Arzobispo Warda: Los cristianos de Irak necesitan empleo para lograr una estabilidad duradera

Para los cristianos de Irak, permanecer en su tierra histórica depende cada vez más no sólo de la seguridad, sino también de que las nuevas generaciones puedan encontrar un trabajo satisfactorio y construir una vida estable, según el Arzobispo caldeo de Erbil, Mons. Bashar Warda.

En una entrevista con ACI MENA —agencia en árabe de EWTN News—, Mons. Warda afirmó que la educación, la formación profesional y el empleo estable se han vuelto esenciales para fortalecer a las comunidades cristianas, en un momento en que las presiones económicas siguen afectando gravemente a los jóvenes iraquíes.

El desafío es especialmente importante para los cristianos porque su número ha disminuido considerablemente en las últimas décadas, lo que ha dejado a comunidades más pequeñas y vulnerables a las presiones económicas.

Durante la entrevista, realizada en la Universidad Católica de Erbil, Warda señaló que la estructura de la economía iraquí forma parte del problema. El gasto público y el empleo estatal siguen teniendo un peso desproporcionado, mientras que el sector privado todavía no genera suficientes puestos de trabajo estables para atender las necesidades de una fuerza laboral joven y en crecimiento.

Una difícil transición de la educación al empleo

Los datos del Banco Mundial indican que la tasa de desempleo del país se sitúa en el 15,5 %, mientras que la participación en la fuerza laboral ronda el 38 %.

La demografía añade otra dificultad: los iraquíes de entre 15 y 29 años representan aproximadamente el 29 % de la población, lo que mantiene la presión sobre el mercado laboral.

La fuerte dependencia del petróleo también afecta la capacidad del país para generar empleo. En 2025, el petróleo representó aproximadamente el 88 % de los ingresos del Gobierno y el 91 % de las exportaciones de bienes, lo que deja a la economía expuesta a las fluctuaciones de los precios y los ingresos energéticos.

En este contexto, Mons. Warda dijo que preparar a los jóvenes para el empleo exige más que ayudarlos a obtener títulos universitarios. La educación, señaló, también debe proporcionar las habilidades prácticas y profesionales necesarias en un mercado laboral cada vez más competitivo, particularmente cuando las oportunidades de empleo público son más limitadas.

Como ejemplo tanto de las presiones que enfrentan los jóvenes iraquíes como de su determinación por forjarse un futuro mediante el trabajo, mencionó a los universitarios que tienen empleos nocturnos para financiar sus estudios.

Para Mons. Warda, su experiencia también demuestra que los jóvenes están dispuestos a asumir responsabilidades cuando cuentan con oportunidades reales.

Más allá de la ayuda de emergencia

Mons. Warda elogió el apoyo que la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) brinda mediante becas, pero afirmó que el desafío no termina cuando los estudiantes se gradúan.

Ayudar a los jóvenes cristianos a pasar de los estudios al empleo, señaló, debe convertirse en una mayor prioridad para la Iglesia y otras instituciones que buscan sostener la presencia cristiana en Irak.

Esto exige un cambio más amplio de enfoque: pasar de responder principalmente a las necesidades inmediatas a crear las condiciones para que las familias y los jóvenes puedan alcanzar la independencia económica.

Mons. Warda pidió una mayor inversión en las personas, la formación profesional, el empleo y los proyectos capaces de fortalecer al sector privado y ofrecer a los jóvenes iraquíes alternativas viables a la dependencia de los puestos de trabajo estatales.

La Arquidiócesis caldea de Erbil ha procurado seguir ese modelo mediante una red de instituciones educativas, académicas, sanitarias, de comunicación y humanitarias.

Creando oportunidades a través de las instituciones de la Iglesia

Mons. Warda dijo que las instituciones vinculadas a la arquidiócesis emplean actualmente a unas 950 personas de distintas comunidades y procedencias, sin discriminación. Sin embargo, planteó la inquietud de si esa cifra es suficiente frente a la magnitud de los desafíos económicos que afronta la sociedad iraquí y, en particular, sus comunidades cristianas.

Para el prelado, ampliar el empleo estable exigirá alianzas e inversiones que van más allá de lo que las instituciones de la Iglesia pueden lograr por sí solas.

Sostuvo, por tanto, que la respuesta de la Iglesia debe fundarse no sólo en la ayuda caritativa, sino también en la justicia, la dignidad humana y el empoderamiento de las personas.

El objetivo último de la ayuda, aseguró, debe ser brindar a las personas las habilidades y oportunidades necesarias para mantenerse a sí mismas y a sus familias, en lugar de permitir que la asistencia a corto plazo se convierta en una fuente de dependencia permanente.

Para los cristianos de Irak, este enfoque sitúa las oportunidades económicas, junto con la educación, como parte importante del esfuerzo por preservar una presencia cristiana viva en el país, en la que los jóvenes puedan imaginar un futuro para ellos y sus familias en su propia tierra.

ACI PRENSA