El Parlamento taiwanés aprobó un programa de hasta 240 mil millones de dólares taiwaneses para impulsar los drones de fabricación local, aunque modificó el esquema propuesto por el Gobierno y abrió un nuevo choque político sobre la velocidad con la que debe fortalecerse la defensa de la isla.
Taiwán dio un nuevo paso para reforzar sus capacidades militares frente a China, pero lo hizo bajo un esquema distinto al que había planteado el Gobierno del presidente Lai Ching-te. El Parlamento, controlado por la oposición, aprobó este jueves un programa que establece un límite de 240 mil millones de dólares taiwaneses, unos 7 mil 560 millones de dólares, para impulsar durante seis años la adquisición y desarrollo de sistemas no tripulados.
La votación salió adelante con 60 votos a favor y 50 en contra. El proyecto, respaldado principalmente por el Kuomintang (KMT) y el Partido Popular Taiwanés (TPP), pone el acento no solo en la compra de drones, sino también en el desarrollo de una industria nacional capaz de producirlos, probarlos y mantener cadenas de suministro con menores riesgos de dependencia exterior.
El resultado, sin embargo, supone el rechazo a la propuesta presentada originalmente por el Ejecutivo. El Gobierno de Lai había solicitado un presupuesto especial de 210 mil millones de dólares taiwaneses, equivalentes a unos 6 mil 600 millones de dólares, para ejecutarlo desde agosto de 2026 hasta finales de 2031.
La diferencia no está solamente en la cantidad. El plan gubernamental buscaba disponer de los recursos mediante un presupuesto especial y bajo la coordinación del Ministerio de Defensa. La alternativa aprobada por la oposición establece que el gasto se integre al presupuesto ordinario y fija un límite de 40 mil millones de dólares taiwaneses por año, además de otorgar un papel relevante al Ministerio de Economía.
Reuters y la Agencia Central de Noticias de Taiwán señalaron que la disputa refleja un desacuerdo de fondo: mientras el Gobierno considera urgente acelerar la adquisición de capacidades militares, la oposición defiende una mayor supervisión anual del gasto y una participación más amplia de las instituciones encargadas del desarrollo industrial.
La apuesta es producir drones dentro de Taiwán
El nuevo programa tiene una dimensión que va más allá de las necesidades inmediatas de las fuerzas armadas. La ley aprobada contempla fortalecer la industria taiwanesa de vehículos no tripulados, establecer instalaciones de prueba y elevar los niveles de producción local, además de incorporar requisitos relacionados con la ciberseguridad.
Focus Taiwan informó que la iniciativa establece un techo de 240 mil millones de dólares taiwaneses, pero permite solicitar recursos adicionales si posteriormente son aprobados por el Parlamento. La norma también busca impulsar una mayor autonomía tecnológica en un sector considerado estratégico para la defensa de la isla.
La legisladora del KMT Hsu Chiao-hsin defendió esa orientación y sostuvo que el desarrollo de la industria de drones debe traducirse realmente en producción nacional, cadenas de suministro seguras y fabricantes capaces de mantener estándares de ciberseguridad.
La intención es reducir vulnerabilidades. Taiwán depende en buena medida de proveedores extranjeros, particularmente de Estados Unidos, para algunos de sus sistemas militares más avanzados. Al mismo tiempo, busca evitar que componentes críticos de sus drones dependan de cadenas de suministro vinculadas con China.
El Gobierno taiwanés pretende que la isla pueda producir grandes cantidades de drones, tanto para vigilancia como para operaciones de combate y defensa costera. El objetivo encaja con una estrategia de guerra asimétrica: utilizar sistemas relativamente pequeños, numerosos y difíciles de neutralizar para elevar el costo de una eventual agresión de una potencia militar mucho mayor.
La experiencia de Ucrania cambió el debate
La importancia de los drones quedó especialmente expuesta durante la guerra en Ucrania, donde vehículos aéreos no tripulados relativamente económicos han sido utilizados para reconocimiento, corrección de fuego, ataques contra posiciones y vigilancia del campo de batalla.
Taiwán observa esa experiencia con especial atención. Su situación geográfica y militar es muy distinta, pero comparte un problema estratégico: tendría que defenderse de un adversario con una capacidad militar considerablemente superior.
El Gobierno de Lai sostiene que los conflictos recientes en Ucrania y Medio Oriente demuestran que los sistemas no tripulados pueden modificar la forma de combatir. Por eso había planteado adquirir aproximadamente 210 mil nuevos drones y otros vehículos no tripulados para fortalecer la defensa de la isla.
La propuesta original incluía drones de vigilancia costera, sistemas destinados a ataques contra objetivos marítimos y pequeñas embarcaciones no tripuladas. El Ministerio de Defensa taiwanés considera que estas capacidades deben integrarse dentro de una estrategia más amplia de defensa por capas.
El ministro de Defensa, Wellington Koo, ha advertido que colocar todas las categorías de vehículos no tripulados, además de las instalaciones de prueba y otros gastos industriales, bajo un límite anual de 40 mil millones de dólares taiwaneses podría reducir la flexibilidad de las fuerzas armadas para programar adquisiciones de acuerdo con las necesidades operativas.
Una disputa política en medio de la presión de Pekín
El debate sobre los drones se desarrolla dentro de una confrontación política más amplia. El Partido Democrático Progresista de Lai perdió la mayoría legislativa en las elecciones de 2024, mientras que el KMT y el TPP controlan la cámara.
Desde entonces, el Gobierno y la oposición han mantenido fuertes diferencias sobre el gasto público y las prioridades de defensa. En este caso, ambos bloques coinciden en la necesidad de fortalecer la capacidad de Taiwán, pero discrepan sobre quién debe administrar los recursos, qué mecanismo presupuestario debe utilizarse y con qué velocidad debe ejecutarse el programa.
El KMT sostiene que la revisión anual del gasto permite un mayor control parlamentario. El Gobierno, en cambio, considera que un programa de varios años necesita estabilidad financiera para que los fabricantes puedan invertir, aumentar su capacidad de producción y desarrollar cadenas de suministro sin depender de decisiones presupuestarias anuales.
La vicepresidenta Hsiao Bi-khim ha expresado preocupación por el límite anual de 40 mil millones de dólares taiwaneses. Según Focus Taiwan, advirtió que los pagos de grandes contratos no necesariamente se distribuyen de manera uniforme y que un techo anual podría generar problemas cuando coincidan las etapas de mayor entrega de equipos.
El desacuerdo, por tanto, no significa que la oposición esté rechazando el fortalecimiento militar. La diferencia está en cómo hacerlo. El KMT y el TPP respaldaron una cantidad total incluso superior a la propuesta por el Ejecutivo, pero prefirieron distribuirla dentro del presupuesto ordinario y someterla a revisión legislativa.
La presión china permanece como telón de fondo
China considera a Taiwán parte de su territorio y no ha descartado el uso de la fuerza para tomar el control de la isla. Pekín, además, rechaza las políticas del Gobierno de Lai y ha aumentado la presión militar, diplomática y económica alrededor del territorio.
Para Taipéi, esa presión no se limita a la posibilidad de una guerra abierta. También incluye actividades conocidas como operaciones de zona gris, como patrullajes militares, incursiones de aeronaves y buques, maniobras y otras acciones destinadas a ejercer presión sin cruzar necesariamente el umbral de un conflicto armado.
Hsiao señaló recientemente que Taiwán necesita desarrollar con urgencia capacidades tanto de drones como de sistemas antidrones para responder a esas acciones y a una eventual amenaza militar directa.
La preocupación no es exclusiva de Taiwán. Raymond Greene, director del American Institute in Taiwan, afirmó en julio que los drones representan una oportunidad para mejorar la capacidad de disuasión de la isla y planteó la conveniencia de construir una especie de “enjambre” de sistemas no tripulados que haga más costosa cualquier agresión.
El programa forma parte de un rearme más amplio
La inversión en drones no ocurre de manera aislada. Taiwán ha propuesto para 2027 un presupuesto de defensa récord de 1.1225 billones de dólares taiwaneses, unos 31 mil millones de dólares, equivalente a más de 3 % de su producto interno bruto. El Gobierno de Lai también ha planteado elevar progresivamente el gasto militar hasta 5 % del PIB para 2030.
El aumento refleja una transformación en la estrategia de seguridad taiwanesa. La isla busca fortalecer misiles, submarinos, municiones, defensa aérea y sistemas no tripulados, mientras intenta desarrollar una industria militar capaz de responder a las necesidades internas.
El desafío será convertir el presupuesto en capacidades reales. Fabricar miles de drones no depende solamente de asignar dinero: requiere componentes, software, baterías, motores, sistemas de comunicación, operadores, instalaciones de prueba y cadenas de suministro resistentes a interrupciones.
Además, la eficacia de estos sistemas dependerá de su integración con el resto de las fuerzas armadas. Un dron aislado tiene un valor limitado; una red capaz de compartir información, detectar objetivos y coordinar múltiples plataformas puede convertirse en una herramienta mucho más poderosa.
Por eso, la decisión del Parlamento taiwanés tiene dos lecturas. Por un lado, confirma que existe un consenso político considerable sobre la necesidad de fortalecer las capacidades no tripuladas frente a China. Por otro, deja abierta una disputa sobre la velocidad y la forma de financiar ese esfuerzo.
El mensaje estratégico, sin embargo, es claro. Taiwán quiere que los drones dejen de ser una capacidad complementaria para convertirse en uno de los pilares de su defensa. La discusión ahora será determinar si el nuevo esquema presupuestario permitirá construir esa capacidad con la rapidez que el Gobierno considera necesaria.


