El Gobierno de México puso en marcha una estrategia nacional que llevará actividades de educación socioemocional a secundarias y bachilleratos, con acompañamiento para estudiantes, docentes y familias, mientras crece el debate sobre el impacto de los celulares y las redes sociales en la vida escolar.
Con el regreso a clases del ciclo escolar 2026-2027, la salud mental de los adolescentes ocupó un lugar central en la agenda educativa del Gobierno de México. La presidenta Claudia Sheinbaum encabezó este lunes el arranque de “El ABC de las emociones”, una estrategia nacional dirigida principalmente a estudiantes de tercero de secundaria y de educación media superior.
La propuesta parte de una idea sencilla, pero que durante mucho tiempo quedó relegada en las aulas: aprender también significa reconocer lo que se siente, saber pedir ayuda y contar con adultos capaces de escuchar. Por ello, el programa plantea dedicar al menos una hora semanal a actividades relacionadas con las emociones, además de incorporar a docentes, madres, padres y personas cuidadoras.
Durante la presentación, Sheinbaum sostuvo que el propósito es construir una red de acompañamiento alrededor de los jóvenes. La presidenta insistió en que las escuelas, las familias y las instituciones públicas deben trabajar de manera conjunta para enfrentar los problemas emocionales que pueden surgir durante la adolescencia.
La estrategia está dirigida a jóvenes de entre 14 y 18 años y busca mantener un enfoque preventivo, comunitario y territorial. De acuerdo con información de la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones, el objetivo es proporcionar herramientas para reconocer, comprender y gestionar las emociones, fortalecer el bienestar emocional y crear entornos protectores dentro y fuera de las escuelas.
El plan no se limita a repartir materiales. La Secretaría de Educación Pública informó que se distribuirán 16 millones de orientaciones impresas: 7.5 millones destinadas a estudiantes, 7.5 millones a madres y padres de familia y un millón a docentes. También se contempla la distribución de 250 mil carteles con mensajes relacionados con el cuidado de la salud mental.
La cifra de materiales merece una precisión. Cuando la estrategia fue presentada originalmente en abril se habló de 18 millones de guías; sin embargo, la actualización difundida por la SEP el 29 de agosto estableció en 16 millones el número de ejemplares impresos que serán distribuidos durante el ciclo escolar. Esta última cifra es la que corresponde a la fase actualmente anunciada.
Además de las actividades en el salón de clases, el programa contempla asambleas informativas con las familias, pláticas interactivas, brigadas del sector salud, acciones comunitarias y el fortalecimiento de la Línea de la Vida. El número 800 911 2000 continuará disponible para orientación en materia de salud mental.
La estrategia ya había comenzado a probarse antes del regreso generalizado a clases. Según la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones, en mayo se inició una primera etapa de visitas a escuelas y, para julio, más de 13 mil estudiantes de secundaria y preparatoria habían recibido información sobre cuidado emocional, convivencia, redes de apoyo y detección de señales de alerta.
En esas primeras actividades participaron instituciones como la SEP, la Secretaría de Salud, la CONASAMA, el IMSS, el ISSSTE, el IMSS-Bienestar, el Instituto Mexicano de la Juventud y otras dependencias. El objetivo es que la atención no dependa exclusivamente de los servicios especializados, sino que las comunidades escolares puedan identificar tempranamente situaciones que requieran apoyo.
Y es que uno de los principales cambios que propone el programa consiste precisamente en hablar antes de que el problema se agrave. La prevención puede ser tan cotidiana como abrir un espacio para preguntar a un estudiante cómo se siente, detectar cambios de conducta o explicarle que pedir ayuda no es una señal de debilidad.
La estrategia también incorpora un elemento que atraviesa buena parte de la vida cotidiana de los adolescentes: las redes sociales y los dispositivos digitales.
En paralelo al lanzamiento del programa de salud mental, la SEP presentó los resultados de una consulta nacional sobre el uso de celulares en las escuelas. Participaron 565 mil 396 maestras y maestros, y 81 por ciento se pronunció a favor de establecer reglas para garantizar un uso seguro y con fines pedagógicos de estos dispositivos.
Los resultados muestran por qué el tema forma parte de la discusión educativa. El 48 por ciento de los docentes consultados señaló dificultades para mantener la atención de los estudiantes debido al uso del celular, mientras que 38 por ciento reportó interrupciones en las actividades escolares. Además, 34.8 por ciento observó un deterioro de la convivencia y 38.7 por ciento identificó conflictos originados en redes sociales que posteriormente llegan a las escuelas.
Mario Delgado, secretario de Educación Pública, señaló que la regulación no busca únicamente restringir los teléfonos, sino establecer criterios de uso acordes con la edad y con las necesidades pedagógicas de los alumnos. La SEP también reportó que 51 por ciento de los docentes consultados considera necesario contar con protocolos para atender situaciones de riesgo y establecer acuerdos con las familias.
El planteamiento coincide con uno de los ejes que el Gobierno federal ha venido incorporando a “El ABC de las emociones”: enseñar a los jóvenes a relacionarse de manera más responsable con la tecnología. El reto es delicado porque el celular puede ser al mismo tiempo una herramienta educativa, una vía de comunicación y una fuente de distracción, presión social o exposición a violencia digital.
La Organización Mundial de la Salud y otros organismos internacionales han insistido en que la salud mental durante la adolescencia requiere intervenciones tempranas y entornos protectores. En ese sentido, la apuesta mexicana se acerca a un modelo de prevención que pretende involucrar no solamente a especialistas, sino también a quienes conviven diariamente con los estudiantes.
La propia CONASAMA ha explicado que las brigadas acudirán a las escuelas para conversar sobre estrés, presión social, redes sociales, ansiedad, violencia digital y otros asuntos que pueden resultar difíciles de expresar. La intención es que los adolescentes sepan identificar lo que sienten y conozcan las alternativas disponibles cuando una situación rebasa sus propias herramientas.
También se prevé fortalecer los Centros Comunitarios “México Imparable”, donde se combinarán actividades deportivas, culturales y espacios relacionados con la salud mental. El Gobierno federal contempla alcanzar 100 de estos centros, con una primera meta de 60 durante este año.
Otro momento importante será el 23 de septiembre, fecha que se establecerá como el Día del ABC de las emociones. Ese día se reforzarán las actividades de lectura, reflexión y diálogo en las escuelas, con la participación de servidores públicos y brigadas de salud.
El programa llega, además, en un momento en que la escuela enfrenta desafíos que ya no terminan cuando suena la campana de salida. El acoso, los conflictos digitales, la presión por pertenecer a determinados grupos y la exposición permanente a contenidos en redes sociales pueden trasladarse del teléfono al salón de clases y viceversa.
Por eso, el éxito de “El ABC de las emociones” dependerá menos del número de folletos distribuidos que de lo que ocurra después con ellos. Una guía puede ofrecer información, pero no sustituye una conversación. Una hora semanal puede abrir una puerta, pero será insuficiente si un estudiante no encuentra posteriormente a quién acudir cuando necesita ayuda.
La apuesta más relevante del programa, en ese sentido, consiste en convertir la salud mental en un asunto cotidiano de la comunidad escolar y no únicamente en un tema que aparece cuando existe una crisis. Esa transformación puede parecer discreta, pero representa un cambio importante: pasar de reaccionar ante el problema a intentar reconocerlo antes.
En el inicio de un nuevo ciclo escolar, millones de estudiantes regresaron a las aulas con expectativas, preocupaciones y experiencias muy distintas. El desafío para las autoridades educativas será conseguir que “El ABC de las emociones” no se quede en una campaña más, sino que se convierta en una práctica constante de escucha, prevención y acompañamiento.


