Birmania prepara cortes de electricidad ante el impacto del fuerte El Niño

El aumento de las temperaturas y de la demanda eléctrica obligó a las autoridades de Myanmar a poner en marcha cortes rotatorios, mientras los meteorólogos advierten sobre un episodio de El Niño que podría intensificarse hasta alcanzar una magnitud muy fuerte hacia finales de 2026.

Myanmar comenzó este lunes a aplicar un sistema de distribución eléctrica por turnos ante el incremento de la demanda provocado por temperaturas inusualmente elevadas para esta época del año. Las autoridades advierten que la combinación de calor, una infraestructura energética frágil y la llegada de la temporada seca podría aumentar la presión sobre el sistema eléctrico nacional.

El Ministerio de Electricidad y Energía informó que la medida busca equilibrar el consumo con la capacidad disponible de generación. De acuerdo con información difundida por medios estatales, la distribución rotatoria comenzó el 5 de octubre y se aplicará en la medida mínima necesaria para evitar una mayor inestabilidad de la red.

El fenómeno no parte de una situación energética estable. Los apagones son frecuentes en Myanmar, un país que además enfrenta desde hace años un conflicto interno que ha deteriorado infraestructura y complicado el suministro de servicios básicos.

Ahora el calor añade una presión adicional.

El Ministerio de Electricidad y Energía atribuye el aumento de las temperaturas a las condiciones de un fuerte episodio de El Niño. La mayor utilización de ventiladores y sistemas de refrigeración ha elevado el consumo eléctrico precisamente cuando el país se aproxima al periodo seco.

El Departamento de Meteorología e Hidrología de Myanmar confirmó el 1 de octubre que las condiciones oceánicas y atmosféricas del Pacífico ecuatorial son compatibles con un episodio muy fuerte de El Niño. La dependencia señaló que los modelos internacionales apuntan a que el fenómeno podría alcanzar su máxima intensidad hacia finales de 2026.

La Organización Meteorológica Mundial también ha advertido sobre esta evolución. Según su actualización de septiembre, existe una probabilidad cercana al 100 % de que El Niño persista durante el periodo septiembre-noviembre de 2026 y continúe hasta febrero de 2027. La organización prevé además que el episodio alcance una intensidad muy fuerte antes de llegar a su punto máximo.

El Niño no provoca directamente cada fenómeno meteorológico registrado en una región concreta, pero sí modifica los patrones atmosféricos y oceánicos a escala planetaria. Sus efectos pueden traducirse en alteraciones de las temperaturas, las precipitaciones y la frecuencia o intensidad de determinados fenómenos extremos.

Para Myanmar, el escenario es especialmente complejo porque el país se encuentra en una transición entre la temporada de lluvias y la estación seca.

La generación hidroeléctrica representa una parte fundamental del suministro eléctrico nacional. Durante el monzón, las precipitaciones permiten recuperar el agua almacenada en los embalses que alimentan las centrales. Sin embargo, cuando comienza la temporada seca, las reservas adquieren una importancia mucho mayor.

Una demanda eléctrica excepcionalmente elevada puede coincidir así con una etapa en la que el sistema debe administrar cuidadosamente sus recursos hídricos.

Las autoridades han advertido que un desequilibrio importante entre la generación y el consumo podría provocar fallas en las centrales eléctricas, problemas en las principales líneas de transmisión e incluso una interrupción más amplia del sistema nacional.

Por ello, el esquema de cortes rotatorios funciona como una medida preventiva. En lugar de esperar a que la red colapse ante un exceso de demanda, las autoridades distribuyen de manera controlada la electricidad disponible.

La situación también muestra cómo los fenómenos climáticos pueden convertirse rápidamente en problemas de infraestructura.

Una ola de calor no solamente representa un riesgo para la salud. Cuando millones de personas buscan simultáneamente refrigeración, aumenta el consumo de electricidad. Si la capacidad de generación y distribución no puede responder al incremento, el calor termina convirtiéndose también en un problema energético.

En los hogares con mayores recursos existen alternativas como generadores eléctricos y baterías de respaldo. Para las familias con menos posibilidades económicas, un apagón durante una ola de calor puede significar algo mucho más básico: pasar varias horas sin ventiladores, refrigeración o sistemas adecuados para aliviar las altas temperaturas.

La vulnerabilidad, por tanto, no se distribuye de manera uniforme.

Myanmar también ha experimentado recientemente fenómenos meteorológicos extremos que muestran la complejidad del escenario. A finales de septiembre, fuertes lluvias provocaron inundaciones y un deslizamiento de tierra en la región de Tanintharyi, en el sur del país, con al menos nueve personas muertas, según los reportes difundidos por la prensa internacional.

La combinación resulta particularmente difícil: mientras algunas zonas enfrentan lluvias intensas e inundaciones, el país se prepara al mismo tiempo para una temporada seca marcada por temperaturas elevadas y una posible reducción de la disponibilidad de agua.

La Organización Meteorológica Mundial ha advertido precisamente que un episodio fuerte de El Niño puede alterar significativamente los patrones de precipitación y temperatura y aumentar los riesgos de inundaciones, sequías y calor extremo en diferentes regiones.

El Gobierno de Myanmar ha anunciado medidas para ampliar la capacidad de generación mediante proyectos solares e hidroeléctricos y para reparar infraestructura eléctrica dañada. También busca administrar con mayor cuidado el agua almacenada en los embalses durante la próxima temporada seca.

La emergencia energética, por tanto, no se explica únicamente por el clima. El episodio de El Niño funciona como un factor adicional que pone a prueba un sistema que ya presenta vulnerabilidades estructurales.

Lo ocurrido en Myanmar ofrece una muestra de uno de los desafíos que acompañarán a los sistemas eléctricos durante los próximos años: adaptarse a una mayor variabilidad climática mientras crece la demanda de energía para hacer frente precisamente a temperaturas más elevadas.

El apagón deja entonces de ser solamente una interrupción del servicio. Puede convertirse en el punto donde convergen clima, infraestructura, economía y desigualdad social.

Por ahora, las autoridades han optado por reducir preventivamente la presión sobre la red. La verdadera prueba llegará durante los meses secos, cuando Myanmar deberá administrar simultáneamente el agua de sus embalses, la generación eléctrica y una demanda que podría mantenerse elevada si las temperaturas continúan por encima de lo habitual.