António Costa reclamó ante la Asamblea General de la ONU una arquitectura internacional para regular la inteligencia artificial y advirtió que las grandes empresas tecnológicas no deben concentrar por sí solas la capacidad de establecer las reglas de una tecnología con efectos cada vez mayores sobre la sociedad.
La regulación de la inteligencia artificial volvió a ocupar un lugar central en el debate internacional. António Costa, presidente del Consejo Europeo, pidió este jueves ante la Asamblea General de Naciones Unidas que los Estados y la propia ONU tengan un papel determinante en la definición de las reglas que deberán seguir las empresas que desarrollan esta tecnología.
En su discurso, pronunciado en nombre de la Unión Europea durante el 81.º periodo de sesiones de la Asamblea General, Costa defendió una arquitectura de gobernanza que sea responsable, transparente y regulada. El dirigente europeo sostuvo que la IA debe permanecer al servicio de las personas y que su desarrollo debe avanzar con criterios de seguridad y protección.
La posición europea coincide con una preocupación que Naciones Unidas ha colocado entre los grandes desafíos internacionales. El secretario general António Guterres señaló al inicio de la Asamblea General que la inteligencia artificial constituye uno de los cuatro grandes retos globales, junto con los conflictos armados, la desigualdad y el cambio climático.
Guterres ha reclamado además una cooperación internacional vinculante para gobernar la IA y ha advertido que determinadas decisiones con consecuencias sobre la vida de las personas no deberían quedar exclusivamente en manos de sistemas automatizados. La coincidencia entre ambos discursos refleja que la discusión ya no gira únicamente alrededor de la innovación tecnológica, sino también sobre quién establece sus límites.
Costa pidió que las Naciones Unidas desempeñen un papel central en la creación de normas internacionales mediante tres instrumentos: el Pacto Digital Global, el Panel Científico Internacional Independiente sobre IA y el Diálogo Mundial sobre la Gobernanza de la Inteligencia Artificial.
El Pacto Digital Global fue aprobado por los Estados miembros de la ONU en 2024 como parte del Pacto para el Futuro y establece compromisos sobre cooperación digital, inclusión, derechos humanos y gobernanza tecnológica. El objetivo es crear una base común en un ámbito en el que las normas nacionales avanzan a velocidades diferentes.
El planteamiento europeo no significa que las empresas queden fuera de la conversación. Por el contrario, el sector privado es uno de los principales actores en el desarrollo de modelos de IA, infraestructura informática y aplicaciones comerciales. La cuestión planteada por Costa es quién debe establecer las reglas generales y garantizar que los intereses públicos tengan un peso suficiente frente a las decisiones de unas cuantas compañías globales.
El presidente del Consejo Europeo ya había defendido esta perspectiva durante la semana de alto nivel de la ONU. En un encuentro previo sobre multilateralismo señaló que los nuevos desarrollos tecnológicos, incluida la inteligencia artificial, plantean desafíos que ningún país puede resolver de manera aislada y requieren mecanismos de cooperación internacional.
La Unión Europea llega a este debate con experiencia propia en regulación tecnológica. La Ley de Inteligencia Artificial de la UE entró en vigor en 2024 y establece un sistema basado en distintos niveles de riesgo para determinadas aplicaciones de IA. Las obligaciones se han ido aplicando de forma gradual y el régimen contempla requisitos específicos para sistemas considerados de mayor riesgo.
Ese modelo europeo se encuentra ahora en un escenario internacional mucho más amplio. Estados Unidos, China y otras potencias tecnológicas han desarrollado sus propios marcos y estrategias, mientras organismos internacionales buscan establecer principios comunes. La dificultad está en encontrar reglas que protejan derechos y seguridad sin impedir el desarrollo de tecnologías que también pueden generar beneficios económicos, científicos y sociales.
Pero el discurso de Costa fue mucho más amplio que la inteligencia artificial. El dirigente portugués aprovechó su intervención para defender el multilateralismo y la continuidad de Naciones Unidas como centro del sistema internacional, pese a las tensiones geopolíticas, las restricciones financieras y las deficiencias institucionales que enfrenta la organización.
En ese contexto, defendió una reforma integral del Consejo de Seguridad para hacerlo, según la posición europea, más eficaz, inclusivo, democrático y responsable. También respaldó las funciones de la Corte Internacional de Justicia y de la Corte Penal Internacional y rechazó las presiones contra esta última.
Costa también se refirió a la guerra en Ucrania. Acusó a Rusia de haber amenazado durante el último año la seguridad de Estados miembros de la Unión Europea y pidió que la comunidad internacional utilice los instrumentos disponibles para poner fin al conflicto y crear condiciones para negociaciones orientadas a una paz duradera.
Sobre Gaza y el conflicto palestino, el presidente del Consejo Europeo expresó preocupación por el estancamiento de los esfuerzos para terminar las hostilidades y volvió a defender la solución de dos Estados. Sus declaraciones se producen mientras la ONU mantiene la crisis humanitaria y la búsqueda de una salida política entre los principales asuntos de su agenda internacional.
También abordó la situación entre Estados Unidos e Irán y pidió respetar plenamente el alto el fuego, además de preservar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz. El Consejo Europeo ha señalado igualmente la importancia de mantener abierta esa ruta marítima estratégica para la estabilidad regional y el comercio internacional.
Otro de los proyectos destacados por Costa fue la iniciativa Socios por el Multilateralismo, impulsada esta semana por la Unión Europea junto con Australia, Barbados, Brasil, Canadá, India y Kenia. La plataforma pretende reunir a países dispuestos a defender principios comunes y buscar soluciones prácticas ante desafíos que trascienden las fronteras nacionales.
La inteligencia artificial ocupa un lugar explícito dentro de esa agenda. Los países participantes han señalado la transformación digital y la IA como ámbitos que requieren mayor coordinación internacional, junto con las cadenas de suministro, el cambio climático, la salud y la arquitectura financiera mundial.
La discusión, por tanto, comienza a adquirir una forma más concreta. Ya no se trata solamente de decidir si la inteligencia artificial debe regularse, sino de definir qué instituciones establecerán las reglas, cómo se supervisará su cumplimiento y qué mecanismos permitirán que países con modelos políticos y económicos distintos participen en esa gobernanza.
La verdad es que la tecnología avanza mucho más rápido que la elaboración de acuerdos internacionales. Ese desfase explica buena parte de la preocupación expresada esta semana en Naciones Unidas. Para Costa y para la ONU, la respuesta pasa por construir reglas antes de que la expansión de la IA haga todavía más difícil alcanzar consensos.
El debate apenas comienza, pero la posición europea ya está definida: la inteligencia artificial debe desarrollarse dentro de un marco internacional que coloque la seguridad, los derechos y la supervisión pública junto a la innovación. La siguiente etapa será convertir esos principios en normas capaces de aplicarse más allá de las fronteras.

