Cerca de dos millones de personas en la Franja de Gaza necesitan asistencia para conseguir refugio, mientras las lluvias comienzan a agravar las condiciones de vida de la población desplazada. Ante la falta de materiales resistentes y las restricciones para introducir suministros de construcción, algunas familias recurren a sacos de harina llenos de arena para impedir que el agua entre en sus tiendas de campaña, mientras las organizaciones humanitarias advierten que los recursos disponibles son insuficientes para atender las necesidades.

Sacos de harina para contener el agua

La llegada de las lluvias obliga a miles de familias desplazadas en Gaza a improvisar medidas para proteger sus refugios. Ahmed Al-Omari, como otras personas que viven en tiendas de campaña, utiliza antiguos sacos de harina del Programa Mundial de Alimentos (PMA), que llena con arena y coloca alrededor de su alojamiento para reducir la entrada del agua.

“Antes los sacábamos de las fauces de la muerte para poder comer. Ahora los llenamos de arena para que el agua de lluvia no entre”, explicó Al-Omari a Noticias ONU, al describir cómo un material que anteriormente servía para transportar alimentos ahora se utiliza para intentar proteger a las familias de las inundaciones.

La situación ocurre mientras las precipitaciones comienzan a afectar los asentamientos de desplazados y persiste la preocupación por las condiciones meteorológicas de los próximos meses. La combinación de lluvias, refugios precarios y falta de alternativas aumenta la vulnerabilidad de quienes han perdido sus hogares.

La financiación no alcanza para cubrir las necesidades

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) estima que entre 1.8 y 1.9 millones de personas necesitan algún tipo de asistencia relacionada con el refugio. Sin embargo, los fondos disponibles han llegado con retraso y continúan por debajo de lo necesario para responder a la magnitud de la emergencia.

Karl Baker, coordinador regional de crisis de la OIM para Gaza, explicó desde Amán que los recursos comenzaron a llegar después de un periodo de dificultades financieras, pero todavía no permiten atender a toda la población que requiere ayuda.

“El dinero ha llegado un poco más tarde este año. Ahora está llegando, pero no a la escala necesaria para atender a lo que calculamos que son 1,8 o 1,9 millones de personas que necesitan algún tipo de asistencia para el refugio”, señaló.

La distribución de los suministros también enfrenta obstáculos logísticos. La OIM depende de proveedores de China, India y Pakistán, cuyos productos deben atravesar rutas que incluyen Jordania, Egipto e Israel antes de llegar a Gaza. Las interrupciones vinculadas con el conflicto regional complican el transporte y retrasan la llegada de materiales esenciales.

Tiendas que duran apenas seis meses

La escasez de recursos no es el único problema. La calidad y la resistencia de los refugios disponibles también resultan insuficientes para las condiciones de Gaza. En otras emergencias, las organizaciones humanitarias pueden distribuir soluciones de transición más duraderas, como estructuras de madera contrachapada y unidades habitacionales de emergencia.

En Gaza, en cambio, muchas tiendas de campaña tienen una vida útil aproximada de seis meses. Los desplazamientos constantes agravan el problema, pues las familias a menudo deben abandonar sus alojamientos con poco tiempo para prepararse, lo que puede provocar la pérdida o el deterioro de los materiales.

Baker advirtió que el traslado repetido de tiendas y estructuras temporales ha afectado la calidad de los refugios que permanecen en el territorio. La llegada del invierno aumenta la urgencia de sustituir los alojamientos deteriorados y ofrecer alternativas que protejan mejor a la población de la lluvia y el viento.

Miles de edificios presentan riesgo de derrumbe

La falta de viviendas seguras coincide con los daños generalizados en la infraestructura. Según los informes citados por Naciones Unidas, más de 4,000 edificios se encuentran en riesgo de derrumbe y muchos de ellos eran hogares de miles de residentes.

Ramiz Alakbarov, coordinador especial en funciones de la ONU para el Proceso de Paz en Oriente Medio, explicó ante el Consejo de Seguridad que las Naciones Unidas trabajan con las comunidades locales para identificar y evacuar a las personas que permanecen en edificios considerados inseguros.

Sin embargo, la ausencia de alojamientos alternativos obliga a muchas familias a buscar protección en tiendas improvisadas o en espacios que tampoco ofrecen condiciones adecuadas. La disponibilidad de terreno seguro es otro obstáculo: de acuerdo con Baker, alrededor del 30 por ciento de la Franja de Gaza es accesible para la mayoría de la población.

Esta limitación concentra a las personas desplazadas en espacios reducidos, donde las lluvias pueden provocar inundaciones y agravar las condiciones sanitarias. La falta de lugares alternativos dificulta que las familias se trasladen a zonas menos expuestas.

Las restricciones dificultan la entrada de materiales resistentes

La OIM también enfrenta dificultades para introducir materiales que normalmente se utilizan en emergencias para construir refugios más duraderos. Entre ellos figuran láminas para techos y cemento para reforzar suelos y paredes, elementos que permitirían mejorar la resistencia de las estructuras frente al viento y las precipitaciones.

Según el reporte de Naciones Unidas, estos materiales están sujetos a restricciones israelíes que se remontan a 2008, debido a preocupaciones de seguridad. La organización humanitaria mantiene contactos con las autoridades israelíes para negociar su ingreso y encontrar alternativas que respondan a las objeciones planteadas.

“Es algo cotidiano, cinco veces al día, mientras intentamos negociar o asegurarnos de haber entendido cuál es su preocupación e intentamos ajustar lo que sea necesario”, explicó Baker. El coordinador insistió en la necesidad de permitir la entrada de artículos más resistentes para mejorar las condiciones de los refugios.

La falta de materiales adecuados limita las posibilidades de reemplazar las tiendas deterioradas por estructuras capaces de ofrecer una protección más estable durante el invierno.

Familias refuerzan sus tiendas con restos de edificios

En Jan Yunis, al sur de Gaza, algunas familias desplazadas intentan reforzar sus alojamientos con materiales recuperados de las ruinas. Mohammed Barhoum y sus hijos, desplazados de Rafah, utilizan barras de metal rescatadas de edificios destruidos para fortalecer la estructura de su tienda.

La tarea implica riesgos, debido a la inestabilidad de los escombros y a la posible presencia de restos explosivos de guerra. Aun así, las familias recurren a estos recursos ante la falta de materiales nuevos y la necesidad de protegerse de las inundaciones.

“Cada año, durante el invierno, esta zona se inunda por las fuertes lluvias. Este año hemos decidido reforzar nuestras tiendas con barras de metal. Es un nuevo experimento y veremos cómo sale. Esperamos que la situación sea mejor que la última vez”, relató Barhoum.

Un invierno marcado por la falta de protección

La llegada de las lluvias vuelve a poner de manifiesto la fragilidad de las condiciones de vida de la población desplazada en Gaza. La falta de financiación, los obstáculos para introducir materiales de construcción, el deterioro de las tiendas y la escasez de espacios seguros dificultan la preparación ante las condiciones invernales.

Para las organizaciones humanitarias, la respuesta requiere recursos suficientes y acceso a materiales capaces de ofrecer protección duradera. Mientras esas condiciones no se garanticen, miles de familias seguirán dependiendo de soluciones improvisadas, como sacos de arena y estructuras reforzadas con restos de edificios, para afrontar las inundaciones y el frío.