La advertencia del canciller cubano sobre una eventual acción militar estadounidense coincide con reportes sobre preparativos militares de Washington, aunque Donald Trump afirmó este sábado que espera alcanzar un acuerdo con La Habana y que no considera necesario recurrir al Ejército.

La tensión entre Estados Unidos y Cuba volvió a ocupar el centro de la agenda internacional este sábado, después de que el canciller cubano, Bruno Rodríguez, advirtiera ante la Asamblea General de Naciones Unidas que La Habana espera que nunca llegue a producirse una intervención militar estadounidense contra la isla.

Rodríguez afirmó durante su discurso que Cuba mantiene su derecho a defenderse en caso de una agresión y sostuvo que una operación militar estadounidense provocaría muertes y una amplia destrucción. El funcionario presentó la situación como una amenaza que su gobierno considera vigente y vinculó sus declaraciones con el incremento de la presión de Washington sobre La Habana.

La advertencia cubana coincidió, sin embargo, con una declaración de Donald Trump que apunta en una dirección distinta. El presidente estadounidense dijo este sábado en la Casa Blanca que espera que Estados Unidos y Cuba alcancen un acuerdo y aseguró que, en su opinión, no será necesario utilizar al Ejército. La declaración fue reportada por Reuters después de que el mandatario respondiera a preguntas de periodistas.

La aparente contradicción entre ambos discursos refleja la incertidumbre que rodea actualmente la relación bilateral. Mientras La Habana denuncia una amenaza militar, Washington mantiene una combinación de presión política y económica y, al mismo tiempo, deja abierta la posibilidad de una salida negociada.

La preocupación cubana se intensificó después de que CBS News informara el viernes que el Ejército de Estados Unidos está evaluando la disponibilidad de unidades de policía militar, personal médico y otros elementos de apoyo para el Comando Sur durante los próximos cuatro meses. El documento interno revisado por la cadena no menciona expresamente a Cuba, pero funcionarios estadounidenses consultados por CBS señalaron que la solicitud forma parte de la planificación militar relacionada con posibles contingencias en la isla.

Existe, no obstante, una diferencia fundamental entre preparar capacidades militares para una eventual contingencia y autorizar una operación. CBS señaló que el documento no contiene órdenes de despliegue para las unidades mencionadas. Tampoco demuestra que el presidente Trump haya decidido emprender una acción militar contra Cuba.

Los reportes sobre planificación militar se producen después de que Trump endureciera su discurso sobre Cuba durante la Asamblea General de la ONU. En su intervención del 22 de septiembre, el presidente estadounidense calificó al gobierno cubano de Estado fallido y afirmó que la libertad llegaría a la isla. La delegación cubana abandonó la sala durante el discurso, según reportó Reuters.

El gobierno estadounidense también ha incrementado la presión económica y política sobre La Habana. Esta estrategia se suma a las declaraciones de altos funcionarios estadounidenses que han reclamado cambios políticos en Cuba y cuestionado la permanencia del actual sistema de gobierno.

Frente a ese escenario, Rodríguez sostuvo que una intervención militar carecería de justificación y tendría consecuencias graves para ambos países. El canciller cubano ya había declarado el viernes a NBC News que Estados Unidos no podría encontrar una justificación para atacar la isla y rechazó la posibilidad de que Washington repitiera en Cuba una operación militar como la desarrollada anteriormente en Venezuela.

La referencia a Venezuela adquiere especial importancia dentro del discurso cubano. La política estadounidense hacia Caracas se ha convertido en uno de los antecedentes utilizados por La Habana para advertir sobre el riesgo de una escalada regional. Sin embargo, las circunstancias políticas y militares de ambos países son diferentes, por lo que cualquier comparación debe manejarse con cautela.

Por ahora, no existe una confirmación pública de que Washington haya ordenado una intervención militar en Cuba. Lo que sí está documentado es la existencia de planificación para posibles contingencias, un incremento de la presión política y económica y una retórica mucho más dura por parte de la administración estadounidense.

Al mismo tiempo, la declaración de Trump del sábado introduce un elemento diplomático relevante. El presidente estadounidense afirmó que espera alcanzar un acuerdo con Cuba y añadió que quiere ayudar a la población cubana y abrir el país, mencionando también a los cubano-estadounidenses que desean regresar a la isla.

La combinación de ambas señales deja abierto un escenario en el que la presión y la negociación avanzan simultáneamente. La Casa Blanca no ha anunciado una decisión de intervenir militarmente, mientras que el gobierno cubano sostiene que se prepara para defenderse ante cualquier eventual agresión.

La evolución de la relación dependerá ahora de las decisiones que adopten ambos gobiernos y de si los canales diplomáticos consiguen producir algún entendimiento. La próxima etapa será especialmente relevante porque las declaraciones públicas de Washington y La Habana se producen en un momento de elevada tensión internacional y después de una Asamblea General de Naciones Unidas marcada por fuertes enfrentamientos diplomáticos.

Por el momento, el dato central es que la posibilidad de una acción militar estadounidense forma parte del debate político y de la planificación de contingencias, pero no existe evidencia pública de una orden presidencial para ejecutarla. En paralelo, Trump sostiene que espera resolver la situación mediante un acuerdo, mientras Cuba insiste en que cualquier ataque encontraría una respuesta defensiva.