Un grupo de exinternacionales encabezado por figuras francesas pidió cambios profundos en la FIFA y reclamó que jugadores y aficionados tengan una participación real en las decisiones del organismo, en medio de una creciente crisis de confianza alrededor de Gianni Infantino.

La presión sobre Gianni Infantino aumentó un poco más. Un grupo de exfutbolistas internacionales, encabezado por los franceses Mikaël Silvestre, Emmanuel Petit y Olivier Dacourt, pidió públicamente un cambio en la FIFA y cuestionó la manera en que se toman las decisiones dentro del organismo rector del fútbol mundial.

El mensaje, difundido este lunes en redes sociales, no menciona directamente a Infantino, pero la referencia al actual liderazgo de la FIFA resulta evidente. Los exjugadores consideran que el poder ha terminado por alejar a la dirección de la organización de los intereses del fútbol y de quienes participan o siguen el deporte.

“El cambio es necesario”, sostuvieron los exinternacionales en el comunicado. La declaración también acusa a la dirigencia de haber tomado decisiones importantes durante demasiado tiempo sin consultar suficientemente a los futbolistas ni a los aficionados.

La iniciativa fue impulsada por Silvestre, antiguo defensa del Manchester United y miembro de un panel de exjugadores de la FIFA dedicado a combatir el racismo. El documento fue redactado en tres idiomas con la intención de ampliar su alcance y rápidamente recibió el respaldo de otras figuras del fútbol, entre ellas la inglesa Lucy Bronze.

El reclamo aparece en uno de los momentos más complicados de la presidencia de Infantino. La FIFA abandonó a finales de julio su proyecto FIFA Forward Enterprise, una iniciativa que pretendía crear una estructura comercial para gestionar los derechos de sus principales competiciones y permitir la entrada de inversión privada.

La propuesta contemplaba vender una participación del 20 por ciento de esa nueva entidad. FIFA había defendido el proyecto como una vía para aumentar los ingresos destinados al desarrollo del fútbol, pero provocó una fuerte oposición entre distintas confederaciones y federaciones nacionales.

La UEFA, la AFC y la Concacaf cuestionaron la iniciativa y reclamaron explicaciones sobre la manera en que había sido concebida. La presión terminó llevando a la FIFA a retirar el proyecto. La propia organización reconoció que la propuesta había generado divisiones que impedían alcanzar el objetivo inicial de fortalecer el fútbol mundial.

La polémica dejó una consecuencia que ahora pesa sobre Infantino: una pérdida de confianza entre varios de los principales actores del fútbol internacional. La Asociación Danesa de Fútbol, por ejemplo, anunció que ya no respalda al presidente de la FIFA y reclamó la búsqueda de una alternativa para las elecciones de 2027.

Las seis asociaciones nórdicas —Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca, Islandia y las Islas Feroe— también expresaron públicamente que habían perdido la confianza en Infantino. Entre sus principales preocupaciones se encuentra precisamente la propuesta de inversión privada y la necesidad de reforzar la transparencia, los contrapesos y la rendición de cuentas dentro de la FIFA.

El conflicto, sin embargo, no tiene un solo bando. El presidente de la Federación Camerunesa de Fútbol, Samuel Eto’o, salió en defensa de Infantino y consideró que parte de las críticas están relacionadas con la proximidad de las elecciones presidenciales de la FIFA. Eto’o sostiene que el actual presidente ha ampliado las oportunidades de desarrollo para federaciones de países con menos recursos.

Ese respaldo muestra que la disputa está lejos de resolverse. Infantino mantiene apoyos importantes en distintas regiones y continúa decidido a buscar un nuevo mandato. Las elecciones están previstas para el 18 de marzo de 2027 en Rabat, Marruecos.

Mientras tanto, los exfutbolistas han colocado sobre la mesa una discusión que va más allá del nombre de Infantino. Su principal demanda es que jugadores y aficionados tengan una voz directa en la gestión del fútbol. En otras palabras, que quienes disputan los partidos y quienes sostienen económicamente el espectáculo mediante su seguimiento, asistencia y consumo tengan mayor capacidad para influir en las decisiones.

La petición coincide con reclamos recientes de organizaciones de aficionados. Una coalición internacional de grupos de seguidores ya había pedido una reforma profunda de la FIFA y mayores garantías de transparencia en la administración del fútbol mundial.

El debate resulta especialmente relevante porque las decisiones de la FIFA afectan mucho más que la organización de una Copa del Mundo. El calendario internacional, los formatos de las competiciones, la distribución de ingresos, las condiciones laborales de los jugadores y el desarrollo de las federaciones nacionales forman parte de un sistema en el que las decisiones administrativas terminan teniendo consecuencias directas sobre el terreno de juego.

Por eso el reclamo de los exjugadores toca un punto sensible. El fútbol moderno genera cantidades enormes de dinero, pero quienes participan directamente en el espectáculo siguen teniendo una influencia limitada sobre algunas decisiones estratégicas. La pregunta que ahora vuelve a aparecer es sencilla, aunque difícil de resolver: ¿quién debe tener la última palabra sobre el futuro del deporte?

La crisis alrededor de Infantino ha convertido esa pregunta en una discusión política dentro del fútbol internacional. La cancelación del proyecto de inversión privada fue el detonante, pero la inconformidad acumulada apunta a algo más profundo: la exigencia de una FIFA más transparente, con mayores controles y una participación más amplia de sus principales protagonistas.

Por ahora, el presidente mantiene su intención de continuar al frente del organismo. Pero la lista de federaciones que cuestionan su gestión ha crecido y ahora también se suma un grupo de exinternacionales de gran reconocimiento. La presión, además, ya no proviene únicamente de dirigentes: comienza a llegar desde quienes alguna vez estuvieron en el campo.

El mensaje de Silvestre, Petit, Dacourt, Bronze y los demás exfutbolistas no constituye por sí mismo una amenaza inmediata para la permanencia de Infantino. Sí representa, en cambio, un nuevo síntoma de la fractura que atraviesa la gobernanza del fútbol mundial. Y cuando antiguos campeones deciden dejar de guardar silencio, la FIFA difícilmente puede tratar el problema como una simple diferencia entre dirigentes.