La parroquia de La Torre en Valencia (España) ha sido dedicada de nuevo tras la reconstrucción del templo, afectado por la DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) hace dos años, en un proceso en el que “de la cruz se va a luz”.

El 29 de octubre de 2024, una riada provocó la muerte de 233 personas en el este de España, en especial en la provincia de Valencia. Más de 65.000 viviendas, 120.000 vehículos y 12.000 comercios resultaron afectados de gravedad.

La misma suerte corrieron muchas parroquias y, sólo durante el primer año después de la tragedia, Cáritas Diocesana ofreció ayudas por más de 27 millones de euros.

Una de las parroquias afectadas fue la de Nuestra Señora de Gracia, que el sábado 26 de septiembre fue reinaugurada y dedicada por el Arzobispo de Valencia, Mons. Enrique Benavent.

Su párroco, Salvador Pastor, explica a ACI Prensa que, situada en el barrio periférico de La Torre, el último al sur de la ciudad, fue edificada en 1942 para atender a la población rural de la huerta valenciana. Años después, llegaron al lugar muchas personas procedentes del mundo rural desde otras provincias. Más recientemente, cuentan con personas llegadas desde lugares más lejanos, de Hispanoamérica, África o Asia, bien por motivos económicos o huyendo de la persecución religiosa contra los católicos en sus países de origen.

“Uno de los platos fuertes de esta casa es Cáritas Parroquial”, defiende el presbítero, quien detalla que atienden a más de 300 familias, con reparto de ayudas cuatro días a la semana. También desarrollan un proyecto dedicado a la infancia que incluye, además del apoyo durante todo el año, un campamento de una semana muy valorado porque para muchos “son sus únicas vacaciones” fuera del barrio.

Hace ya algunos años, la parroquia “se puso en la dinámica de la transformación de una parroquia ‘de mantenimiento’ a una de evangelización”, incorporando algunos retiros de primer anuncio: “Se ha ido formando una única comunidad en la que hay un gran enriquecimiento mutuo y, sobre todo, un gran apoyo para lo que existe la parroquia que es para evangelizar”.

Un “tiempo privilegiado” empezó tras la DANA

Esa misma dinámica se ha visto acrecentada tras las inundaciones. “Ha habido un tiempo privilegiado para esto y fue cuando llegó la DANA, porque se evidenció de una forma muy clara la conciencia de pertenencia, sobre todo para la atención a los damnificados. Nadie se quedó insensible”.

Para el párroco, los primeros tres meses tras la riada, en medio del caos y el dolor, “fueron una bendición”, en un sentido muy claro: “Nosotros somos los del kerigma, los que creemos que de la cruz se va a luz”.

Así, de una situación “que era tan cruz, tanta muerte y destrucción”, brotó en muchos una nueva conciencia, de tal forma que muchos de los feligreses “dieron pasos adelante” en su vida de fe y parroquial que tuvo su expresión durante la dedicación del templo tras su reconstrucción: “Una comunidad muy contenta y muy alegre de lo que el Señor ha hecho con nosotros. Estamos muy agradecidos de que, de un mal, el Señor haya sacado este bien de mayor comunión y corresponsabilidad en la misión”.

Madre de los desamparados, “hoy te puedes lucir”

La parroquia de Nuestra Señora de Gracia tiene una vertiente espiritual muy mariana, pues hay “un cariño, una devoción especial a la Virgen en esta casa”. No en vano, a lo largo de este proceso, el P. Salvador considera que la gracia recibida más importante de parte de la Madre de Dios ha sido que “ha sostenido nuestra esperanza”.

“Dice la Escritura: ‘Espera en Dios y volverás a alabarlo’. Pero tienes que esperar y la Virgen ha mantenido nuestra confianza en Dios”, a pesar de que “había motivos para la desolación. Fue la estrella que brilla en la oscuridad”, expone el párroco, que admite su emoción al hablar de ello.

Lo de la desolación se concretó muy pronto. La parroquia, apenas se pudo limpiar el suelo de barro, abrió dos días después de la riada para ayudar. “Empezamos con lo que nos iba llegando, que era nada”, mientras decenas de personas rodeaban la cuadra que ocupa la parroquia, “cada uno con su necesidad”.

El P. Salvador se volvió decidido a la Virgen: “Madre, de ti decimos que eres madre de los desamparados, de los pobres, que eres consuelo de los afligidos. Hoy lo tienes muy fácil, hoy te puedes lucir”.

A los diez minutos, recuerda, “empezaron a llegar tráilers con comida, ropa, medicamentos, con todo. Cada uno llevaba una advocación de la Virgen en España. Primero la Virgen del Rocío. Después llegó la Almudena. Luego Nuestra Señora de Begoña. Yo no me lo podía creer”.

El P. Salvador volvió ante la imagen de la Virgen: “Ya está. Lo has demostrado. Eres nuestra Madre”, musitó antes de volver a atender a los damnificados.

“Una parroquia es como un pontificado”

Tras la reapertura del templo, estaba previsto que del 2 al 4 de octubre la imagen peregrina de la Virgen de los Desamparados, patrona de la Archidiócesis, llegara por primera vez al barrio de La Torre.

Sin embargo, la previsión de lluvias ha llevado a retrasar ese esperado encuentro a finales de noviembre, que el párroco espera que se convierta “en un festival muy grande, con una alegría grandísima”.

Mientras esto se hacer realidad, la comunidad parroquial, fortalecida en medio del dolor, ya piensa en reanudar proyectos de evangelización que quedaron aplazados por las aguas torrenciales y que sumarán una nueva esperanza a esta comunidad.

Al fin y al cabo, añade, “una parroquia es como un pontificado. Jamás es empezar de cero. Siempre es una cadena a la que se suma un eslabón nuevo”, en medio de las circunstancias, mejores o peores a ojos humanos, que Dios permite.

ACI PRENSA