La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estima que la economía regional crecerá un 2,2 % en 2026, por debajo del 2,4 % registrado en 2025. El organismo atribuye parte de la desaceleración a las tensiones geopolíticas, la incertidumbre financiera y las presiones sobre los mercados internacionales, y advierte que la baja productividad y la informalidad laboral continúan limitando las posibilidades de desarrollo.

La economía de América Latina y el Caribe mantiene una trayectoria de crecimiento moderado. De acuerdo con las proyecciones presentadas por la CEPAL en agosto de 2026, el producto interno bruto (PIB) regional aumentaría un 2,2 % durante este año y registraría una recuperación parcial hasta alcanzar el 2,5 % en 2027.

Las nuevas estimaciones reflejan un entorno internacional complejo, marcado por los conflictos geopolíticos, la volatilidad de los mercados financieros, las dificultades en las cadenas de suministro y las presiones sobre los precios de la energía. Estos factores afectan de manera desigual a las economías latinoamericanas, dependiendo de su estructura productiva y de su exposición al comercio internacional.

La CEPAL señala que el deterioro de las condiciones externas influye en las perspectivas económicas, pero subraya que la región también enfrenta obstáculos estructurales que dificultan un crecimiento más sólido y sostenido. Entre ellos destacan la inversión insuficiente, el escaso avance de la productividad y la limitada generación de empleos formales.

Un contexto internacional que presiona a las economías regionales

Las tensiones internacionales y los conflictos armados han incrementado la incertidumbre sobre la evolución de los precios de las materias primas, el transporte y la energía. Para las economías que dependen de las importaciones de combustibles, alimentos e insumos industriales, estos incrementos pueden traducirse en mayores costos de producción y una reducción del poder adquisitivo de los hogares.

El panorama también presenta oportunidades para algunos países exportadores de materias primas, que pueden beneficiarse de precios internacionales más elevados. Sin embargo, las ventajas dependen de las características de cada economía y no necesariamente compensan los efectos negativos de un menor dinamismo del comercio mundial o de unas condiciones financieras más restrictivas.

La CEPAL advierte que la combinación de incertidumbre geopolítica, presiones inflacionarias y financiamiento internacional costoso puede dificultar las decisiones de inversión de los gobiernos y las empresas. Asimismo, las economías con mayores necesidades de financiamiento enfrentan el desafío de atender sus obligaciones de deuda sin reducir los recursos destinados al desarrollo.

El empleo y la informalidad siguen siendo desafíos centrales

El desempeño del mercado laboral constituye otro factor determinante para las perspectivas económicas. Aunque el empleo continúa creciendo en la región, su ritmo de expansión se ha moderado, lo que limita el aumento de los ingresos familiares y la capacidad de consumo.

La persistencia de la informalidad representa un obstáculo adicional. Los trabajadores que se desempeñan en condiciones informales suelen tener un acceso más limitado a la seguridad social, la protección laboral y los mecanismos de ahorro para el retiro. Para las empresas, la baja productividad y las dificultades de acceso al financiamiento también pueden restringir la capacidad de ampliar operaciones y generar puestos de trabajo de mayor calidad.

En su Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2026, la CEPAL sostiene que la informalidad no solo es una consecuencia del bajo crecimiento, sino que también contribuye a perpetuarlo. La menor productividad dificulta la expansión de las empresas y la creación de empleos formales, mientras que la precariedad laboral limita las posibilidades de fortalecer el mercado interno.

Inflación y financiamiento condicionan la recuperación

Las presiones sobre los precios de la energía y otros insumos pueden trasladarse gradualmente a los bienes y servicios que consumen los hogares. Este riesgo resulta especialmente relevante para las familias de menores ingresos, que destinan una proporción considerable de sus recursos a cubrir necesidades básicas.

Al mismo tiempo, unas condiciones financieras internacionales restrictivas pueden elevar el costo de los créditos para los gobiernos, las empresas y los consumidores. Cuando el financiamiento se encarece, algunos proyectos de inversión se posponen o reducen, lo que puede afectar la creación de empleos y limitar la capacidad productiva.

La evolución de la inflación y de las tasas de interés será, por tanto, un elemento importante para determinar el ritmo de recuperación. Los bancos centrales de la región deberán considerar tanto las presiones externas sobre los precios como las condiciones particulares de sus economías.

Las proyecciones muestran diferencias entre subregiones

El crecimiento previsto para 2026 no será uniforme en América Latina y el Caribe. Según las estimaciones de la CEPAL publicadas en agosto, América del Sur crecería un 2,5 % en 2026 y mantendría esa misma tasa en 2027.

Para América Central, la previsión es de un crecimiento del 1,6 % en 2026, seguido de un 2,8 % en 2027. El organismo explica que el promedio subregional está influido por las contracciones económicas previstas para Cuba y Haití. Si ambas economías se excluyen del cálculo, el crecimiento promedio de la subregión ascendería al 4,0 % en 2026 y al 4,2 % en 2027.

En el Caribe, la CEPAL proyecta un crecimiento del 5,6 % en 2026 y del 7,9 % en 2027, impulsado principalmente por el desempeño económico de Guyana. Sin incluir a ese país, las tasas previstas se reducen al 1,1 % y al 2,2 %, respectivamente.

Estas diferencias muestran que las cifras regionales agregadas pueden ocultar realidades económicas muy distintas. La disponibilidad de recursos naturales, la composición de las exportaciones, las condiciones del mercado interno y la capacidad para atraer inversiones influyen en los resultados de cada país.

La CEPAL propone fortalecer la productividad y el empleo formal

Ante un escenario de crecimiento moderado, el organismo plantea ampliar las políticas de desarrollo productivo y avanzar hacia estrategias integrales de formalización laboral. El objetivo es elevar la productividad, fortalecer las capacidades de las empresas y crear empleos formales con mejores condiciones de trabajo.

La propuesta requiere coordinar políticas laborales, fiscales, financieras y productivas. Entre las prioridades se encuentran mejorar el acceso al financiamiento, facilitar la incorporación de tecnología, desarrollar las capacidades de los trabajadores y promover una mayor integración de las empresas en cadenas de producción que generen más valor.

La CEPAL también considera necesario impulsar la inversión y fortalecer la capacidad de las economías para responder a las perturbaciones externas. La estabilidad macroeconómica, por sí sola, no garantiza un crecimiento elevado si no se acompaña de mejoras en la productividad y de una transformación de las estructuras productivas.

Las proyecciones para 2026 y 2027 reflejan, en consecuencia, un desafío que va más allá de las tensiones internacionales. Aunque el entorno geopolítico y financiero condiciona las perspectivas inmediatas, la capacidad de América Latina y el Caribe para elevar sus niveles de crecimiento dependerá también de su respuesta a problemas persistentes como la baja inversión, la informalidad y el limitado avance de la productividad.