Albania vive una nueva jornada de disturbios mientras crece la presión para que dimita Edi Rama

Las protestas encabezadas por estudiantes para exigir la renuncia del primer ministro de Albania, Edi Rama, entraron este sábado en su quinta jornada con nuevos enfrentamientos entre manifestantes y policías en Tirana y otras ciudades. Las movilizaciones, impulsadas por el descontento ante la corrupción, las dificultades económicas y las deficiencias educativas, se han extendido más allá de su origen ambiental y representan una creciente presión para el Gobierno.

Enfrentamientos frente al Ministerio de Educación

Los incidentes comenzaron después del mediodía frente al Ministerio de Educación, en el centro de Tirana, edificio que ya había sufrido daños durante jornadas anteriores. Algunos manifestantes levantaron barricadas, incendiaron contenedores y lanzaron piedras, adoquines y petardos contra los agentes antidisturbios.

La Policía respondió con gases lacrimógenos, granadas aturdidoras y cañones de agua para dispersar a los grupos más violentos. Las imágenes difundidas por medios de comunicación mostraron enfrentamientos y personas heridas. También circularon reportes sobre un posible uso de balas de goma, aunque la información disponible no permitía confirmar oficialmente ese extremo.

La agencia Reuters informó que las autoridades contabilizaban alrededor de 500 personas detenidas desde el inicio de las protestas, aunque una parte ya había sido puesta en libertad. Los balances sobre personas lesionadas variaban según el momento y la fuente consultada.

Los disturbios se extienden a otras ciudades

La tensión también alcanzó Durrës, importante ciudad portuaria situada en la costa del Adriático. De acuerdo con los reportes difundidos por medios albaneses, una marcha derivó en enfrentamientos cuando un grupo de participantes se dirigió a una oficina de Correos y rompió los cristales del inmueble.

La Policía intervino para dispersar a los involucrados y detuvo a 25 personas, entre ellas tres menores de edad, según informó la cadena albanesa Top Channel. Los incidentes reflejan la expansión territorial de una movilización que, inicialmente centrada en reivindicaciones estudiantiles y ambientales, se ha convertido en una protesta contra el Gobierno.

La oposición intenta acercarse a un movimiento que también la cuestiona

El dirigente del opositor Partido Democrático, Sali Berisha, llamó a la población a acudir a Tirana para respaldar las manifestaciones. Berisha, expresidente de Albania y primer ministro entre 2005 y 2013, enfrenta acusaciones relacionadas con presuntos actos de corrupción, que forman parte del contexto político del país.

Sin embargo, el respaldo opositor no implica que los manifestantes compartan plenamente la agenda de los partidos tradicionales. Según los reportes de la jornada, representantes del Partido Democrático fueron apartados de una protesta el viernes, mientras algunos estudiantes criticaron tanto a Rama como a Berisha por considerar que ambos forman parte de una clase política alejada de las preocupaciones ciudadanas.

Durante los enfrentamientos también se difundieron imágenes del diputado opositor Klevis Balliu cayendo al río Lana, que atraviesa la capital albanesa. Las circunstancias del incidente no quedaron completamente esclarecidas en los primeros reportes.

La llamada Revolución de los Flamencos

Las manifestaciones actuales forman parte de un movimiento conocido como la Revolución de los Flamencos, iniciado meses atrás para oponerse a un proyecto turístico de lujo relacionado con el empresario estadounidense Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump. La iniciativa contempla desarrollos turísticos en zonas costeras de valor ambiental, entre ellas áreas vinculadas al entorno protegido de Vjosa-Narta y la isla de Sazan.

La oposición al proyecto se ha centrado en sus posibles efectos sobre los ecosistemas, la transparencia de las decisiones públicas y las condiciones en que se gestionaron los terrenos. Las autoridades albanesas defienden las inversiones turísticas como una oportunidad económica para el país, mientras los críticos exigen mayores garantías ambientales y claridad sobre los procedimientos utilizados.

Con el paso de los meses, las demandas del movimiento se ampliaron para incluir denuncias de corrupción, el aumento del costo de vida, las dificultades para acceder a una educación de calidad y la falta de oportunidades laborales para los jóvenes. La incorporación masiva de estudiantes a las protestas durante octubre elevó la tensión y dio paso a enfrentamientos que antes no habían sido predominantes.

Albaneses residentes en distintos países europeos también viajaron a su país para participar en las movilizaciones del sábado, una muestra del respaldo que el movimiento ha conseguido entre sectores de la diáspora.

El Gobierno promete compensaciones y rechaza dimitir

El primer ministro Edi Rama visitó durante la mañana comercios afectados por los disturbios de los días anteriores y anunció que los pequeños negocios perjudicados recibirían compensaciones por sus pérdidas.

El mandatario volvió a rechazar las peticiones de renuncia y sostuvo que su Gobierno mantiene el compromiso de conducir a Albania hacia la integración en la Unión Europea. También ha atribuido parte de la movilización a la intervención de actores extranjeros que, según su versión, pretenden obstaculizar el avance del país. Estas afirmaciones corresponden a la postura del primer ministro y no constituyen, por sí mismas, una demostración de injerencia externa.

Por su parte, dirigentes del movimiento insisten en que las manifestaciones deben continuar para mantener la presión política, aunque algunos han llamado a evitar nuevos daños materiales. La crisis deja al Gobierno ante el desafío de atender las demandas estudiantiles y sociales, contener la violencia y recuperar la confianza de una parte de la ciudadanía.