Cada 24 de septiembre, el Día Mundial del Gorila llama la atención sobre unos de los primates más emblemáticos de África, mientras la expansión de las redes sociales plantea un desafío adicional al mostrar animales silvestres como si fueran mascotas y facilitar, en algunos casos, el contacto entre compradores y traficantes.

Un gorila detrás de una pantalla puede parecer una imagen inofensiva. Un animal joven sentado junto a una persona, comiendo de su mano o participando en una escena doméstica despierta curiosidad y ternura. Pero esa representación puede esconder una realidad mucho más dura: los grandes primates no son animales domésticos y su captura, transporte y comercio pueden tener consecuencias graves tanto para el individuo como para las poblaciones que sobreviven en libertad.

El 24 de septiembre se celebra el Día Mundial del Gorila desde 2017 como una jornada internacional de sensibilización. La fecha es utilizada por organizaciones de conservación para recordar las amenazas que enfrentan estos animales y promover acciones de protección. Entre ellas aparecen la pérdida de hábitat, la caza furtiva, las enfermedades y el comercio ilegal de ejemplares vivos.

La situación varía según la población. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, IUCN, clasifica al gorila occidental de llanura como críticamente amenazado y al gorila de montaña como amenazado. En el caso de este último, los esfuerzos de conservación han producido resultados relevantes: su categoría mejoró de críticamente amenazado a amenazado en 2008, aunque continúa expuesto a riesgos que requieren vigilancia permanente.

En África central, proteger a los gorilas implica mucho más que vigilar un bosque. Los programas de conservación actuales incorporan a las comunidades locales, la protección de los ecosistemas, la salud animal y humana y la lucha contra las actividades ilegales. La IUCN destacó en 2026 el trabajo desarrollado en el Gran Paisaje de Virunga mediante un enfoque de “Una Salud”, que combina conservación, prevención de enfermedades, medios de vida y participación comunitaria.

El tráfico de ejemplares vivos constituye otra amenaza. Un plan regional de la IUCN para los grandes simios de África central documentó que las crías de gorila son ocasionalmente capturadas y comercializadas como animales de compañía, aunque la mayor parte de la presión sobre los gorilas occidentales está relacionada con la caza para obtener carne y con la pérdida de hábitat. Una cría capturada, además, rara vez representa solamente a un animal: en determinadas circunstancias, la captura de una cría implica la muerte o desplazamiento de adultos que intentan protegerla.

La llegada de este comercio a internet ha complicado todavía más el escenario. En mayo de 2026, WWF, la Asociación de Zoológicos y Acuarios y el Fondo Internacional para el Bienestar Animal publicaron un estudio que identificó más de 1.600 primates anunciados para venta en Facebook, Instagram, TikTok y YouTube durante un periodo de seis semanas en Estados Unidos. No se trató de un estudio específico sobre gorilas, pero sí mostró la dimensión que ha alcanzado el comercio digital de primates.

La investigación científica coincide en que las redes pueden contribuir a normalizar la idea de que un primate es apropiado como mascota. Un estudio publicado en Biodiversity and Conservation en 2025 señaló que las imágenes de primates en situaciones domésticas pueden distorsionar la percepción de sus necesidades y favorecer la aceptación de su tenencia. La misma investigación advierte que los algoritmos orientados a maximizar la interacción pueden amplificar contenidos llamativos o emocionalmente atractivos.

Existe una diferencia fundamental entre exhibir un animal rescatado bajo condiciones controladas y presentar a un ejemplar silvestre como compañero doméstico. En internet, esa diferencia puede desaparecer detrás de unos segundos de video. El espectador ve el momento simpático; rara vez observa el origen del animal, las condiciones de transporte o lo que ocurrió con su grupo.

Por eso las organizaciones internacionales han comenzado a utilizar también las herramientas digitales para combatir el problema. La IUCN desarrolla el proyecto IN-WILD, que emplea información de redes sociales y mercados digitales para mejorar el seguimiento del comercio de fauna y generar indicadores que ayuden a las autoridades. WWF, por su parte, trabaja con plataformas tecnológicas para detectar y retirar publicaciones relacionadas con el comercio ilegal.

La verdad es que una fotografía o un video no demuestran por sí mismos que un animal haya sido traficado. Pero sí pueden contribuir a crear una demanda cuando presentan la vida silvestre como mercancía o entretenimiento. El reto consiste en mirar esas imágenes con otros ojos: detrás de cada gorila que merece un “me gusta” debería existir también una pregunta sobre dónde pertenece realmente.

Y la respuesta es sencilla. En el bosque, con su grupo y dentro de un ecosistema protegido. El futuro del gorila no depende de convertirlo en una celebridad digital, sino de conseguir que las nuevas tecnologías sirvan para detectar el tráfico, reducir la demanda y fortalecer la conservación de los lugares donde todavía puede vivir en libertad.