De Gaza a Sevilla, la maleta de documentos que conserva la identidad y la historia de una refugiada palestina

Suha Alnajjar huyó de Gaza en 2014, embarazada y con dos hijos pequeños, llevando una maleta con certificados académicos y documentos que acreditan su identidad y origen. Hoy vive en Sevilla, España, donde cursa un doctorado y trabaja como traductora, mientras sus padres y hermanos permanecen en Gaza. Su historia, recogida en el primer episodio del podcast narrativo «Sin la ONU», refleja el papel de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA) en la educación, la atención básica y la conservación de los registros que forman parte de la memoria de generaciones de palestinos.

Una maleta que conserva mucho más que documentos

«Los gazatíes siempre tenemos una maleta con los papeles importantes. Son cosas que no puedes conseguir luego», explica Suha Alnajjar al recordar la decisión de abandonar su hogar en 2014.

En aquella maleta guardó certificados de estudios y documentos personales que acreditaban quién era y de dónde procedía. Para ella, estos papeles no representan únicamente trámites administrativos: también constituyen una conexión con su historia familiar y con una vida marcada por el desplazamiento.

Suha nació en 1977 en una familia de refugiados palestinos. Sus padres habían perdido sus hogares durante la Nakba, el desplazamiento masivo de población palestina ocurrido en 1948, durante la creación del Estado de Israel. La experiencia del exilio acompañó así a varias generaciones de su familia.

Décadas después, la posibilidad de volver a perderlo todo se convirtió en una realidad para Suha y su familia. Ante la ofensiva israelí de 2014, ella y su marido tomaron una decisión condicionada por la incertidumbre de aquellos días: si sobrevivían, abandonarían Gaza.

La ONU presente desde las aulas

Para Suha, Naciones Unidas nunca fue una institución distante, identificada únicamente con sus oficinas internacionales. Su experiencia con la organización comenzó en las escuelas administradas por la UNRWA, la agencia creada en 1949 para atender a los refugiados palestinos.

«Yo estudié en las escuelas de UNRWA, mi padre estudió en las escuelas de UNRWA y mi madre también», recuerda. La institución formó parte de la vida cotidiana de su familia y de las oportunidades educativas disponibles para varias generaciones.

Cuando tenía diez años, durante la Primera Intifada, el cierre de los centros escolares obligó a buscar alternativas para continuar las clases. Una profesora organizó un aula improvisada en su propia casa. Al principio, recuerda Suha, los estudiantes sentían vergüenza ante aquella situación, pero encontraron una manera de seguir aprendiendo en medio de las dificultades.

La educación también le permitió continuar sus estudios universitarios. Gracias a una beca, pudo estudiar ingeniería en Cisjordania, a unos cien kilómetros de su hogar. Sin embargo, la distancia geográfica no reflejaba la dificultad real del trayecto.

Para llegar a la universidad debía atravesar varios controles militares israelíes. Salía de casa alrededor de las seis de la mañana y, en ocasiones, regresaba a las dos o tres de la madrugada. Las restricciones de movimiento hicieron que incluso pasara hasta dos años sin ver a sus padres.

Trabajar para reconstruir hogares palestinos

Después de completar sus estudios, Suha trabajó en un programa de la propia UNRWA dedicado a reparar viviendas de familias con recursos limitados. Su formación en ingeniería encontró una aplicación directa en la mejora de las condiciones de vida de otras personas refugiadas.

La experiencia le permitió observar de manera inmediata los resultados de su trabajo. Reparar una casa significaba ofrecer a una familia mejores condiciones para vivir y recuperar parte de la seguridad perdida tras años de dificultades.

Su trayectoria ilustra una de las dimensiones menos visibles de la asistencia humanitaria: además de proporcionar servicios básicos, los programas pueden generar oportunidades profesionales para personas que conocen de primera mano las necesidades de sus comunidades.

Pero la continuidad de esa vida quedó nuevamente amenazada en 2014, cuando la ofensiva israelí llevó a Suha y a su marido a abandonar Gaza. La maleta con sus documentos se convirtió entonces en una de las pocas pertenencias que podían preservar su historia personal y académica durante el desplazamiento.

Una nueva vida en Sevilla y la preocupación por su familia

Actualmente, Suha vive en Sevilla con sus tres hijos, realiza un doctorado y trabaja como traductora. Ha conseguido continuar su formación y desarrollar una nueva vida lejos de su lugar de origen, pero la distancia no ha eliminado la preocupación por los familiares que permanecen en Gaza.

Desde octubre de 2023, vive pendiente del teléfono y consulta listas de víctimas en busca de los nombres de sus padres y hermanos. La incertidumbre sobre su seguridad se ha convertido en una presencia constante en su vida cotidiana.

Su historia refleja la situación de las familias separadas por el conflicto, cuyos integrantes pueden encontrarse en distintos países mientras intentan mantener el contacto y conocer la suerte de sus seres queridos.

En ese contexto, los documentos que conserva adquieren un significado que va más allá de su utilidad práctica. Representan pruebas de su identidad, de sus estudios y de su procedencia, elementos fundamentales para reconstruir una trayectoria personal atravesada por el desplazamiento.

Por qué teme que desaparezca la UNRWA

Suha teme que la desaparición de la UNRWA ponga en riesgo servicios y registros que han acompañado a su familia durante generaciones. La agencia proporciona educación, atención sanitaria y otros servicios esenciales para los refugiados palestinos en los territorios y países donde opera.

También mantiene registros de las personas refugiadas que están bajo su mandato. Esta función administrativa tiene especial relevancia para quienes han vivido durante décadas sin poder regresar a los lugares de origen de sus familias.

La UNRWA no es un organismo con mandato para resolver por sí mismo el conflicto político ni para garantizar el retorno de los refugiados. Sin embargo, su labor humanitaria y sus registros forman parte del contexto en el que los palestinos reivindican sus derechos y preservan la memoria de los desplazamientos históricos.

Para Suha, la continuidad de la agencia está vinculada con la posibilidad de mantener viva esa historia colectiva. «Mientras exista UNRWA, existe nuestro derecho al retorno y existe nuestra lucha para volver», afirma.

Su declaración expresa la importancia que atribuye a la institución, aunque el reconocimiento y la resolución del derecho al retorno dependen de cuestiones jurídicas y políticas que van más allá de la existencia de una sola agencia de Naciones Unidas.

Una historia personal que refleja una experiencia colectiva

El relato de Suha forma parte de «Los papeles importantes», primer episodio de «Sin la ONU», un podcast narrativo de Noticias ONU que presenta historias personales relacionadas con el trabajo de Naciones Unidas.

Su experiencia conecta tres dimensiones del desplazamiento: la pérdida del hogar, la necesidad de reconstruir una vida en otro país y la importancia de conservar documentos que permitan acreditar la identidad y la trayectoria de una persona.

La maleta que llevó al salir de Gaza simboliza, en su caso, la continuidad entre el pasado y el presente. Sus certificados y documentos conservan las huellas de una vida en la que la educación, el trabajo y la asistencia de la UNRWA tuvieron un papel determinante.

Desde Sevilla, Suha continúa construyendo su futuro mientras espera noticias de su familia. Su historia recuerda que, para quienes han vivido el desplazamiento, preservar los documentos personales también puede significar proteger una parte esencial de su identidad y de la memoria de su comunidad.