La enfermedad cardíaca no siempre se presenta de la manera que espera la medicina convencional. En muchas mujeres, la isquemia puede coexistir con arterias coronarias sin obstrucciones significativas, mientras el problema se encuentra en vasos mucho más pequeños. La tomografía por emisión de positrones permite estudiar ese territorio invisible para algunas pruebas convencionales y aporta información cuantitativa sobre el flujo sanguíneo del corazón.
Durante décadas, la enfermedad coronaria se ha asociado principalmente con la presencia de placas capaces de estrechar las grandes arterias que llevan sangre al músculo cardíaco. Sin embargo, esa explicación resulta incompleta. Una persona puede presentar síntomas compatibles con isquemia, incluso alteraciones objetivas del flujo sanguíneo, sin que una angiografía convencional encuentre una obstrucción coronaria importante.
Esta situación se conoce como isquemia con arterias coronarias no obstructivas, o INOCA por sus siglas en inglés. Dentro de este escenario se encuentra la disfunción microvascular coronaria, una alteración que afecta la capacidad de los pequeños vasos que regulan el suministro de sangre al miocardio. Las guías europeas señalan que los trastornos funcionales relacionados con INOCA son más frecuentes en mujeres que en hombres. La evidencia acumulada ha obligado a prestar mayor atención a esta forma de enfermedad cardiovascular.
El problema también está relacionado con la manera en que se manifiestan los síntomas. Las mujeres que presentan dolor torácico pueden experimentar, además, falta de aire, náuseas, fatiga u otras molestias. Las guías estadounidenses recomiendan que la evaluación clínica considere estos síntomas acompañantes, precisamente porque existe riesgo de que una causa cardíaca sea subestimada.
Esto no significa que el electrocardiograma carezca de utilidad. El ECG continúa siendo una herramienta fundamental para valorar a una persona con sospecha de enfermedad cardíaca. Sin embargo, registra principalmente la actividad eléctrica del corazón y no mide directamente la capacidad de la microcirculación coronaria para incrementar el flujo sanguíneo. Por esa razón, un resultado que no muestre alteraciones relevantes no necesariamente descarta una alteración microvascular.
Aquí adquiere especial interés la tomografía por emisión de positrones, conocida como PET. Cuando se utiliza para estudiar la perfusión del miocardio durante reposo y bajo estrés farmacológico, puede cuantificar el flujo sanguíneo del músculo cardíaco. A partir de esas mediciones es posible calcular la reserva de flujo miocárdico, un indicador de cuánto puede aumentar el suministro de sangre cuando las arterias coronarias alcanzan una situación de máxima vasodilatación.
Las guías de la Sociedad Europea de Cardiología consideran la medición cuantitativa del flujo mediante PET una herramienta importante para valorar la función microvascular. La PET permite obtener mediciones del flujo miocárdico y de la reserva de flujo, parámetros que pueden aportar información sobre la capacidad de respuesta de la microcirculación.
Las recomendaciones estadounidenses también contemplan la PET de estrés con medición de la reserva de flujo miocárdico en pacientes que presentan síntomas persistentes, enfermedad coronaria no obstructiva y sospecha de disfunción microvascular. La utilidad no consiste simplemente en “ver” si existe una arteria tapada, sino en estudiar cómo funciona el sistema vascular que alimenta al corazón.
Este cambio de perspectiva resulta particularmente relevante para las mujeres. La investigación cardiovascular ha documentado diferencias relacionadas con el sexo en la fisiopatología, la presentación clínica y los mecanismos de la enfermedad isquémica. Un documento científico de la Sociedad Europea de Cardiología publicado en 2026 destaca precisamente la necesidad de considerar estas diferencias para mejorar el reconocimiento y la atención de la enfermedad cardíaca en mujeres.
La PET, sin embargo, no debe interpretarse como una prueba universal ni como sustituto automático de otras herramientas diagnósticas. Su disponibilidad es limitada en comparación con estudios más convencionales, implica exposición a radiación y su utilización debe determinarse de acuerdo con los síntomas, antecedentes, resultados de estudios previos y valoración médica individual.
La principal aportación de esta tecnología es, quizá, ampliar la pregunta clínica. Cuando una paciente presenta síntomas compatibles con isquemia pero las arterias coronarias no muestran una obstrucción significativa, el resultado no necesariamente significa que “no haya nada”. Puede ser necesario investigar cómo funciona la circulación que se encuentra más allá de las grandes arterias.
La enfermedad microvascular demuestra que el corazón puede sufrir por mecanismos que no siempre son evidentes en una primera exploración. Reconocer esta posibilidad, particularmente en mujeres con síntomas persistentes, permite avanzar hacia una cardiología más precisa: una que no se limite a buscar arterias obstruidas, sino que también examine la circulación, la fisiología y la forma concreta en que cada paciente manifiesta la enfermedad.

