El cifrado de extremo a extremo protege hoy buena parte de las comunicaciones digitales, pero una nueva generación de computadoras podría poner en riesgo algunos de los fundamentos matemáticos sobre los que descansa. La respuesta ya no pertenece únicamente al terreno de la investigación: los estándares de criptografía poscuántica están definidos y los primeros servicios de mensajería han comenzado a incorporarlos.

Durante años, buena parte de la seguridad de Internet se ha construido sobre una idea sencilla: determinados problemas matemáticos son tan difíciles de resolver con computadoras convencionales que resulta prácticamente inviable utilizarlos para descifrar una comunicación protegida. Algoritmos basados en factorización de números enteros y criptografía de curvas elípticas forman parte de esa arquitectura.

El escenario cambia cuando se introduce la computación cuántica. Una computadora cuántica suficientemente potente podría utilizar algoritmos como el de Shor para resolver problemas matemáticos que actualmente protegen mecanismos de clave pública. Esto no significa que las computadoras cuánticas actuales puedan descifrar de manera general las comunicaciones de Internet. Esa capacidad todavía no existe. El problema consiste en prepararse antes de que llegue.

La preocupación tiene incluso una dimensión temporal. Un atacante puede almacenar hoy grandes cantidades de información cifrada y conservarlas para intentar descifrarlas en el futuro cuando disponga de una tecnología suficientemente poderosa. Este escenario, conocido como harvest now, decrypt later, resulta especialmente relevante para información que mantiene su valor durante muchos años.

La criptografía poscuántica, o PQC, busca precisamente sustituir los mecanismos vulnerables por construcciones matemáticas que, según el conocimiento criptográfico actual, sean resistentes tanto frente a computadoras convencionales como frente a futuras computadoras cuánticas.

El cambio ya tiene estándares concretos. En agosto de 2024, el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos, NIST, aprobó tres estándares federales. El primero es FIPS 203, que define ML-KEM, un mecanismo de encapsulación de claves basado en estructuras matemáticas de retículas. Su función principal es permitir que dos participantes establezcan un secreto compartido a través de un canal público.

Los otros dos estándares tienen una función diferente. FIPS 204 establece ML-DSA, un sistema de firma digital también basado en retículas, mientras que FIPS 205 establece SLH-DSA, basado en funciones hash. Las firmas digitales no sirven principalmente para cifrar el contenido de un mensaje, sino para comprobar autenticidad e integridad y evitar que un tercero pueda hacerse pasar por el firmante o modificar la información sin ser detectado.

La elección de estas familias matemáticas es significativa. La estrategia no consiste en encontrar una única fórmula que sustituya todo el sistema criptográfico existente, sino en disponer de diferentes mecanismos con fundamentos matemáticos distintos. NIST continúa evaluando alternativas adicionales y en 2025 seleccionó HQC, basado en códigos, como otro algoritmo para estandarización de cifrado poscuántico.

En la mensajería privada, el proceso ya comenzó. Signal desarrolló PQXDH, un protocolo de establecimiento de claves que combina mecanismos clásicos con un mecanismo poscuántico para proteger el inicio de una conversación. Su objetivo incluye proporcionar protección frente al escenario de recopilar mensajes cifrados actualmente para intentar descifrarlos posteriormente.

La evolución continúa con ML-KEM. Signal ha documentado un protocolo denominado ML-KEM Braid, diseñado para generar una sucesión de secretos compartidos resistentes a ataques cuánticos y trasladar esas propiedades a protocolos de nivel superior, como los sistemas basados en Double Ratchet utilizados para proteger conversaciones.

El reto, sin embargo, no consiste simplemente en cambiar un algoritmo por otro. Las claves y los mensajes criptográficos poscuánticos pueden ser considerablemente más grandes que sus equivalentes tradicionales. Eso obliga a estudiar consumo de ancho de banda, almacenamiento, velocidad de procesamiento, duración de las baterías y funcionamiento en dispositivos con recursos limitados.

También existe un desafío de interoperabilidad. Los protocolos de mensajería deben permitir que millones de dispositivos, sistemas operativos y servidores trabajen conjuntamente mientras se produce una transición gradual. En paralelo, organismos como el Internet Engineering Task Force desarrollan especificaciones para incorporar algoritmos poscuánticos a protocolos de comunicación. En el ámbito de Messaging Layer Security, por ejemplo, ya existe trabajo específico para definir conjuntos criptográficos híbridos que incorporen ML-KEM.

Por eso la migración será necesariamente progresiva. Durante algún tiempo convivirán mecanismos clásicos y poscuánticos, mediante esquemas híbridos que buscan mantener la seguridad frente a las amenazas conocidas sin esperar a que desaparezca por completo la infraestructura criptográfica actual.

La paradoja es que la amenaza que impulsa esta transformación todavía pertenece al futuro. Pero la preparación tiene que comenzar en el presente porque sustituir una infraestructura criptográfica mundial no es una actualización que pueda realizarse de la noche a la mañana.

La criptografía poscuántica representa, en ese sentido, una nueva etapa de la seguridad digital. El objetivo no es hacer que la información sea inexpugnable para siempre, algo que ninguna tecnología puede garantizar, sino cambiar las herramientas matemáticas antes de que las capacidades de cómputo evolucionen hasta convertirlas en insuficientes.

Para los usuarios, el cambio probablemente será casi invisible. Una aplicación continuará mostrando una conversación, una videollamada o un archivo compartido. Detrás de esa aparente normalidad, sin embargo, estarán cambiando las matemáticas que hacen posible la privacidad. La próxima generación de cifrado no se prepara cuando aparezca la primera computadora cuántica capaz de romperlo: se prepara ahora, mientras todavía hay tiempo para migrar.