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Chichen Itzá es de los yucatecos y para los mexicanos… ¿hay dudas al respecto?

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Bien decía Octavio Paz que una de las grandes características de la costumbre mexicana el uso de las máscaras, aquellas que buscan ocultar lo que en verdad somos en el fondo para solo ofrecer apariencias y espejismos.
El Gobierno del Estado de Yucatán ha rescatado para el beneficio de los mexicanos y los yucatecos la posesión de la tierra de la zona arqueológica de Chichen Itzá. Un logro que no pudo concretar el anterior gobierno de Patricio Patrón Laviada por más que intentó arrebatarlas de su dueño, el empresario yucateco Fernando Barbachano. Situación que creo diversos conflictos entre las partes por el aprovechamiento real de esas tierras y la importancia para el gobierno de conservar la zona arqueológica.
Con la adquisición de las tierras abre la posibilidad de crear mejores condiciones de inversión e infraestructura en la misma, en la certeza de ya saber a quién legítimamente le pertenecen.
¿Qué si es mucho lo que se pago o no? Para cualquier detractor sin capacidad de análisis y visualización no lo puede entender. Objetivamente la ley es muy clara: el que quita un derecho legítimamente adquirido, tiene que pagar la indemnización correspondiente. Haberse atrevido a negociar un pacto significa una responsabilidad que se asume para ya darle certeza a esta situación, y no necesariamente esperar muchos años en la espera de una resolución que además costará en suma una cantidad mayor por todo el proceso legal correspondiente más la indemnización que la ley dicte.
En Yucatán nos conocemos muy bien. Es por ello no extraño que el medio que se dice de la vida peninsular hoy publique la opinión de un “experto” que se dice atemorizado por el futuro de la zona. Un experto que al parecer le parece mejor que las tierras de un patrimonio nacional este en manos de un particular. Si hoy se tuvo que pagar por esto, es sólo por la falta de preocupación de la comunidad intelectual en la preservación de los bienes culturales de la nación en un pasado no muy lejano. No olvidemos que muchos de nuestros tesoros culturales están en el extranjero. No se vale echar la culpa a las autoridades, sino a todos los mexicanos, y hasta yo me incluyo, que no hemos sabido valorar lo que es nuestro.
Es por ello, que ahora que se decidido rescatar este bien a favor de los mexicanos y los yucatecos, es de beneplácito y de reconocer el esfuerzo del actual gobierno.
La acción va mucho más allá de un concierto, el cual no es la primera, ni será la última zona arqueológica o milenaria que se convertirá en un escenario idóneo para conjugar el pasado y el presente: eso es simplemente evolución.