Dolly Parton murió a los 80 años en Nashville, dejando una trayectoria de casi seis décadas marcada por canciones inolvidables, éxitos en el cine, negocios y una filantropía que convirtió su historia personal de pobreza en una poderosa herramienta para ayudar a millones de personas.
La noticia del fallecimiento de Dolly Parton sacudió este martes al mundo de la música y la cultura estadounidense. La cantante, compositora, actriz y empresaria murió en Nashville, Tennessee, a los 80 años, de acuerdo con un comunicado de su familia. Associated Press confirmó que murió en paz, mientras que representantes de la artista señalaron posteriormente que enfrentó una breve batalla contra el cáncer.
Con su partida desaparece una de las figuras más reconocibles de la música popular estadounidense. Parton consiguió algo que pocas estrellas alcanzan: trascender las fronteras de un género musical y convertirse en un personaje querido por distintas generaciones, incluso entre públicos que no necesariamente seguían la música country.
Su historia parecía escrita para convertirse en leyenda. Nació el 19 de enero de 1946 en Tennessee y creció en una familia de 12 hermanos marcada por las carencias económicas. La música, sin embargo, estuvo presente desde sus primeros años. Aprendió a tocar la guitarra siendo niña y comenzó a escribir canciones mucho antes de convertirse en una estrella.
Su llegada a Nashville abrió el camino. En 1967 comenzó a participar regularmente en el programa de televisión de Porter Wagoner, una relación profesional que resultaría decisiva para su carrera. Años después, Parton decidió separarse artísticamente de Wagoner y convirtió aquella ruptura en una de las historias más famosas de la música estadounidense.
Fue entonces cuando escribió I Will Always Love You, una canción que inicialmente funcionó como despedida profesional y que terminaría transformándose en un clásico mundial. La versión de Whitney Houston para la película The Bodyguard llevó la composición a una dimensión todavía mayor y consolidó a Parton no solamente como intérprete, sino como una de las grandes autoras de la música popular.
Pero su catálogo no terminó ahí. Jolene, Coat of Many Colors y 9 to 5 forman parte de una obra que convirtió experiencias personales, relaciones humanas y escenas de la vida cotidiana en canciones capaces de conectar con millones de personas.
Reuters destacó que Parton vendió más de 100 millones de discos y obtuvo 11 premios Grammy, además de ingresar en el Salón de la Fama de los Compositores y en el Salón de la Fama del Rock and Roll. Su trayectoria, además, no se limitó a la música: también construyó una importante carrera cinematográfica.
Su debut en la pantalla grande llegó en 1980 con 9 to 5, junto a Jane Fonda y Lily Tomlin. Más tarde participó en películas como The Best Little Whorehouse in Texas y Steel Magnolias, con lo que amplió todavía más una popularidad que ya había dejado de pertenecer exclusivamente al mundo country.
La propia Parton entendió pronto que su nombre podía convertirse también en una plataforma empresarial. En 1986 adquirió un parque de atracciones en Tennessee y lo transformó en Dollywood, uno de los grandes símbolos turísticos de su estado natal.
Sin embargo, quizá la parte más perdurable de su legado se encuentre fuera de los escenarios. Parton convirtió su éxito en una extensa labor filantrópica. A través de la Imagination Library impulsó la distribución gratuita de libros para niños y convirtió la promoción de la lectura en una de sus principales causas.
La organización ha ampliado su alcance durante décadas y se convirtió en uno de los programas de alfabetización infantil más conocidos de Estados Unidos. La iniciativa tenía, además, una motivación profundamente personal: el padre de Parton no sabía leer, una circunstancia que ella consideraba una de las grandes frustraciones de su vida.
Su compromiso social también alcanzó la investigación médica. Durante la pandemia de covid-19, Parton donó un millón de dólares a la Universidad Vanderbilt para apoyar la investigación sobre el coronavirus. La contribución fue posteriormente relacionada con el financiamiento temprano de investigaciones que ayudaron al desarrollo de la vacuna de Moderna.
La dimensión humana de Parton también explica por qué su figura consiguió mantenerse vigente durante tantas décadas. Su imagen exuberante, sus enormes peinados y su sentido del humor eran parte inseparable de su personaje público, pero detrás de esa apariencia había una empresaria cuidadosa con sus derechos, una compositora celosa de su obra y una mujer que supo convertir sus propias experiencias en una marca cultural extraordinariamente poderosa.
Su vida personal estuvo marcada durante décadas por Carl Dean, con quien estuvo casada desde 1966 hasta la muerte de él en marzo de 2025. La pareja mantuvo una relación lejos de los reflectores, algo poco habitual en una industria acostumbrada a convertir la vida privada de sus estrellas en espectáculo.
La muerte de Parton provocó rápidamente reacciones de figuras de la música, el cine y la cultura estadounidense. Associated Press documentó los homenajes de artistas como Jane Fonda, Paul McCartney, Dionne Warwick, Reba McEntire y Vince Gill, entre muchos otros, que destacaron tanto su talento como su generosidad.
Y es que la despedida de Dolly Parton no corresponde solamente a una cantante de country. Se va una compositora que convirtió una infancia marcada por la pobreza en canciones universales; una actriz que llevó su personalidad a Hollywood; una empresaria que construyó un imperio alrededor de su nombre y, sobre todo, una filántropa que utilizó su éxito para abrir oportunidades a otros.
Su historia comenzó en una pequeña comunidad de Tennessee y terminó convertida en parte de la cultura estadounidense. Tal vez ahí se encuentre la dimensión más profunda de su legado: Dolly Parton logró ser una superestrella sin dejar de parecer, para millones de personas, aquella niña que aprendió a tocar la guitarra y a contar historias con canciones.


