La Federación Belga de Fútbol anunció que no respaldará a Gianni Infantino para un nuevo mandato en la FIFA y reclamó explicaciones sobre el proyecto FIFA Forward Enterprise y la suspensión de Folarin Balogun durante el Mundial de 2026.
La relación entre la FIFA y una parte importante del futbol europeo vuelve a tensarse. La Real Federación Belga de Fútbol anunció este lunes que no apoyará la candidatura de Gianni Infantino para continuar como presidente del organismo internacional, al considerar que persisten dudas importantes sobre transparencia y gobernanza.
La decisión belga se sustenta principalmente en dos asuntos. El primero es el proyecto FIFA Forward Enterprise, una iniciativa que pretendía abrir parte de los activos comerciales de la FIFA a inversión privada y que terminó siendo retirada después de provocar una fuerte reacción entre distintas organizaciones del futbol internacional.
La federación belga considera que varias decisiones y estimaciones relacionadas con ese proyecto no fueron explicadas suficientemente. A su juicio, la falta de información sobre las razones y el proceso mediante el cual se tomaron esas decisiones genera interrogantes sobre la forma en que se gobierna actualmente la FIFA.
La controversia no es exclusivamente belga. La UEFA también ha cuestionado el proyecto y ha exigido mayor claridad sobre las decisiones adoptadas por la dirección de la FIFA. Reuters informó que la iniciativa contemplaba una operación de aproximadamente 4 mil 200 millones de dólares antes de ser retirada en agosto, después de la presión ejercida por distintas federaciones y confederaciones.
El segundo punto de conflicto es todavía más delicado para Bélgica porque ocurrió durante el Mundial de 2026. Se trata del caso del delantero estadounidense Folarin Balogun, quien recibió una tarjeta roja durante el partido de Estados Unidos contra Bosnia y Herzegovina y debía cumplir una suspensión automática en el siguiente encuentro.
Sin embargo, el Comité Disciplinario de la FIFA decidió suspender durante un año la aplicación de esa sanción automática, lo que permitió a Balogun disputar los octavos de final contra Bélgica. La FIFA confirmó oficialmente que el jugador estaba habilitado para ese encuentro.
La UEFA reaccionó entonces con dureza. El organismo europeo sostuvo que una suspensión automática por una tarjeta roja no debía convertirse en una decisión discrecional y advirtió que la medida podía afectar la credibilidad de la competición al establecer un precedente en pleno Mundial.
Para la federación belga, el problema no termina con aquella decisión. Su presidenta, Pascale Van Damme, afirmó que, dos meses después de los hechos, las preguntas planteadas a la FIFA siguen sin recibir una respuesta satisfactoria. La dirigente considera necesario aclarar cómo se tomó la decisión y qué procedimiento se aplicará en casos similares.
Es por ello que la federación belga solicitó que el caso Balogun sea incluido en la agenda de la próxima reunión del Consejo de la FIFA, prevista para el 15 de octubre. Van Damme forma parte de ese órgano y tendrá la oportunidad de plantear directamente las inquietudes de la federación.
La disputa llega en un momento particularmente incómodo para Infantino. La FIFA confirmó este domingo que el suizo mantiene su intención de presentarse a las elecciones de 2027 para buscar un cuarto y último mandato. Si consigue la reelección, permanecería en el cargo hasta 2031.
La candidatura, sin embargo, enfrenta un escenario más complejo que en elecciones anteriores. Infantino fue reelegido sin oposición en 2019 y 2023, pero en esta ocasión la UEFA y varias federaciones nacionales han expresado críticas abiertas a su gestión. Aun así, el dirigente mantiene apoyos importantes dentro de la estructura internacional del futbol.
La posición belga no supone una ruptura con la FIFA. La propia federación aseguró que permanece abierta a una colaboración constructiva, pero insistió en que la transparencia, la rendición de cuentas y reglas claras son indispensables para preservar la credibilidad del futbol internacional.
La próxima reunión del Consejo de la FIFA podría convertirse así en un nuevo escenario de confrontación institucional. El caso Balogun y el proyecto FIFA Forward Enterprise han dejado de ser asuntos aislados: juntos alimentan una discusión mucho más amplia sobre quién toma las decisiones dentro del máximo organismo del futbol y qué tan claras son las razones que las sustentan.


