La ocupación hotelera promedio del Caribe mexicano cayó a 56.1 por ciento durante la semana del 15 al 21 de agosto, con fuertes diferencias entre destinos y señales de una desaceleración que llega justo antes del inicio de la temporada de menor afluencia turística.
El verano todavía no termina formalmente, pero el sector turístico de Quintana Roo ya enfrenta un escenario de menor demanda. La ocupación hotelera promedio del Caribe mexicano se ubicó en 56.1 por ciento durante la semana del 15 al 21 de agosto, de acuerdo con el Sistema de Información Turística de Quintana Roo.
El dato refleja una realidad desigual entre los principales destinos. Holbox encabezó el registro con 75.2 por ciento de ocupación, seguida de Isla Mujeres, con 71.2 por ciento, y Costa Mujeres, con 64 por ciento.
Cancún, el principal polo turístico del estado, alcanzó 62.9 por ciento, mientras que Tulum registró 56.4 por ciento y Cozumel 56.2 por ciento.
En la parte baja del indicador aparecieron Riviera Maya, con 49.8 por ciento; Grand Costa Maya, con 49.3 por ciento, y Puerto Morelos, con 46.5 por ciento.
La fotografía es relevante porque no se trata todavía de una etapa avanzada de la temporada baja. La reducción de visitantes comienza a sentirse antes de septiembre, un periodo en el que tradicionalmente disminuye la actividad turística después del verano.
Los datos del Sistema de Información Turística de Quintana Roo, conocido como SiturQ, son elaborados con información de asociaciones hoteleras, autoridades municipales de turismo, organismos de promoción turística y operadores aeroportuarios. El sistema estatal tiene precisamente entre sus objetivos monitorear la evolución de la actividad turística y sus principales indicadores.
La cifra semanal también contrasta con el comportamiento registrado al comienzo de agosto. El 11 de agosto, autoridades turísticas estatales reportaban una ocupación promedio cercana a 67 por ciento durante las vacaciones de verano. En apenas unas semanas, el indicador descendió de manera considerable conforme se aproximó el regreso a clases.
La caída no afecta de la misma manera a todos los destinos. Holbox e Isla Mujeres conservan una posición relativamente sólida, mientras que Puerto Morelos y algunos puntos de la Riviera Maya enfrentan niveles inferiores al 50 por ciento.
La diferencia tiene que ver, entre otros factores, con el perfil de cada destino. Algunos mercados mantienen una demanda más especializada y menos dependiente del turismo masivo de temporada, mientras que otros dependen en mayor medida de grandes volúmenes de visitantes nacionales y extranjeros.
La conectividad aérea representa otro elemento decisivo. Una menor disponibilidad de vuelos puede traducirse rápidamente en menos turistas y, posteriormente, en habitaciones vacías. Para un destino cuya economía depende en gran medida del turismo, la relación es bastante directa: menos asientos disponibles significan menos posibilidades de llenar hoteles.
El secretario de Turismo de Quintana Roo, Bernardo Cueto Riestra, ya había advertido a comienzos de agosto que las aerolíneas estaban reduciendo algunas frecuencias hacia el Caribe mexicano debido, entre otros factores, al incremento de los costos del combustible. En ese momento también señaló que la disponibilidad de asientos provenientes principalmente de Estados Unidos había disminuido alrededor de 10 por ciento.
El problema de la conectividad se suma a otros factores que han complicado el desempeño turístico. Entre ellos aparece el recale de sargazo, particularmente relevante para destinos como Tulum y Playa del Carmen, además de la incertidumbre económica internacional que puede llevar a algunos viajeros a retrasar o modificar sus planes.
El comportamiento de agosto confirma que la recuperación del turismo no es uniforme. Mientras algunos destinos mantienen niveles superiores al 70 por ciento, otros se encuentran muy por debajo de esa cifra y comienzan a enfrentar una temporada de menor demanda antes de lo deseable para el sector.
Para los hoteleros, una ocupación inferior al 60 por ciento no significa necesariamente una crisis generalizada, pero sí obliga a ajustar expectativas. La rentabilidad de los establecimientos depende también de tarifas, costos operativos, personal, servicios y duración de las estancias.
Además, una caída prolongada puede repercutir en otras actividades que viven del turismo. Restaurantes, operadores de excursiones, transportistas, comercios y prestadores de servicios sienten rápidamente cuando disminuye el flujo de visitantes.
En Quintana Roo, esa relación es especialmente importante. El turismo constituye uno de los principales motores de la economía estatal y genera una amplia cadena de empleos que va mucho más allá de los hoteles.
El escenario también muestra por qué no basta con observar el promedio estatal. Una ocupación de 56.1 por ciento puede ocultar situaciones muy diferentes: mientras Holbox supera 75 por ciento, Puerto Morelos apenas alcanza 46.5 por ciento.
Para el visitante, esa diferencia puede incluso representar oportunidades. Una menor presión sobre la demanda puede favorecer promociones, tarifas más competitivas y mayor disponibilidad en determinados destinos. Para los empresarios, en cambio, significa enfrentar una etapa en la que deberán competir con mayor intensidad por cada reserva.
La temporada baja también pondrá a prueba la capacidad del Caribe mexicano para diversificar sus mercados. Depender menos de los picos vacacionales y atraer visitantes mediante turismo de reuniones, bodas, experiencias culturales, naturaleza y otros segmentos puede ayudar a reducir la volatilidad de la ocupación.
El desafío es particularmente importante para destinos que ya presentan niveles inferiores al promedio. Si la demanda continúa debilitándose durante septiembre, la diferencia entre los centros turísticos con mayor capacidad de atracción y aquellos con menor flujo podría ampliarse.
Por ahora, los indicadores no permiten hablar de un desplome generalizado del turismo en Quintana Roo. Los destinos continúan recibiendo visitantes y algunos mantienen ocupaciones relativamente altas. Pero tampoco sería prudente ignorar la señal que ofrece el promedio de 56.1 por ciento.
El dato muestra que el Caribe mexicano llega al cierre del verano con una desaceleración visible y con varios factores externos que pueden influir en el comportamiento de las próximas semanas.
La conectividad aérea, los costos de viaje, el comportamiento de los mercados internacionales y la percepción de los destinos serán determinantes. También lo será la capacidad de los empresarios para mantener atractiva la oferta cuando disminuya el flujo de turistas.
La temporada baja apenas comienza a asomarse y Quintana Roo tendrá que enfrentarla con una realidad que ya se refleja en sus hoteles: no todos los destinos parten del mismo lugar y la competencia por los visitantes será más intensa.


