El presidente estadounidense Donald Trump reafirmó ante su homólogo surcoreano Lee Jae Myung su disposición a retomar el diálogo con Corea del Norte, mientras ambos dejaron fuera de su encuentro el controvertido papel de Seúl en la seguridad del estrecho de Ormuz.
La diplomacia en la península coreana volvió a ocupar un espacio relevante durante la Asamblea General de Naciones Unidas. Donald Trump y el presidente surcoreano Lee Jae Myung mantuvieron el martes 22 de septiembre una reunión de aproximadamente 30 minutos en Nueva York, en la que abordaron asuntos militares, económicos y estratégicos, pero reservaron un capítulo particular para la posibilidad de reactivar el contacto con Corea del Norte.
Según informó la agencia surcoreana Yonhap, el asesor de Seguridad Nacional de Seúl, Wi Sung-lac, afirmó que Trump reiteró su disposición a dialogar con Pyongyang. Los dos mandatarios acordaron mantener una comunicación estrecha para crear condiciones que permitan reanudar las conversaciones y avanzar hacia una paz sostenible en la península.
El planteamiento coincide con la posición que Lee ha defendido durante los últimos meses. En declaraciones a Associated Press antes de su intervención ante la ONU, el mandatario surcoreano planteó una aproximación gradual al problema nuclear norcoreano, basada inicialmente en detener el desarrollo de nuevas capacidades y avanzar posteriormente hacia medidas de desmantelamiento acompañadas de incentivos políticos y económicos.
La situación, sin embargo, dista de ser sencilla. Corea del Norte no ha confirmado los contactos que Trump asegura haber mantenido con Kim Jong-un y ha respondido con cautela a algunos gestos procedentes de Washington y Seúl. La reducción de determinados ejercicios militares conjuntos entre Estados Unidos y Corea del Sur tampoco ha producido hasta ahora una reanudación pública de las negociaciones.
Trump ha expresado en distintas ocasiones su intención de volver a reunirse con Kim. Durante el encuentro con Lee, según la versión proporcionada por funcionarios surcoreanos, el presidente estadounidense afirmó que mantiene una “buena relación” con el dirigente norcoreano. No obstante, no se anunció una fecha concreta para una nueva cumbre ni se informó de un canal formal de negociación abierto entre Washington y Pyongyang.
Lee, por su parte, busca que la diplomacia estadounidense contribuya a reducir las tensiones en la península. En declaraciones recogidas por Associated Press, defendió una estrategia escalonada que tenga en cuenta el actual desarrollo del programa nuclear de Corea del Norte. El objetivo declarado por Seúl es combinar la alianza militar con Washington con iniciativas capaces de generar condiciones para el diálogo.
Mientras tanto, el estrecho de Ormuz quedó fuera de la conversación entre Trump y Lee. Un funcionario presidencial surcoreano citado por Yonhap confirmó que el asunto no fue tratado durante la reunión. La omisión resulta relevante porque Washington ha presionado a sus aliados para contribuir a garantizar la navegación por esa estratégica ruta marítima, afectada por la guerra con Irán.
Seúl ya había expresado una posición más matizada. Lee descartó la semana pasada enviar fuerzas para participar directamente en el conflicto de Oriente Medio, aunque dejó abierta la posibilidad de ampliar las operaciones de la unidad naval Cheonghae, desplegada en el golfo de Adén, dentro de tareas relacionadas con la seguridad marítima.
Unos días antes de la cumbre presidencial, el canciller surcoreano Cho Hyun y el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio habían abordado precisamente la situación del estrecho. De acuerdo con Reuters, Seúl reafirmó su disposición a realizar una contribución para ayudar a recuperar la libertad de navegación, aunque todavía no se había definido públicamente qué forma concreta tendría esa participación.
La reunión también estuvo marcada por los intereses económicos. Trump y Lee celebraron avances en los proyectos de inversión estratégica acordados entre ambos países. Reuters informó que Seúl seleccionó una planta eléctrica de gas en Texas como primer proyecto dentro de un paquete de inversión estadounidense valorado en 350.000 millones de dólares.
Además, los mandatarios trataron asuntos de defensa, entre ellos la cooperación naval, la transferencia del control operativo de las fuerzas surcoreanas en tiempos de guerra y las aspiraciones de Seúl de avanzar hacia submarinos de propulsión nuclear. Yonhap señaló que ambos gobiernos acordaron continuar las consultas en Washington.
La verdad es que la reunión dejó dos mensajes paralelos. Por un lado, Washington y Seúl mantienen abierta la posibilidad de recuperar la diplomacia con Pyongyang. Por otro, continúan negociando cuestiones militares y económicas mientras enfrentan presiones externas, especialmente por el conflicto en Oriente Medio. El siguiente paso dependerá de si las declaraciones sobre diálogo logran transformarse en contactos concretos con Corea del Norte.

