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Aguas Dulces: del botín perdido del Arinos al tesoro de su gastronomía

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Aguas Dulces (Uruguay), 15 abr (EFE).- Arazá rojo o amarillo, butiá y guayabo del país. Estos tres frutos son parte del tesoro natural que puede degustarse en Aguas Dulces, una pequeña población del sureste de Uruguay, donde en 1875 naufragó el buque portugués Arinos y dejó para siempre su botín convertido en leyenda.

Aquellas monedas de oro que la embarcación trasladaba entre Río de Janeiro y Montevideo y que, según diversas fuentes, estaban unidas a la financiación de la guerra de la Triple Alianza (1864-1870), quedaron para siempre -o no- en una de las innumerables playas del departamento (provincia) uruguayo de Rocha.

Que fueron robadas, que fueron enterradas «a los pies de una doble palmera», como explica el escritor rochense Juan Pablo Font en su «Voces de la ensenada» (Torre del Vigía Ediciones), o que yacen sobre los camalotes de la laguna de Briozzo son varias historias que comparten los lugareños.

Cuentan los habitantes de Aguas Dulces que algunos restos de aquel lejano encallamiento pueden ser encontrados por quienes caminan con curiosidad y atención por la playa. De hecho, una parte del navío puede ser observada desde la costa como mudo testigo del pasado.

TESOROS NATURALES

Sin rastro real de aquel áureo botín, entre los tesoros que ahora se encuentran en Aguas Dulces, sin duda están los frutos nativos.

En esta población, separada apenas por 84 kilómetros de la frontera brasileña y, por tanto, con características muy similares al sur del país vecino, su recolección y las distintas recetas que surgen a partir de estos son toda una tradición en el otoño austral.

Nacido en los Palmares de Rocha, el anaranjado butiá es, con su sabor agridulce, una de las estrellas en la Semana de los Frutos Nativos 2022.

Acompaña distintos platos como una pata de cordero, miniaturas de pescado o un salmón, al tiempo que también aparece en postres, tragos y cervezas.

Algo similar sucede con el arazá rojo o amarillo y con el guayabo del país.

«Los frutos nativos dan la identidad gastronómica de este lugar», dice en una entrevista con Efe Laura Rosano, chef especializada en cocina regional y mediterránea.

Subraya que en Aguas Dulces la gente puede ir a una plaza y encontrar arazá y guayabo, por lo que es importante que estos formen parte del menú diario de la población local.

Relata que cuando da charlas en escuelas cuenta a los niños que estos frutos son los que comían los charrúas, los indígenas locales, por lo que son una marca identitaria del país.

«Por eso es tan importante seguir cultivándolos y darlos a conocer a los turistas y a los uruguayos», añade la autora de dos recetarios sobre frutos nativos, uno para demostrar su potencial gastronómico y otro con recetas de autor.

«Uruguay es un país turístico. Viene mucha gente de todos los lugares a conocer el territorio y la comida también nos muestra parte del territorio: qué se produce, qué nace espontaneo, qué se pesca. Es muy importante que los restaurantes tengan el compromiso de buscar ese producto y mostrarlo», finaliza Rosano.

TAMBIÉN CON PASTA

Otro de los que participa de esta jornada es propietario del restaurante Ciao Mamma, el italiano Flavio Santarelli, nacido en la región de Los Abruzos (centro) y ahora radicado en lo que define como «un hermoso pueblo».

«Los frutos nativos son una cosa hermosísima, porque tú paseas y comes frutos de los árboles. Es una cosa de verdad hermosa, encuentras cantidades y calidades diferentes de frutos», dice.

Y, aunque dice que estos van «muy bien» con el pescado, con la carne y también en los postres, asegura que dentro de un plato de pasta también tienen su lugar.

Así, este tranquilo pueblo de la costa atlántica uruguaya, vecino de los turísticos Barra de Valizas o Cabo Polonio y parte, como estos, de lo que el escritor y periodista Andrés López Reilly bautizó como «el infierno de los navegantes», sigue disfrutando del tesoro de su gastronomía mientras recuerda legendarios botines perdidos.

 

Santiago Carbone