Muere Rubén Rada, una de las grandes voces de la música uruguaya

El músico, compositor y actor uruguayo falleció a los 83 años tras permanecer internado por una neumonía y dejó una obra que convirtió al candombe en un lenguaje capaz de dialogar con el rock, el jazz y otros ritmos de América Latina.

Uruguay perdió este miércoles a una de sus figuras musicales más queridas. Rubén Rada, conocido durante décadas como el “Negro Rada”, murió a los 83 años en Montevideo después de permanecer internado durante aproximadamente un mes por una neumonía y sus complicaciones.

La familia confirmó la noticia mediante las redes sociales del artista y señaló que Rada había luchado durante un mes contra la enfermedad. La Agencia EFE informó que el fallecimiento ocurrió a las 15:30 horas del miércoles 26 de agosto.

La noticia provocó una inmediata reacción en Uruguay y en otros puntos de la región. No se trataba solamente de la muerte de un cantante. Rada había terminado convirtiéndose en una de las expresiones más reconocibles de la identidad musical uruguaya y en un referente de la cultura afrodescendiente del país.

El presidente Yamandú Orsi decretó duelo oficial para este jueves 27 de agosto. El Gobierno uruguayo informó que el velatorio se realizará en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, de 14:00 a 21:00 horas, con la posibilidad de que el público participe en la despedida.

El homenaje, sin embargo, comenzó prácticamente desde el momento en que se conoció su muerte. En el Barrio Sur de Montevideo, uno de los grandes centros históricos del candombe, cientos de personas se reunieron para tocar tambores y despedir a quien durante décadas llevó ese ritmo a escenarios de todo el mundo.

Del carnaval al escenario internacional

Rada nació en Montevideo en 1943 y comenzó su relación con la música desde muy joven, vinculado a comparsas de carnaval y posteriormente a diferentes agrupaciones. Su trayectoria profesional despegó durante la década de 1960 con El Kinto, grupo fundamental para la evolución del denominado candombe beat.

Más tarde formó parte de Tótem, banda que mezcló candombe, rock y música latina y que se convirtió en una referencia imprescindible de la música popular uruguaya. También integró OPA junto con los hermanos Hugo y Osvaldo Fattoruso, profundizando una búsqueda sonora en la que el jazz y las raíces afroamericanas convivían con los ritmos rioplatenses.

El País recordó que Rada fue un músico esencialmente autodidacta y que su trayectoria estuvo marcada desde el principio por la capacidad de combinar géneros sin preocuparse demasiado por las fronteras musicales. Esa libertad terminó siendo una de sus principales señas de identidad.

Su obra solista amplió todavía más ese territorio. Rada podía pasar del candombe al rock, del jazz a la música brasileña y de la canción popular al humor, siempre conservando una fuerte raíz uruguaya.

Durante su carrera grabó más de 40 discos, según la información difundida por EFE y medios uruguayos. En 2011 recibió el Premio Grammy Latino a la Excelencia Musical, un reconocimiento a una trayectoria que para entonces ya había dejado una huella profunda en varias generaciones.

Un músico que hizo del candombe una identidad

Hablar de Rada es hablar también del candombe. El género, desarrollado históricamente por la población afrodescendiente de Uruguay, encontró en él a uno de sus grandes divulgadores y renovadores.

Rada no se limitó a conservar esa tradición. La llevó a otros terrenos y consiguió que dialogara con sonidos contemporáneos sin perder su identidad. Esa capacidad de transformación ayudó a que el candombe trascendiera las calles y comparsas de Montevideo para llegar a escenarios internacionales.

El músico también reivindicó constantemente sus raíces afro. En declaraciones recogidas por EFE tras su fallecimiento, integrantes de la comunidad musical uruguaya destacaron precisamente esa dimensión de su legado y el orgullo que representaba que Rada hubiera llevado esa identidad a otros países.

Su influencia alcanzó también a Argentina, donde desarrolló buena parte de su carrera y estableció vínculos con músicos de distintas generaciones. Entre sus trabajos más conocidos en el mercado latinoamericano estuvieron “Loco de amor”, grabado junto al grupo español Ketama en 1998, y “Muriendo de plena”, de 2000.

Su relación con otros artistas fue una constante. Rada colaboró con músicos de diferentes estilos y generaciones y convirtió esa apertura en una extensión natural de su propia forma de entender la música.

Una carrera que nunca pareció terminar

Quizá uno de los rasgos más sorprendentes de sus últimos años fue que Rada nunca dio la impresión de sentirse parte del pasado. Continuó grabando, actuando y buscando nuevas formas de presentar su música.

En 2025 publicó su último álbum de estudio y, hasta poco antes de su muerte, mantenía proyectos artísticos en marcha. Medios uruguayos reportaron que tenía previsto participar en un homenaje a Tótem y que continuaba trabajando en nuevas producciones.

Esa actividad explica en parte el impacto de su muerte. Rada no era únicamente un recuerdo de la época dorada de la música uruguaya. Seguía siendo un artista presente, con capacidad para dialogar con públicos jóvenes y con músicos que habían crecido escuchando sus canciones.

Su último capítulo, además, estuvo acompañado por el reconocimiento de artistas que lo consideraban una influencia. Fito Páez fue uno de los primeros en despedirlo públicamente y lo recordó como una figura fundamental de la música y el afecto entre Uruguay y Argentina.

Las despedidas se multiplicaron en redes sociales, pero la reacción más significativa quizá ocurrió lejos de las pantallas: en las calles de Montevideo, donde los tambores ocuparon el espacio público para despedir a uno de los músicos que más hizo por llevar ese sonido al mundo.

El adiós de un símbolo uruguayo

El Gobierno de Uruguay decidió rendirle honores de Estado y mantener el pabellón nacional a media asta durante toda la jornada de duelo. El decreto oficial también contempla honores fúnebres.

El gesto refleja la dimensión que alcanzó Rada más allá de la música. Su carrera estuvo ligada a una idea de Uruguay que mezclaba barrio, carnaval, raíces africanas, humor, ritmo y una enorme capacidad para absorber influencias sin perder identidad.

Durante más de seis décadas, Rada hizo algo que no resulta sencillo: convirtió su propia mezcla cultural en un lenguaje reconocible. Su música podía sonar local y universal al mismo tiempo.

Por eso su muerte deja un vacío difícil de medir solamente en discos o premios. Deja también la ausencia de un artista que ayudó a que el candombe se escuchara más allá de Montevideo y que consiguió que generaciones enteras entendieran que la tradición no necesariamente significa quedarse quieto.

Ahora serán otros músicos quienes mantengan encendidos esos tambores. Pero en Uruguay, donde la despedida comenzó con ritmo y comunidad, parece claro que la mejor manera de recordar al “Negro” Rada será precisamente aquella que él convirtió en una forma de vida: escuchar, cantar, tocar y seguir haciendo música.