Una encuesta revela que casi seis de cada diez surcoreanos apoyan incorporar a las mujeres al servicio militar obligatorio, mientras la reducción de la población joven obliga al país a replantear un sistema de reclutamiento diseñado hace décadas.

El debate sobre el servicio militar obligatorio para las mujeres ha dejado de ser un asunto marginal en Corea del Sur. Una encuesta publicada este mes muestra que el 59,6 % de los ciudadanos consultados está a favor de incluirlas entre las personas sujetas al reclutamiento, un cambio que refleja tanto la presión demográfica como la creciente discusión sobre la distribución de las obligaciones nacionales.

El estudio fue realizado por el Instituto de Investigación de Reformas, organismo de análisis vinculado al Partido Reformista, y consultó a 1.006 adultos de todo el país. El 34 % se manifestó en contra de incorporar a las mujeres al sistema de conscripción. La diferencia es significativa, aunque conviene ponerla en contexto: se trata de una encuesta encargada por un centro de estudios ligado a una formación política, por lo que sus resultados reflejan opinión pública, pero no constituyen por sí mismos una propuesta oficial del Gobierno.

Los resultados fueron llamativos incluso al observarlos por sexo. El 64,8 % de los hombres encuestados respaldó la incorporación de las mujeres al servicio militar, frente al 54,5 % de las mujeres. Entre los hombres de entre 20 y 39 años, el respaldo alcanzó el 71,7 %.

La encuesta fue difundida en un momento especialmente sensible. Corea del Sur prepara una reforma de su planificación de defensa que deberá abordar, entre otros asuntos, el futuro del sistema de reclutamiento. El Gobierno ya ha reconocido que la reducción de la población joven está convirtiendo en un problema estructural la disponibilidad de efectivos.

Según información publicada por la agencia Yonhap y The Korea Times, el número de hombres en sus 20 años cayó de unos 371.000 en 2015 a aproximadamente 224.000 en 2025. Las proyecciones oficiales apuntan a que esa cifra podría reducirse hasta unos 120.000 para 2043.

La situación obliga a mirar más allá de la tradicional pregunta de quién debe vestir el uniforme. El servicio militar surcoreano fue concebido en un contexto demográfico y estratégico muy diferente. Actualmente, los hombres aptos deben cumplir entre 18 y 21 meses de servicio, mientras que las mujeres pueden incorporarse a las Fuerzas Armadas de manera voluntaria.

La presión no proviene únicamente de los números. La amenaza de Corea del Norte continúa siendo el principal argumento de seguridad detrás del sistema de reclutamiento, y Seúl está tratando de mantener una capacidad militar creíble mientras disminuye la cantidad de jóvenes disponibles para servir.

El presidente Lee Jae Myung ha planteado una reforma más amplia de las Fuerzas Armadas, incluida una evolución hacia un modelo de reclutamiento selectivo y una fuerza militar más tecnológica. Reuters informó en marzo que el Gobierno buscaba adaptar el sistema a los cambios demográficos y a las nuevas necesidades de defensa, manteniendo al mismo tiempo la preparación frente a Corea del Norte.

Y es que la naturaleza de la guerra también está cambiando. Los drones, los sistemas de vigilancia, la inteligencia artificial, la guerra electrónica y otras tecnologías reducen la importancia que alguna vez tuvieron ciertas diferencias físicas entre los soldados. Para algunos sectores, esto facilita el argumento de que las mujeres pueden desempeñar una gama mucho más amplia de funciones militares.

Sin embargo, el debate está lejos de resolverse. Algunos expertos consideran que ampliar el reclutamiento podría ayudar a enfrentar la escasez de personal, mientras otros sostienen que el país debería concentrarse en una fuerza más pequeña, profesional y tecnológicamente avanzada.

Además, existe una cuestión social difícil de ignorar. Durante décadas, el servicio militar ha representado para los hombres surcoreanos una interrupción considerable de sus estudios, empleos y primeros años de vida profesional. Introducir la misma obligación para las mujeres modificaría de manera profunda esa estructura, pero también obligaría a discutir qué otras responsabilidades sociales siguen distribuyéndose de forma desigual.

La profesora Hyobin Lee, de la Universidad Sogang, explicó a Deutsche Welle que la tradicional división de roles ha asociado a los hombres con la defensa nacional y a las mujeres con la maternidad y el cuidado familiar. A su juicio, el avance de las mujeres en la educación y el mercado laboral ha hecho que algunos jóvenes cuestionen por qué una de las principales obligaciones cívicas continúa recayendo exclusivamente sobre los hombres.

Pero esa comparación tiene un límite importante. Como señaló la propia Lee a DW, las mujeres surcoreanas continúan asumiendo una proporción considerable de las tareas relacionadas con el embarazo, el parto y el cuidado de los hijos. Por ello, una eventual ampliación del servicio militar tendría que considerar también sus consecuencias laborales y familiares.

La cuestión demográfica añade todavía más complejidad. Corea del Sur mantiene una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo, aunque los datos más recientes muestran una ligera recuperación. Reuters informó que la tasa global de fecundidad subió de 0,75 hijos por mujer en 2024 a 0,80 en 2025, después de años de mínimos históricos. El repunte es una señal positiva, pero todavía está muy lejos de revertir el envejecimiento y la reducción de la población en edad militar.

Por eso, la incorporación de mujeres al servicio obligatorio no puede entenderse simplemente como una cuestión de igualdad entre hombres y mujeres. También es una respuesta posible —aunque controvertida— a un problema mucho mayor: cómo sostener la capacidad de defensa de un país cuya población joven se reduce con rapidez.

La misma encuesta mostró, además, que los surcoreanos tienen opiniones divididas sobre el futuro general del reclutamiento. El 47,4 % apoyó un sistema de servicio selectivo o voluntario, frente al 41,9 % que lo rechazó. Sin embargo, cuando se preguntó si ese modelo serviría realmente para resolver la falta de efectivos, el 49,9 % dijo que no, frente al 42,7 % que sí confió en su eficacia.

Ese contraste resulta revelador. Una parte importante de la sociedad parece dispuesta a cambiar el modelo actual, pero no necesariamente confía en que una transición hacia un sistema más voluntario pueda garantizar por sí sola suficientes soldados.

La decisión, por tanto, será mucho más complicada que modificar una norma de reclutamiento. Corea del Sur tendrá que decidir qué tamaño debe tener su ejército, qué funciones deben desempeñar los seres humanos frente a las nuevas tecnologías, cómo repartir las obligaciones de defensa y, sobre todo, cómo mantener una fuerza militar eficaz en una sociedad que envejece rápidamente.

El debate sobre el servicio militar femenino apenas comienza. La encuesta demuestra que la idea ya no provoca el rechazo automático que durante años acompañó la discusión. Pero convertir ese cambio de opinión en una política pública requeriría todavía resolver cuestiones legales, operativas, laborales y sociales de enorme alcance.