El ejercicio no solo fortalece músculos y resistencia: la evidencia científica muestra efectos favorables sobre la cognición y la función cerebral, mientras las universidades de Yucatán amplían sus espacios y programas deportivos como parte de la formación integral.
Cada 20 de septiembre se conmemora el Día Internacional del Deporte Universitario, una fecha promovida por la UNESCO y la Federación Internacional de Deporte Universitario para reconocer el papel del deporte dentro de la educación superior. La efeméride no se limita a celebrar competencias o medallas. También plantea una pregunta cada vez más relevante: ¿qué ocurre en el cerebro de un estudiante cuando incorpora actividad física a su vida cotidiana?
La respuesta de la ciencia es más interesante que la vieja idea de que estudiar y hacer ejercicio son actividades que compiten por el mismo tiempo. Una revisión sistemática publicada en 2024 en Cureus analizó 17 investigaciones sobre ejercicio aeróbico y neuroplasticidad. Sus autores encontraron evidencia de cambios en la excitabilidad cortical y en estructuras cerebrales asociados con la actividad física, además de efectos favorables sobre procesos cognitivos.
La evidencia más reciente amplía ese panorama. Un metaanálisis publicado en 2025 en Psychological Bulletin reunió 30 revisiones sistemáticas que, en conjunto, incluyeron 383 estudios y más de 18,000 participantes. Los investigadores encontraron que una sesión de ejercicio puede producir mejoras pequeñas o moderadas en funciones como la atención, las funciones ejecutivas, la memoria y el procesamiento de información, particularmente cuando las evaluaciones cognitivas se realizan después de la actividad.
Otro análisis publicado ese mismo año en British Journal of Sports Medicine revisó 133 estudios sistemáticos que reunieron más de 2,700 ensayos clínicos y 258,000 participantes. Sus resultados asociaron el ejercicio con mejoras en cognición general, memoria y funciones ejecutivas. Es importante hacer una precisión: estos resultados no significan que practicar deporte garantice mejores calificaciones ni que sustituya las horas de estudio. La actividad física es un factor que puede favorecer determinados procesos cognitivos, pero el desempeño académico depende de múltiples variables.
La neuroplasticidad ayuda a comprender por qué existe esta relación. El cerebro conserva capacidad para modificar su funcionamiento y sus conexiones en respuesta a experiencias y estímulos. El ejercicio interviene en procesos fisiológicos relacionados con el flujo sanguíneo cerebral, la actividad neuronal y otros mecanismos que pueden contribuir a la adaptación del sistema nervioso. La ciencia, sin embargo, todavía estudia cómo varían estos efectos según la intensidad, duración, frecuencia y tipo de actividad.
En Yucatán, esta conversación también tiene un componente concreto: los espacios donde los estudiantes pueden practicar deporte. La Universidad Autónoma de Yucatán mantiene un Programa Institucional de Cultura Física y Deporte y cuenta con un Centro Deportivo Universitario, además de diversas sedes utilizadas para actividades físicas. En 2025, la Facultad de Contaduría y Administración inauguró un nuevo espacio deportivo para estudiantes, docentes y personal administrativo, destinado a disciplinas como basquetbol, voleibol y fútbol sala.
La UADY también mantiene una estructura orientada al alto rendimiento. Durante la Universiada Nacional 2025 participó con una delegación de 112 atletas en 14 disciplinas, entre ellas levantamiento de pesas, taekwondo, tenis, futbol, voleibol, atletismo, natación y gimnasia. La institución cuenta además con convocatorias de becas dirigidas a deportistas de alto rendimiento.
Estos datos permiten hablar de una infraestructura y una oferta deportiva existentes y en expansión, pero no justifican afirmar que todas las universidades del estado tengan las mismas condiciones ni que exista un déficit generalizado de instalaciones. La realidad es más desigual y requiere diagnósticos específicos por institución, matrícula, disciplina y disponibilidad de espacios.
Y es que el deporte universitario tiene una dimensión que suele perderse cuando todo se mide en medallas. Para un estudiante que pasa buena parte del día sentado frente a una pantalla, una cancha, una pista o un gimnasio también pueden convertirse en espacios para reducir el sedentarismo, convivir y recuperar energía mental.
La UNESCO plantea precisamente esa dimensión social al presentar el deporte universitario como un vehículo de valores, respeto, juego limpio y excelencia. La evidencia científica añade otra pieza: mover el cuerpo también puede favorecer determinadas funciones cerebrales.
El reto para las universidades no consiste entonces en colocar deporte y rendimiento académico en lados opuestos. Se trata de integrarlos. Un campus que facilita la actividad física no promete automáticamente mejores calificaciones, pero sí puede ofrecer a sus estudiantes una herramienta adicional para cuidar su salud, su bienestar y las capacidades cognitivas que necesitan dentro y fuera del aula.

