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Consejo de Seguridad, el imperialismo que complica conflicto en Ucrania

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Al concluir la Segunda Guerra Mundial, después de dos grandes guerras en los primeros 50 años del siglo XX, los líderes de las naciones intentaron reforzar un mecanismo internacional para que los conflictos bélicos en Europa y en el resto de mundo no se repitieran. Bajo este espíritu nació la Organización de las Naciones Unidas.

Para que dicha instrumentación pudiera ser viable ante los contrastes ideológicos de la época al crearse el Consejo de Seguridad, la instancia que tendría el propósito de velar por la paz mundial, se determinó que los cinco gobiernos líderes se constituyeran como miembros permanentes con derecho de veto: Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, la República Popular China y la entonces URSS y hoy Rusia. Esta medida pretendía balancear los intereses en las conflictivas y variantes posturas políticas e ideológicas.

A lo largo de su existencia han surgido diversos conflictos internacionales. El papel del Consejo de Seguridad en algunas ocasiones ha intervenido con mucha celeridad y de forma contundente. En otras, el silencio ha sido duramente criticado.

Es más que obvio que la balanza siempre se ha inclinado a favor de los intereses económicos y políticos de las potencias mundiales, que un sentido plenamente humanitario. Que se recuerde en una ocasión el Consejo de Seguridad ha autorizado el uso de la fuerza bélica contra una nación. Fueron los intereses económicos en el mercado petrolero en el rescate de Kuwait el factor decisivo para permitir que una fuerza multinacional combatiera al régimen invasor de Irak.

Actualmente, en el último mes, las instancias y la diplomacia internacional no pudieron evitar el conflicto armado entre Rusia y Ucrania. La primera guerra europea desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Una situación inimaginable para los tiempos modernos con los mecanismos internacionales y la diplomacia que fracasaron.

Es muy claro que el tema no compete únicamente a Rusia y a Ucrania, las dos naciones beligerantes. En el fondo hay un tema de defensa, por ambos bandos entre los rusos y los aliados de Estados Unidos, de buscar un control de importante zona del mundo para inclinar la balanza hacia una posición.

De forma objetiva no se puede negar que fue el gobierno ruso de Vladímir Putin fue quien tomó una decisión y ordenó el ataque y la invasión que hoy afecta al pueblo ucraniano. La fuerza bélica y la capacidad de uso de energía nuclear es un factor que tienen a las naciones del mundo “en la raya” por el gobierno ruso para intervenir de forma directa y contundente para auxiliar militarmente al gobierno legítimo y democrático de Volodimir Zelenski.

La fuerza y contundencia del Consejo de Seguridad queda disminuida en la “nada diplomática” por la función de Rusia en dicho organismo. La facultad de veto que tiene el gobierno de Putin impide que cualquier decisión que pueda tomar en contra del régimen y la guerra no tendrá validez. ¿Cuándo se ha visto que para solucionar un conflicto una parte en disputa sea al mismo tiempo juez para validar las acciones que lo resuelvan y más cuando pueden ir en contra de ellos mismos?

Rusia, la invasora y agresora, tiene derecho de veto y eso disminuye a la nada cualquier esfuerzo que desde el Consejo de Seguridad se pueda impulsar a favor de la paz en el territorio ucraniano.

Esto nos demuestra la invalidez y anacronismo que representa el Consejo de Seguridad en el actual entorno geopolítico mundial. Queda en evidencia que las naciones imperialistas, con alto poder económico y militar, son las que toman las decisiones en los conflictos internacionales. Las que se movilizan conforme a los “caprichos” e intereses de los regímenes políticos en lugar de atender una necesidad realmente de ayuda humanitaria.

Si esto último fuese diferente muchos conflictos bélicos alrededor del mundo hubieran sido condenados e intervenidos para el bien de la población civil que siempre queda atrapada y que sufre las consecuencias de los sueños imperialistas. Quienes, por cierto, son los que deciden pero no los vemos en el campo de batalla arriesgando su vida por lo que quieren conseguir.