Este 15 de octubre se conmemora el Día Mundial del Lavado de Manos, una iniciativa internacional que promueve el uso de agua y jabón para prevenir enfermedades infecciosas. Aunque la fecha es impulsada por la Global Handwashing Partnership y no corresponde a la jornada de la Organización Mundial de la Salud dedicada específicamente a la higiene de manos en los centros sanitarios, ambas iniciativas comparten un objetivo preventivo. La evidencia científica demuestra que una higiene adecuada reduce la transmisión de microorganismos y contribuye a prevenir infecciones asociadas a la atención médica, incluidas aquellas causadas por patógenos resistentes a los antimicrobianos.
Dos conmemoraciones con un mismo objetivo preventivo
El Día Mundial del Lavado de Manos se celebra cada 15 de octubre desde 2008, cuando se impulsó una jornada internacional para fomentar esta práctica en hogares, escuelas, comunidades y otros espacios públicos. La iniciativa busca convertir el lavado de manos con agua y jabón en un hábito cotidiano y facilitar el acceso a instalaciones adecuadas de higiene.
Es importante distinguir esta fecha del Día Mundial de la Higiene de las Manos, promovido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) cada 5 de mayo. Esta segunda campaña se concentra especialmente en la prevención y el control de infecciones en los servicios de salud, donde la higiene de manos constituye una medida esencial para proteger tanto a los pacientes como al personal sanitario.
La diferencia no es solamente de calendario. Mientras la jornada de octubre destaca la higiene en la vida cotidiana y en las comunidades, la campaña de mayo pone especial atención en los procedimientos clínicos y en la seguridad de la atención médica.
Qué sucede cuando el jabón entra en contacto con los microorganismos
La eficacia del lavado de manos se explica, en parte, por las propiedades químicas de los jabones. Sus moléculas contienen una región que interactúa con las grasas y otra que se relaciona con el agua. Esta estructura permite desprender suciedad, grasa y microorganismos de la superficie de la piel para facilitar su eliminación durante el enjuague.
En el caso de los virus con envoltura lipídica, como los coronavirus, el jabón puede alterar esa cubierta grasa y contribuir a inactivar las partículas virales. Sin embargo, no todos los virus poseen una envoltura lipídica y no todos los microorganismos responden de la misma manera. Por eso, no es correcto afirmar que el jabón destruye de forma idéntica las membranas de todas las bacterias y los virus.
En términos generales, el lavado funciona mediante una combinación de mecanismos: el jabón ayuda a desprender los contaminantes, la fricción contribuye a separarlos de la piel y el agua permite arrastrarlos. La técnica, la duración del lavado y la cobertura de todas las superficies de las manos influyen en su eficacia.
Las infecciones asociadas a la atención sanitaria
En hospitales y centros de salud, las manos pueden actuar como vehículo de transmisión de microorganismos entre pacientes, profesionales sanitarios, equipos y superficies contaminadas. Cuando no se realiza una higiene adecuada en los momentos indicados, aumenta el riesgo de que los agentes infecciosos lleguen a personas vulnerables.
La Organización Mundial de la Salud advierte que las infecciones asociadas a la atención sanitaria representan un problema importante de seguridad del paciente. Según sus estimaciones, de cada 100 pacientes hospitalizados por enfermedades agudas, aproximadamente siete en países de ingresos altos y 15 en países de ingresos bajos y medios adquieren al menos una infección durante su estancia.
Estas infecciones pueden prolongar las hospitalizaciones, aumentar los costos de atención y complicar la recuperación, especialmente en pacientes con defensas debilitadas, personas sometidas a intervenciones quirúrgicas y quienes requieren cuidados intensivos.
La OMS señala que una proporción importante de estas infecciones puede prevenirse mediante programas eficaces de prevención y control, entre los cuales la higiene de manos ocupa un lugar central.
La relación con la resistencia antimicrobiana
La resistencia antimicrobiana aparece cuando microorganismos como las bacterias desarrollan mecanismos que reducen la eficacia de los medicamentos utilizados para combatirlos. Este fenómeno dificulta el tratamiento de determinadas infecciones y aumenta la importancia de las medidas que evitan su transmisión.
El lavado de manos no elimina por sí solo la resistencia antimicrobiana ni sustituye los tratamientos médicos. Sin embargo, contribuye a reducir la circulación de microorganismos, incluidos aquellos resistentes a varios antibióticos, dentro de los centros sanitarios.
La higiene de manos debe integrarse en una estrategia más amplia que incluya el uso responsable de antimicrobianos, la limpieza y desinfección de superficies, la vigilancia epidemiológica, la aplicación de precauciones de aislamiento cuando corresponda y la capacitación continua del personal.
En este contexto, la prevención adquiere un valor especial: evitar una infección también puede reducir la necesidad de administrar antibióticos y disminuir las oportunidades para que se propaguen microorganismos resistentes.
Agua y jabón o solución hidroalcohólica
La elección del método de higiene depende de las circunstancias. En la vida cotidiana, el lavado con agua y jabón es especialmente importante cuando las manos están visiblemente sucias, después de utilizar el baño y antes de preparar alimentos o comer.
En los centros sanitarios, las soluciones hidroalcohólicas son una alternativa eficaz en numerosas situaciones clínicas cuando las manos no presentan suciedad visible. Su uso facilita la higiene frecuente durante la atención, siempre que se apliquen de acuerdo con las recomendaciones sanitarias y las características del procedimiento.
El jabón común es suficiente para el lavado habitual; no es necesario utilizar jabón antibacteriano para todas las actividades cotidianas. Lo fundamental es disponer de los materiales adecuados y realizar la higiene de manera correcta y en el momento oportuno.
En los servicios de salud, los protocolos de la OMS establecen momentos específicos para la higiene de manos, como antes de tocar a un paciente, antes de realizar una tarea limpia o aséptica, después del riesgo de exposición a líquidos corporales, después de tocar al paciente y después del contacto con su entorno inmediato.
Una técnica sencilla con efectos importantes
Para lavarse correctamente las manos, se recomienda mojarlas con agua, aplicar jabón y frotar las palmas, el dorso, los espacios entre los dedos, los pulgares, las puntas de los dedos y las uñas. La fricción debe mantenerse durante unos 20 segundos, antes de enjuagar bien y secar las manos.
La disponibilidad de agua y jabón también es determinante. UNICEF ha advertido que millones de personas carecen de instalaciones básicas para lavarse las manos en sus hogares y que numerosas escuelas y centros sanitarios no cuentan con servicios suficientes en los puntos donde se necesitan.
Por esta razón, la promoción de hábitos individuales debe acompañarse de inversiones en infraestructura, abastecimiento de agua, saneamiento y materiales de higiene. Sin acceso regular a estos recursos, resulta difícil mantener una práctica constante.
La prevención comienza antes de que aparezca la infección
El Día Mundial del Lavado de Manos recuerda que una intervención sencilla puede contribuir a proteger la salud individual y colectiva. En los hogares ayuda a reducir la propagación de enfermedades infecciosas; en las escuelas favorece entornos más saludables y, en los hospitales, forma parte de las medidas esenciales para prevenir infecciones asociadas a la atención sanitaria.
La microbiología permite comprender por qué esta práctica funciona, pero su impacto depende de que se realice de manera correcta y de que existan condiciones materiales para sostenerla. La higiene de manos no sustituye otras medidas de prevención, aunque constituye una de las barreras más accesibles y útiles para reducir la transmisión de microorganismos.
Conmemorar el 15 de octubre implica, por tanto, recordar que la prevención no depende exclusivamente de tecnologías complejas o tratamientos avanzados. También requiere hábitos cotidianos, infraestructura adecuada y políticas de salud pública que faciliten el acceso universal a una higiene eficaz.


