Lacoste mezcla tenis y estética urbana en su colección primavera verano 2027

Lacoste presentó en París su colección primavera-verano 2027, una propuesta que vuelve a conectar el legado tenístico de la firma con una estética urbana marcada por siluetas amplias, prendas deportivas y códigos contemporáneos.

Lacoste regresó este domingo a la pista Philippe-Chatrier de Roland-Garros para presentar su colección primavera-verano 2027, dentro del calendario de la Semana de la Moda de París. La propuesta de la directora creativa Pelagia Kolotouros exploró la relación entre el uniforme deportivo y la expresión individual que ha transformado la manera de vestir fuera de las canchas.

El escenario no fue un elemento menor. La pista central de Roland-Garros forma parte de la identidad histórica de Lacoste y en los últimos años se ha convertido también en uno de los espacios habituales para presentar las colecciones de la firma. La elección permite establecer un vínculo directo entre el origen tenístico de la marca y su evolución hacia un lenguaje de moda más amplio.

La colección parte de una idea concreta: el momento en que la indumentaria del tenis dejó de estar limitada a un código estrictamente deportivo para convertirse en una forma de expresar personalidad. A partir de ese concepto, Kolotouros combinó prendas tradicionalmente asociadas con el deporte con elementos propios del guardarropa urbano y de la sastrería.

El polo de piqué, uno de los símbolos de Lacoste, apareció en diferentes proporciones, incluido en versiones oversize. También se presentaron impermeables, trajes sastre de corte relajado, faldas semiplisadas, vestidos estampados, pantalones largos y prendas deportivas reinterpretadas para contextos menos formales.

Las superposiciones ocuparon un lugar importante. Entre las combinaciones destacaron los polos colocados sobre camisetas técnicas de manga larga, una fórmula que mezcla materiales deportivos con piezas clásicas y que refuerza la intención de llevar elementos del vestuario de tenis a un escenario cotidiano.

La colección también jugó con contrastes de volumen. Algunas prendas aparecen ajustadas al cuerpo, mientras otras adquieren proporciones más amplias. Esa combinación permite que el uniforme deportivo deje de funcionar como una referencia literal y se convierta en un recurso para construir diferentes siluetas.

La paleta cromática mantuvo una relación evidente con el universo de Lacoste y con el propio escenario del desfile. Los verdes, los tonos tierra y el color asociado con la arcilla de Roland-Garros convivieron con azul cobalto, amarillo y acabados plateados.

Los materiales siguieron la misma búsqueda de equilibrio entre tradición y funcionalidad. Algodones, lanas ligeras, tejidos de punto, sedas y materiales tecnológicos fueron utilizados para construir prendas pensadas para una temporada cálida. El resultado mantiene la comodidad característica del sportswear, pero la combina con elementos propios de la moda contemporánea.

Los accesorios ampliaron esa mezcla. El calzado deportivo apareció junto a zapatos de tacón con cordones, mientras que los colgantes metálicos y los bolsos de formas flexibles añadieron una dimensión más sofisticada a los conjuntos.

Uno de los bolsos presentados tomó como referencia el trabajo del fotógrafo Irving Penn, cuya obra relacionada con la moda es objeto de una exposición en París. El universo visual del fotógrafo también se trasladó a algunos de los motivos utilizados en las prendas.

La colección llega en una etapa en la que Lacoste continúa profundizando en la relación entre su patrimonio deportivo y una identidad de moda más amplia. La firma ha insistido durante las últimas temporadas en reinterpretar sus códigos históricos sin abandonar la asociación con el tenis que forma parte de su origen.

Ese proceso también se ha reflejado en colaboraciones recientes. La firma, por ejemplo, presentó junto a la casa británica Mackintosh una colección de doce piezas centrada en prendas impermeables y en la combinación de funcionalidad y elegancia. La colaboración fue revelada durante el desfile otoño-invierno 2026 celebrado en Roland-Garros.

La propuesta primavera-verano 2027 continúa esa búsqueda desde otra perspectiva. En lugar de separar la ropa deportiva de la vestimenta urbana, Lacoste las coloca en un mismo guardarropa y utiliza sus elementos históricos como punto de partida para construir nuevas combinaciones.

Con el desfile de París, la marca vuelve a presentar el tenis no solamente como una disciplina deportiva, sino como una fuente permanente de códigos estéticos. El polo, las prendas técnicas, las siluetas relajadas y los colores vinculados con las pistas aparecen así integrados en una colección que busca trasladar el espíritu de la cancha a la ciudad.