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El diáologo entre Calderón y Sicilia: un aliento de esperanza

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Por primera vez el presidente Felipe Calderón mostró un rostro pleno de solidaridad con su pueblo, y aunque admitió no puede ni podrá borrar jamás el dolor de las familias de las víctimas, hizo un compromiso con ellos: darle un sentido responsable a su lucha contra el crimen organizado que tiene aterrorizado a todo un país.

NO fue un encuentro entre posturas políticas o partidistas, fue un duro reclamo por los “daños colaterales” de una guerra que sigue siendo considerada a pesar de todo como un grave error del mandatario. Sin embargo, hoy el presidente se mostró como el ser humano que todos querían ver: sin cortapisas ni camuflages, desnudo ante el dolor, solo frente a su pueblo dolido y sumergido en el llanto de la desconsolación.

Bien por el presidente Calderón, que en su momento más crítico aceptó que las instituciones están “podridas” de corrupción. “Pero había que dar la lucha” afirmó porque no había de otra.

Y fue a través de su voz, que nos enteramos los mexicanos de cuan dramática es la situación crítica de seguridad pública en México, el presidente nos mostró la triste y penosa realidad: el narcotráfico es poderoso gracias a la impunidad que le brinda la corrupción. Y aunque no lo exhimimos de culpa, se admite que es de valientes el aceptar públicamente que el México que gobierna está lleno de corrupción y no se ha podido vencer ni en lo mínimo.

Así fue el diálogo central entre gobernante y su pueblo, que le pide modifique su política de seguridad pública abriendo la posibilidad de dar seguridad al pueblo mientras combate a los mafiosos y delincuentes.

El poeta Javier Sicilia inició la ronda de diálogo con el presidente Felipe Calderón con la solicitud de un minuto de silencio “por todas las víctimas de esta guerra sin sentido”.

“También hizo un reclamo porque si la autoridad hubiera hecho lo que le corresponde no hubiera sucedido nada”.

El presidente Calderón en su primera participación dijo coincidir con Sicilia sobre la importancia de tener un país en paz. Y expresó que entiende el reclamo y le duele también las muertes de gente inocente, pero dijo también “tú Javier también harías lo mismo, estoy seguro, porque no podemos dejar que los delincuentes estén allí sin que nadie haga nada”. El presidente sentenció “así tenga solo piedras en las manos, enfrentaré a la delincuencia porque estoy convencido de que la lucha se tiene que dar para que los mexicanos puedan vivir en paz”.

“Hemos venido hasta aquí para que nos hagan justicia”, dijo Sicilia, quien al arranque del encuentro presentó un pliego de propuestas para avanzar hacia la paz y la reconciliación, no sin antes acusar al gobierno federal de ser corresponsable de las 40 mil muertes producto de la guerra contra el narcotráfico.

Consideró que aunque tienen dudas fundadas del diálogo lo aceptan porque creen que, a menos que el corazón se haya oscurecido a modos demoniacos, habrá quien escuche.

Dijo que no es una guerra nuestra sino de ustedes y el narcotráfico.

No son ustedes responsables del pudrimiento de instituciones pero sí han estado ahí.

“Son responsables de tratar el problema de la droga como de seguridad nacional y no de salud pública”.

Uno de los familiares de las víctimas le dijo al presidente: “no creo que quiera usted ser recordado como el presidente de los 40 mil muertos” …

El diálogo tuvo de todo y para todos, el presidente escuchó a todos y a todo le dio su tiempo y respuesta, hasta alcanzar un acuerdo de más diálogo, ahora con respuestas concretas y directas. El pueblo de México por fin fue escuchado, aunque el reclamo sigue allí. Pero ya existe un aliento de esperanza