Las estafas sentimentales están entrando en una nueva etapa: personajes digitales cada vez más convincentes, voces artificiales y conversaciones personalizadas permiten construir vínculos ficticios con víctimas antes de solicitarles dinero.
Durante años, una estafa sentimental podía comenzar con una fotografía robada y algunas conversaciones cuidadosamente preparadas. El delincuente fingía ser otra persona, ganaba la confianza de su víctima y, cuando el vínculo parecía suficientemente sólido, aparecía una emergencia que requería dinero. La inteligencia artificial está haciendo que ese engaño resulte mucho más convincente.
Ahora es posible fabricar rostros que no pertenecen a ninguna persona real, generar fotografías inexistentes y producir voces capaces de imitar características humanas con gran precisión. INTERPOL ha advertido que estas herramientas ya están siendo utilizadas para crear perfiles y contenidos falsos destinados, entre otros fines, a las estafas sentimentales y a otras formas de manipulación social.
El cambio es especialmente importante porque estas estafas no dependen principalmente de conocimientos informáticos. Su verdadero mecanismo está en la psicología. El delincuente busca provocar confianza, afecto, preocupación o incluso miedo. La tecnología simplemente permite hacerlo a una escala mayor y con una apariencia más creíble.
El Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos explica que los estafadores suelen construir rápidamente una relación afectiva con la víctima y después utilizan esa confianza para solicitar dinero. Pueden inventar problemas médicos, dificultades legales, viajes que no pueden pagar o cualquier otra situación urgente. La historia cambia, pero el objetivo permanece: conseguir que la persona actúe emocionalmente antes de detenerse a comprobar los hechos.
Los personajes artificiales añaden una dificultad nueva. Una fotografía puede mostrar a alguien que nunca existió. Un video puede aparentar que esa persona está hablando frente a una cámara. Y una llamada puede utilizar una voz sintética para reforzar la ilusión. INTERPOL señaló en 2024 que la inteligencia artificial generativa estaba siendo empleada para crear avatares humanos realistas y manipular voces, imágenes y textos con fines de engaño.
La amenaza tampoco se limita a las aplicaciones de citas. Las redes sociales ofrecen una enorme cantidad de información personal que puede utilizarse para construir conversaciones aparentemente espontáneas. Una publicación sobre un familiar, una afición, un viaje o una preocupación puede convertirse en una pieza del guion. El estafador no necesita adivinar completamente qué decir: buena parte de la información puede estar expuesta públicamente.
Los datos más recientes muestran la dimensión económica del problema. El Centro de Denuncias de Delitos por Internet del FBI informó que en 2025 recibió más de 22.000 denuncias relacionadas con delitos que incorporaban inteligencia artificial, con pérdidas superiores a 893 millones de dólares. Dentro de ellas, las estafas sentimentales y de confianza asociadas probablemente con inteligencia artificial provocaron pérdidas superiores a 19 millones de dólares.
La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos también encontró una fuerte relación entre redes sociales y este tipo de fraude. Según datos publicados en 2026, casi seis de cada diez personas que informaron haber perdido dinero en una estafa sentimental durante 2025 dijeron que el contacto comenzó en una plataforma social. La cifra ayuda a entender por qué estos espacios resultan tan atractivos para los delincuentes: reúnen enormes cantidades de posibles víctimas y, al mismo tiempo, información suficiente para personalizar el engaño.
Existe además un componente especialmente cruel. Cuando una persona descubre que la relación era falsa, la pérdida no es solamente económica. Puede aparecer vergüenza, culpa, aislamiento y la sensación de haber sido engañada por alguien en quien realmente confiaba. Precisamente por eso los especialistas insisten en que las víctimas no deben ser tratadas como personas ingenuas. La manipulación emocional puede afectar a cualquiera.
La señal de alarma más importante sigue siendo sorprendentemente sencilla: alguien conocido únicamente por internet empieza a pedir dinero. El FBI recomienda avanzar despacio, formular preguntas y comprobar la identidad de la persona. La Comisión Federal de Comercio aconseja hablar con alguien de confianza y realizar búsquedas sobre la fotografía y la identidad utilizada.
La inteligencia artificial no ha inventado el fraude sentimental. Lo que está haciendo es perfeccionar sus herramientas. Un delincuente que antes necesitaba fotografías robadas, tiempo y capacidad para mantener varias conversaciones puede disponer ahora de recursos que facilitan la creación de identidades completas y contenidos personalizados.
Por eso, la defensa más importante sigue siendo humana. Ante una historia demasiado perfecta, una emergencia repentina o una persona que evita constantemente cualquier verificación independiente, conviene detenerse. El afecto puede ser auténtico aunque la persona del otro lado no lo sea. Y cuando una tecnología está diseñada para hacernos sentir que conocemos a alguien, quizá la primera pregunta que debemos hacernos sea precisamente quién está realmente detrás de la pantalla.


