Cohetes reutilizables, empresas privadas, universidades y nuevos actores nacionales han abaratado el acceso a la órbita, y se prevé que la economía espacial mundial alcance el billón de dólares en 2030. “Un mayor acceso al espacio conlleva una mayor responsabilidad”, advierte Aarti Holla-Maini, directora de la UNOOSA, que reclama más cooperación internacional para gobernar un espacio cada vez más concurrido.
Durante décadas, enviar un objeto más allá de la atmósfera terrestre fue privilegio de un número limitado de grandes potencias espaciales. Hoy, la situación está cambiando rápidamente: cohetes reutilizables, reducción de los costes de lanzamiento, empresas privadas, startups, universidades y nuevos actores nacionales han transformando el sector.
La Semana Mundial del Espacio, que se celebra del 4 al 10 de octubre bajo el tema “La revolución de los cohetes”, pone el acento este año precisamente en ese cambio. Instituida por las Naciones Unidas en 1999, reúne cada año a estudiantes, científicos, docentes, profesionales y apasionados del espacio. Este año se organizan más de 50.000 eventos en más de 100 países.
Una nueva era para el acceso al espacio
“Ahora más países, instituciones y comunidades que nunca tienen la posibilidad de utilizar el espacio con fines científicos, para la observación de la Tierra, las comunicaciones y la búsqueda de soluciones a los desafíos que afrontamos aquí abajo”, subraya Aarti Holla-Maini, directora de la Oficina de Asuntos Espaciales de las Naciones Unidas (UNOOSA). “Esa es toda la revolución de los cohetes del mundo actual”, añade.
Esta democratización ofrece nuevas posibilidades a los países con capacidades espaciales limitadas. Los satélites son esenciales para las comunicaciones, la navegación, la previsión meteorológica, la vigilancia del medio ambiente y la gestión de catástrofes. También proporcionan datos útiles para el desarrollo sostenible.
El auge del sector espacial comercial abre nuevas perspectivas a empresas, investigadores y emprendedores. Se prevé que la economía espacial mundial alcance el billón de dólares para 2030. Pero el acceso al espacio no se resume en la capacidad de lanzar un cohete. También hay que disponer de los conocimientos, infraestructuras, competencias y posibilidades de investigación necesarios para participar en esta economía y contribuir a modelar su futuro.
Dar a todos los medios para participar
Ese es uno de los objetivos de la UNOOSA. Con su programa Access to Space for All, la Oficina ayuda a los países emergentes y a las instituciones de los países en desarrollo a acceder a tecnologías, instalaciones de investigación y formación. Otras iniciativas, como el Global Space Law Project, Space4Women y Space4Youth, refuerzan las competencias y los conocimientos necesarios para participar en el sector espacial.
A lo largo del último año, estos programas han permitido, entre otras cosas, que futuros ingenieros se formen en el diseño de satélites, que países reciban asesoramiento en derecho espacial y que jóvenes participantes sigan una formación en el Space Camp de la NASA. Programas como KiboCUBE, la Payload Hosting Initiative y EXOpod ofrecen también posibilidades de lanzamiento y despliegue de satélites a actores que no disponen de sus propios medios de acceso a la órbita. El objetivo es conseguir que la expansión del espacio no beneficie únicamente a quienes ya disponen de los mayores recursos.
Más actores, más responsabilidades
Esta apertura plantea, sin embargo, una cuestión esencial: ¿cómo gobernar un espacio cada vez más frecuentado? La multiplicación de satélites y actores aumenta los riesgos relacionados con las colisiones, los residuos espaciales y la coordinación de las actividades en órbita.
El Comité sobre los Usos Pacíficos del Espacio Ultraterrestre (COPUOS), creado en 1959, constituye la principal instancia multilateral mundial encargada de promover la cooperación internacional en la exploración y el uso pacífico del espacio. “Un mayor acceso al espacio conlleva una mayor responsabilidad”, subraya Aarti Holla-Maini. “A medida que un número creciente de actores alcanza la órbita, la cooperación internacional se vuelve más importante, y no menos necesaria”.
El COPUOS examina, en particular, la coordinación de las actividades lunares, el tráfico espacial, los residuos orbitales, el uso de fuentes de energía nuclear y los recursos espaciales. En 2025, el Comité creó un grupo de expertos sobre la conciencia situacional espacial para reforzar el intercambio de información ante la intensificación de las actividades en órbita. Un equipo de acción trabaja también en la coordinación de las actividades lunares.
Una nueva era espacial
El año que viene marcará la 70ª sesión del COPUOS y los 60 años de la entrada en vigor del Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre. Adoptado en 1967, este tratado sigue siendo la base jurídica del uso pacífico del espacio, en un entorno ahora profundamente transformado.
La “revolución de los cohetes” no se refiere, por tanto, solo a los lanzadores o a la reducción de costes. También redefine los contornos de la comunidad espacial. La Semana Mundial del Espacio invita así a estudiantes, docentes, familias y curiosos a descubrir las tecnologías espaciales y a reflexionar sobre su futuro. Porque no hace falta ir al espacio para participar en esta revolución. A medida que se amplía el acceso a la órbita, el reto es ahora saber quién podrá beneficiarse de él, tomar parte y contribuir a definir sus reglas.
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