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El difícil retorno presencial para el actual ciclo escolar 2020-2021

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Para marzo de 2020, cuando se inició el confinamiento que conllevó a la instauración del sistema en línea o a distancia, se suponía que la contingencia sería un par o tres meses. Sin embargo, no pudimos regresar a las clases ni con la nueva normalidad y no quedo otro remedio que iniciar el actual curso 2020-2021 en la modalidad a distancia. No existieron para ese entonces, como hasta este momento, condiciones mínimas para un regreso a las aulas, ni con la alternativa híbrida que combina una mitad presencial en determinados días de la semana combinados con actividad a distancia en aquellos cuando los alumnos no se presenten en la escuela.

Contra lo que se había anunciado inicialmente con respecto al plan de vacunación nacional, ahora que se termina el tiempo de la aplicación de la dosis a adultos mayores – es decir, 60 años en adelante – de forma conjunta a la programación de adultos de 50 a 60 años, el gobierno federal ha emprendido el esfuerzo para la vacunación de los maestros y con ello abrir las clases para antes de concluir el ciclo 2020-2021.

Sin embargo, hay diversas situaciones que no se consideran desde el proceso de toma de decisiones en escritorio, alejados de la operación real y cotidiana de la práctica docente y las características del sistema educativo nacional.

Según se ha dicho, aplicada la vacuna Cansino de una sola aplicación, implicaría un tiempo de 10 días o dos semanas para que se desarrollen los anticuerpos necesarios de protección. Por lo cual, en el caso de Yucatán que contempla el periodo del 18 al 21 próximos para la vacunación de los docentes, el 7 de junio sería la fecha ideal que según lo informado las escuelas puedan reabrir. Lo que implicaría menos de un mes para clases efectivas, ya que como todos los docentes sabemos, el último mes de ciclo constituye no solamente el cierre que implica las evaluaciones finales y la captura de calificaciones y todos los procesos administrativos para que, según calendario, entre el 6 y 9 de julio se entreguen las boletas a los estudiantes. Esto en educación básica.

En el caso de otros subsistemas como educación media superior o bachillerato el final de curso siempre se da por adelantado. Por ejemplo, para esa fecha en las preparatorias estatales de Yucatán estarán por terminar los exámenes de tercer grado y los primeros y segundos iniciando el último proceso de evaluación. Para los días 17-19 de junio las actividades académicas presenciales habrán concluido para dar lugar a evaluaciones extraordinarias y de planeación y programación de los docentes para el siguiente ciclo.

¿Conviene abrir las escuelas por unos cuantos días de trabajo docente cuando hemos pasado todo un curso escolar a distancia? ¿Bastarán esos días para remediar las consecuencias de rezago o desigualdad que se han producido por esta contingencia sanitaria?

Por otro lado, hay que considera la revisión de las condiciones de las escuelas que han estado desocupadas y que como tal hoy presentan problemas en su infraestructura por la falta de atención y mantenimiento.

¿Están las autoridades educativas listas para solventar TODAS LAS INCIDENCIAS que se requieren resolver para que las escuelas vuelvan a estar funcionales para las actividades escolares en plazo de 15 días? Porque hasta ahora no hay ningún pronunciamiento al respecto.

Una escuela pública requiere, a pesar de la denostación y linchamiento público, de los recursos de “aportaciones voluntarias” de padres de familia al inicio y durante el curso para solventar muchas de las necesidades primarias de la escuela como son los productos para la limpieza y mantenimiento. También se obtiene por recursos ya sea por la renta de la tiendita escolar u otros mecanismos “creativos” de las escuelas que surgen para solventar lo que la autoridad educativa no subsana.

La apertura de escuelas en estos tiempos de la contingencia implicará que ese compromiso de autoridades en cuanto a la dotación de todos los elementos de sanidad sea una realidad y no solo para buenas intenciones y tomarse la foto.

Además, hay otra consideración de no menor consideración. Para la asignación de plazas magisteriales se ha acostumbrado a otorgarlas conforme a la lejanía de la capital, lo que implica que la gran mayoría de plazas en el interior del estado son maestros que no viven en la comunidad, sino que se tiene que desplazar, moverse y en ocasiones, hasta rentar “casa chica” para acudir a sus centros de trabajo. En el caso de entrar por un mes a clases, implicará que estos maestros tengan que ver como solucionan este aspecto. Sobre todo para los maestros que recientemente ha pedido el cambio de la plaza que es efectivo hasta el próximo curso.

Por otro lado, se tenía determinado que después de la vacunación de las personas adultas mayores, otro grupo que sería prioritario sería los que padecían las comorbilidades peligrosas como la hipertensión o diabetes. Hoy parece que eso ya no procede. Por lo cual, la apertura de las escuelas implicará una mayor movilidad de maestros e interacción social que aún pone en riesgo la salud en las personas con esas condiciones médicas. Una realidad muy dura es que aún no hay vacunación para los menores de edad, lo que complica el escenario de transmisión.

¿Qué debería ser más importante? ¿Abrir escuelas para que en el discurso político se afirmé que ya todo regreso a la normalidad? ¿No debería continuarse con la vacunación de las personas con alto riesgo de mortalidad por las comorbilidades que son señaladas como peligrosas al padecer covid-19?

Por eso, es difícil considerar la posibilidad de reabrir las escuelas este curso escolar. Lo que se haga de ahora adelante, con la vacunación y el diagnóstico de la infraestructura educativa para subsanar las deficiencias y cubrir el mantenimiento adecuado, es preparatorio para que sea el próximo curso escolar la reapertura de las escuelas.