forma parte de la agenda. Trump tiene previsto reunirse con la dirigente venezolana Delcy Rodríguez, en un contexto marcado por la intervención estadounidense y por el cambio político registrado en Caracas durante este año. El encuentro será seguido de cerca por los gobiernos latinoamericanos debido a sus posibles implicaciones regionales.
Mientras tanto, el secretario general de la ONU, António Guterres, pronunciará uno de sus últimos grandes discursos ante la Asamblea General antes de concluir su segundo mandato en diciembre. La guerra en Oriente Medio y Ucrania estarán entre los asuntos centrales de su intervención, junto con otros desafíos globales como la inteligencia artificial y el cambio climático.
La inteligencia artificial ha ganado un espacio importante en la agenda de Naciones Unidas. Guterres ha llamado a una mayor coordinación internacional para enfrentar los riesgos asociados con el desarrollo acelerado de esta tecnología, mientras diferentes gobiernos discuten cómo establecer reglas comunes sin frenar la innovación.
La Asamblea General se convierte así en un escenario donde convergen varios conflictos que hasta hace poco se analizaban por separado. Irán, Ucrania, Yemen, Venezuela, Groenlandia, energía e inteligencia artificial forman parte de una misma discusión más amplia sobre el equilibrio internacional y la capacidad de los gobiernos para coordinar respuestas ante problemas que cruzan fronteras.
Para Trump, el discurso ofrecerá la oportunidad de defender ante el resto de los países su visión de la política exterior estadounidense y explicar sus acciones militares y diplomáticas. Para sus interlocutores, en cambio, será también un momento para plantear demandas, cuestionar decisiones y buscar canales de negociación.
La semana de alto nivel apenas comienza y todavía no está claro qué acuerdos concretos surgirán de los encuentros. Lo que sí resulta evidente es que la Asamblea General de 2026 se desarrolla bajo una presión diplomática considerable, con dos guerras activas, mercados energéticos sensibles y una discusión abierta sobre el papel que debe desempeñar Naciones Unidas en un sistema internacional cada vez más fragmentado.

