Francis Halzen, ganador del Premio Nobel de Física 2026 por el descubrimiento de neutrinos astrofísicos
Notipress.- El científico belga Francis Halzen fue distinguido con el Premio Nobel de Física 2026 por sus contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube y el descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico, informaron las autoridades de la Real Academia Sueca de Ciencias.
A sus 82 años, Halzen recibe el máximo reconocimiento de su disciplina después de décadas dedicadas a algunas de las partículas más difíciles de detectar del universo. Nacido en 1944 en Tienen, Bélgica, se doctoró en 1969 en la Universidad de Lovaina y desarrolló la mayor parte de su carrera en la Universidad de Wisconsin-Madison, en Estados Unidos, donde continúa adscrito.
Tras conocerse el galardón, Halzen reconoció sentirse “raro” por recibirlo y destacó especialmente a quienes se incorporaron al proyecto desde sus primeros años. El científico señaló que se trató de una aventura cuyo éxito no estaba garantizado y valoró el papel de sus colaboradores para superar los retos acumulados durante décadas.
Del hielo antártico al Nobel
El camino comenzó a tomar forma en la década de 1980, cuando Halzen advirtió que el hielo antártico podía ofrecer condiciones ideales para captar neutrinos. En 1988, junto con John G. Learned, impulsó el concepto de un observatorio instalado en el hielo del Polo Sur.
Los neutrinos son partículas subatómicas que carecen de carga eléctrica y casi no tienen masa. Atraviesan habitualmente la materia sin ser detectados e incluso pueden pasar por la Tierra y por el cuerpo humano sin dejar rastro, característica por la cual también son conocidos como “partículas fantasma”.
Los neutrinos de alta energía tienen además una característica especialmente valiosa para la astronomía: durante su recorrido no cambian de dirección ni pierden energía. De esta manera pueden conservar información sobre los entornos donde se originaron y ayudar a estudiar fenómenos cósmicos inaccesibles por otras vías.
Los primeros intentos de colocar sensores de luz en el glaciar del Polo Sur comenzaron en 1992 y dieron paso a AMANDA, un observatorio terminado en 2000. Su capacidad resultó limitada ante la escasez de neutrinos cósmicos de alta energía, por lo que fue necesario construir un detector mucho mayor.
IceCube, un kilómetro cúbico bajo el hielo
De aquella experiencia surgió IceCube, cuya construcción concluyó en 2011. El observatorio utiliza aproximadamente un kilómetro cúbico de hielo equipado con sensores de luz para registrar los destellos producidos cuando alguna de estas partículas interactúa con la materia.
El Polo Sur ofrecía una estación de investigación ya operativa, infraestructura para transportar equipos y una oscuridad constante a suficiente profundidad. También imponía dificultades, ya que el clima obliga a concentrar gran parte del trabajo práctico en el verano antártico, entre noviembre y febrero.
Con IceCube llegaron las detecciones de neutrinos de alta energía y posteriormente los hallazgos de partículas procedentes de regiones alejadas del sistema solar. Esos resultados sentaron las bases de un nuevo tipo de astronomía.
El reconocimiento incluye 12 millones de coronas suecas, equivalentes a unos 1,2 millones de dólares. Además, ya se planea la construcción de IceCube-Gen2, una expansión que alcanzará ocho kilómetros cúbicos de hielo y prolongará la búsqueda iniciada décadas atrás en las profundidades de la Antártida.

