El senador Enrique Inzunza anunció su salida del grupo parlamentario de Morena y continuará como legislador independiente, una decisión que llega en medio de la presión política generada por los señalamientos del Departamento de Justicia de Estados Unidos sobre presuntos vínculos con una estructura del Cártel de Sinaloa.
El senador sinaloense Enrique Inzunza Cázarez decidió separarse de la bancada de Morena en el Senado y continuar su encargo como legislador independiente, en un movimiento que profundiza la crisis política que enfrenta el oficialismo en Sinaloa.
Inzunza comunicó su decisión este miércoles mediante una carta dirigida al coordinador de Morena en la Cámara alta, Ignacio Mier Velazco. Explicó que se trata de una determinación personal y sostuvo que busca evitar que los señalamientos en su contra sean utilizados para afectar al movimiento político al que pertenece.
“He tomado la decisión de separarme del grupo parlamentario de Morena, para ejercer mi cargo de senador de la República de manera independiente”, escribió el legislador.
La salida de la bancada no significa, al menos por ahora, que Inzunza haya renunciado a su escaño. Tampoco anunció formalmente su salida de Morena como partido. Su decisión consiste en dejar de formar parte del grupo parlamentario y ejercer el cargo sin integrarse a una fracción legislativa.
El movimiento ocurre después de varias semanas de presión política alrededor del senador y coincide con una nueva etapa de la crisis en Sinaloa, donde el gobernador Rubén Rocha Moya también ha sido señalado por autoridades estadounidenses.
El Departamento de Justicia de Estados Unidos informó el 29 de abril que presentó cargos contra Rocha Moya, Inzunza y otros ocho funcionarios y exfuncionarios mexicanos por presuntos delitos relacionados con tráfico de drogas y armas. Según la acusación estadounidense, los involucrados habrían conspirado con dirigentes del Cártel de Sinaloa para introducir grandes cantidades de narcóticos a Estados Unidos a cambio de apoyo político y sobornos.
Es importante subrayar que se trata de acusaciones formuladas por autoridades estadounidenses y no de una condena judicial. Inzunza ha rechazado los señalamientos y sostiene que no se han presentado pruebas que demuestren las imputaciones en su contra.
En su carta, el senador calificó las acusaciones como una “feroz campaña de calumnias y diatribas” y las describió como un supuesto instrumento de lawfare, término utilizado para referirse al empleo de procedimientos jurídicos con fines políticos.
También vinculó los señalamientos con denuncias que realizó desde el Senado sobre una presunta intervención de agentes de la CIA en Chihuahua y una supuesta colaboración con autoridades estatales. Inzunza sostuvo que esas denuncias pudieron convertirlo en blanco de una ofensiva política, aunque no presentó en su carta elementos que permitieran establecer una relación comprobada entre ambos acontecimientos.
La decisión llega en un momento particularmente complicado para el oficialismo en Sinaloa. Rubén Rocha Moya retomó brevemente la gubernatura la semana pasada después de más de tres meses de licencia, pero volvió a solicitar su separación del cargo tras recibir críticas de la presidenta Claudia Sheinbaum y de distintos sectores de Morena.
El Congreso de Sinaloa designó posteriormente a Graciela Domínguez Nava como gobernadora interina, con 31 votos a favor, seis en contra y ninguna abstención. De acuerdo con La Jornada, Domínguez sustituyó a Rocha después de que este permaneciera apenas unas 34 horas nuevamente al frente del Ejecutivo estatal.
La situación de Inzunza también había generado tensión dentro de Morena. El senador había enfrentado llamados para solicitar licencia y apartarse temporalmente del cargo mientras se desarrollaban las investigaciones y señalamientos en Estados Unidos.
Según El Universal, la dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, confirmó este miércoles que el partido había querido que Inzunza solicitara licencia. Tras su decisión de abandonar la bancada, Montiel afirmó que sus opiniones y acciones serían responsabilidad personal del senador y no del partido.
El deslinde tiene una importancia política evidente. Morena busca evitar que las acusaciones contra un legislador sean asociadas directamente con la actuación institucional del partido, especialmente en un momento en que el caso de Sinaloa se ha convertido en uno de los mayores focos de tensión política para el oficialismo.
La salida también puede tener consecuencias dentro del Senado. Inzunza ocupaba posiciones de relevancia en la estructura legislativa de Morena, incluida la presidencia de la Comisión de Estudios Legislativos. Al dejar el grupo parlamentario, pierde el respaldo y las posiciones internas asociadas con la bancada, de acuerdo con información de Excélsior.
Su futuro político también queda en una zona de incertidumbre. Antes de que surgieran los señalamientos estadounidenses, Inzunza había sido considerado entre los perfiles con posibilidades de participar en la sucesión de Sinaloa. Ahora, la crisis política alrededor de su figura complica considerablemente esa posibilidad.
El contexto estatal tampoco favorece una recuperación inmediata. Morena está reorganizando sus posiciones en Sinaloa después del conflicto provocado por el regreso y posterior salida de Rocha Moya. El País reportó que el partido perfila a la senadora Imelda Castro como uno de los principales perfiles para encabezar su proyecto político rumbo a las elecciones de 2027.
La salida de Inzunza de la bancada puede interpretarse, por tanto, como una decisión defensiva en dos frentes. Por un lado, el senador busca preservar su posición institucional y continuar ejerciendo el cargo pese a las acusaciones. Por otro, pretende separar su defensa personal de la imagen y estrategia de Morena.
La propia carta de Inzunza refleja esa intención. El senador argumentó que no quiere proporcionar elementos para que sus adversarios políticos utilicen las acusaciones como argumento contra el movimiento oficialista.
Sin embargo, la separación no elimina el problema de fondo. Las acusaciones formuladas por el Departamento de Justicia estadounidense permanecen y el senador continúa siendo mencionado en la documentación oficial del caso.
La acusación estadounidense sostiene que los funcionarios señalados habrían participado en una conspiración para facilitar operaciones del Cártel de Sinaloa. El documento del Departamento de Justicia identifica expresamente a Inzunza entre los diez funcionarios y exfuncionarios mexicanos acusados.
La existencia de esa acusación no equivale a una sentencia. Pero políticamente tiene consecuencias incluso antes de que exista una resolución judicial, especialmente cuando afecta a funcionarios públicos en ejercicio y cuando los señalamientos proceden de una autoridad extranjera.
Ese es precisamente el terreno en el que ahora se mueve Inzunza. Al declararse independiente conserva su responsabilidad como senador, pero queda fuera de la estructura parlamentaria de Morena y, al menos políticamente, más expuesto a las consecuencias de su defensa individual.
El episodio también vuelve a poner bajo presión la relación entre el Gobierno mexicano y las acusaciones provenientes de Estados Unidos sobre presuntos vínculos entre funcionarios y organizaciones criminales. La presidenta Sheinbaum ha insistido en la defensa de la soberanía mexicana, pero al mismo tiempo su administración ha tenido que gestionar las consecuencias políticas de señalamientos que involucran a figuras del oficialismo.
En Sinaloa, la crisis ha adquirido una dimensión mayor. El caso ya provocó la salida temporal del gobernador, la designación de una mandataria interina y ahora la separación de un senador de la bancada oficialista.
Para Morena, el desafío consiste en contener el impacto político sin prejuzgar la responsabilidad penal de los señalados. Para Inzunza, el reto será sostener su defensa mientras mantiene su actividad legislativa fuera de la bancada que lo llevó al Senado.
La historia, además, está lejos de concluir. Las acusaciones estadounidenses siguen su curso y cualquier avance judicial podría modificar nuevamente el escenario. Mientras tanto, la decisión de Inzunza marca una ruptura política significativa con el grupo parlamentario de Morena, aunque todavía no representa necesariamente una ruptura formal con el partido.
Por ahora, el senador conserva su escaño y sostiene su inocencia. Morena, por su parte, ha comenzado a tomar distancia de sus decisiones. Y Sinaloa continúa en el centro de una crisis política que ya trascendió las fronteras del estado.


