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Alpha Tavera, la única que puede unir a todos los grupos de Morena.

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No hace mucho una persona a la que estimo y aprecio hizo referencia a la “proclamación de la unidad”, a lo que le respondí que “la unidad no se proclama, la unidad se construye”.

Construir la unidad tiene su “chiste”, por llamarlo de una manera coloquial. No basta con gritar a los cuatro vientos “unidad, unidad”, pues está visto que las palabras “se las lleva el viento”.

En la política no hay unidad sin sacrificio. Eso es una verdad innegable. Siempre se tiene que ceder algo para alcanzar un acuerdo. Porque la unidad no se consigue con sumisión.

El mejor perfil es el de Alpha Tavera, pues garantiza la voluntad de llegar a los acuerdos necesarios que fortalezcan al Movimiento.

A diferencia de otros aspirantes, ella no muestra una ambición desmedida, no promete lo que no podrá cumplir, no utiliza el chantaje, ni la amenaza, ni la exclusión para acordar con todos.

Por el contrario, respeta a sus semejantes, los valora en toda la expresión de la palabra. Los conoce a todos y pondera sus virtudes.

Si Morena desea competir con posibilidades de ganar la elección del próximo año, debe cuidar mucho el elegir a un ser humano capaz de unir a todos los grupos de una forma contundente y real.

Es poco probable que Morena alcance la unidad real con Joaquín Díaz Mena, o con Verónica Camino Farjat. A lo largo de su bregar morenista, hechos confirman su tendencia a centralizarlo todo en su figura.

La unidad se construye con el diálogo sensible, con cierto grado de humildad, con objetivos claros, con disposición a desprenderse de aspectos trascendentales. La unidad no se construye concediendo “migajas”, o condicionando apoyos forzosos.

La postura clave es ¿cómo nos ayudamos?. Porque en la igualdad de circunstancias está la posibilidad mayor de “jalar parejos”.

Es imposible que el candidato o candidata a Gobernador de Yucatán logre la unidad condicionando sumisión.

Designar a un candidato o candidata bajo esta condición es ir a la derrota segura.

A estas alturas, nadie debe considerar este posicionamiento como un “ataque político” a su persona, pues no es mentira. Es una suerte de descripción que alerta sobre el peligro que corre el Movimiento al designar a la persona errónea.

No es verdad que cualquiera que sea el designado o designada garantiza la victoria electoral del próximo año. Para ganar se necesita poner a la persona que pueda sacar lo mejor de cada morenista en el estado, alguien estimado, alguien que valore a los demás por su valor personal, alguien que en su discurso revele sensibilidad, empatía, ideología y valores humanos.

Alguien que no arrastre un pasado tormentoso, que no tenga el infortunio de haber nacido en otros partidos políticos.

El elegido o elegida debe unir a todos. Pero si su nombre es sinónimo de “o conmigo o contra mi”, la cosa ya no caminó.