El Papa León XIV visitará Lourdes este fin de semana, pocos días después de la beatificación del arzobispo Fulton Sheen. De todos los lugares que visitó el Beato Fulton, Lourdes era su santuario mariano favorito.
“De todos los lugares de la Tierra, los tres más queridos para mí son Roma, donde el sucesor de San Pedro, el Vicario de Cristo, sigue alimentando a los corderos y a las ovejas de Cristo; Tierra Santa, por donde caminaron los pies del Verbo de Dios hecho hombre; y Lourdes, el santuario de Nuestra Señora al pie de los Pirineos”, escribió en su autobiografía, Treasure in Clay. Y añadió: “A lo largo de mi vida he realizado unas 30 peregrinaciones al santuario de Nuestra Señora de Lourdes”. Nunca viajaba a Europa sin peregrinar allí.
Una de sus primeras peregrinaciones a Lourdes tuvo lugar mientras estudiaba en Lovaina (Bélgica). En 1924, sólo tenía dinero suficiente para llegar hasta allí. Según recordó en su autobiografía, le dijo a su hermano: “Bueno, si tengo suficiente fe para ir a Lourdes a celebrar el quinto aniversario de mi ordenación, le corresponde a la Santísima Virgen sacarme de allí”.
Se hospedó en uno de los mejores hoteles e hizo una novena, pero al noveno día todavía tenía que pagar la cuenta. Entonces volvió a acudir a María.
“Decidí darle otra oportunidad a la Santísima Virgen —escribió—. Fui a la gruta hacia las diez de la noche. Un corpulento caballero estadounidense me tocó el hombro: ‘¿Es usted un sacerdote estadounidense?’. ‘Sí’. ‘¿Habla francés?’. ‘Sí’. ‘¿Vendría mañana a París con mi esposa y mi hija para hablar francés por nosotros?’. Me acompañó de vuelta al hotel y entonces me hizo quizá la pregunta más interesante que he oído en mi vida: ‘¿Ya ha pagado la cuenta del hotel?’”.
La Santísima Virgen acudió en su ayuda a través de la generosidad de aquel peregrino. El Beato Fulton entabló amistad con la familia, cuyos integrantes “se habían convertido en instrumentos de la Santísima Virgen para salvarme de mis acreedores”.
Una rosa blanca y un “alma necesitada”
El arzobispo Sheen relató otras historias que apenas dan una idea de las muchas bendiciones que encontró en Lourdes. Al terminar sus estudios en Lovaina, escribió que estaba “profundamente preocupado por la posibilidad de que no se me permitiera regresar al santuario de María, pues no sabía qué tarea me asignaría el obispo. Le pedí a la Santísima Virgen que me diera alguna señal de que, pese a lo improbable que parecía mi regreso a Lourdes, ella haría lo que parecía imposible. La señal que le pedí fue esta: que, después de ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa y antes de llegar a la puerta exterior del santuario, una niña de unos 12 años, vestida de blanco, me entregara una rosa blanca”.
No había nadie cerca cuando se aproximaba a la puerta. Pero, al llegar, “una niña de 12 años, vestida de blanco, me entregó la rosa blanca”.
En Peoria, Illinois, Sheen le dijo al párroco de la parroquia a la que había sido destinado que iría a Lourdes al año siguiente. El párroco se preguntó cómo esperaba lograrlo aquel “vicario”. Pero así ocurrió. En 1926, el obispo lo destinó a enseñar en The Catholic University of America, en Washington, y le dijo que “podía ir a Europa para comenzar de inmediato los preparativos” de su curso.
A propósito de episodios como estos y de las oraciones que recibieron respuesta, el teólogo Peter Howard, destacado especialista en Sheen, dijo al National Catholic Register: “Vemos la relación especial y amorosa que Sheen tenía con nuestra Santísima Madre”.
El Beato Fulton hizo otra petición en Lourdes. Solía decir: “Si alguien piensa que las oraciones nunca reciben respuesta, que pida al Señor que le envíe algún sufrimiento para salvar un alma”.
Antes de partir hacia París en un tren nocturno, según relató en su autobiografía, “me apresuré a ir a la gruta y le pedí a la Santísima Virgen que me enviara alguna prueba y algún sufrimiento, o una astilla de la Cruz, para ayudar a un alma. Corrí al hotel y subí tres tramos de escaleras”. Alguien corrió tras él. En el tercer piso se volvió hacia una joven neerlandesa y le preguntó: “¿Me está siguiendo?”. “Sí”, respondió ella, “pero no sé por qué. Lo vi esta tarde en la procesión y decidí que debía hablar con usted”. La joven le dijo que era atea.
Él insistió en que no lo era, “de lo contrario no estaría aquí. Es más probable que haya perdido la fe”. Y le dijo: “Creo que usted es la respuesta a mi oración. Pedí alguna prueba y algún sufrimiento para salvar un alma; usted es esa alma”.
Perdió el tren para permanecer tres días más en Lourdes, “hasta que se confesó y volvió a la vida de la Iglesia”, recordó en su autobiografía. A sus dificultades para llegar a París se sumó otro retraso de tres días debido a diversos contratiempos, errores durante el viaje y penurias. Pero aquella experiencia que había pedido en Lourdes mostró que “también es posible que cualquier miembro, como célula, del Cuerpo Místico de Cristo aplique su astilla de la Cruz a otra alma necesitada”.
Howard dijo al Register que el Beato Fulton Sheen no sólo ayudó a aquella joven a recuperar la fe: “Ese acto también le salvó la vida, porque integrantes de su peregrinación se despeñaron en los Pirineos mientras ella estaba con Sheen”.
“Me convierto en peregrino”
La devoción del arzobispo Sheen a Lourdes también influyó en su asistente y amigo, Mons. Hilary Franco. “Tenía una gran devoción a la Santísima Virgen, tanta que la primera página de todos sus libros más vendidos está dedicada a ella con hermosos títulos”, declaró Mons. Franco al Register. “Pero Lourdes ocupaba un lugar especial. Esto es algo muy personal, porque cambió mi vida”.
Franco recordó que, cuando era un sacerdote joven destinado a una parroquia del Bronx, pidió reunirse con quien entonces era el obispo Sheen, director nacional de la Sociedad para la Propagación de la Fe, para hablar sobre su libro Communism and the Conscience of the West. La cita se fijó para el 29 de agosto de 1959, poco después de que “el obispo hubiera estado en Lourdes en julio de 1959”.
Aquel encuentro lo llevó a convertirse en asistente del obispo Sheen. Comenzó ayudándolo con las comisiones preparatorias del Concilio Vaticano II y después colaboró con él en la sociedad misionera internacional.
“Lourdes ocupaba un lugar especial en su corazón”, recordó Mons. Franco. “Su devoción a Nuestra Señora de Lourdes era increíble. Lourdes era el primer lugar de su lista”. Después de convertirse en colaborador de Sheen, ambos viajaron como peregrinos. “Fuimos juntos a Lourdes varias veces”.
En su libro Bishop Sheen: Mentor and Friend, Mons. Franco relata que Sheen “reconoce que Lourdes es su lugar favorito. Dice que no puede explicar la influencia que ejerce sobre él, pero que lo que siente es auténtico e importante para él”.
Mons. Franco escribió que, durante uno de sus viajes marianos en tiempos del Concilio Vaticano II, el obispo Sheen le dijo que nunca se cansaba de aquella peregrinación.
“Siempre regreso con una sensación de paz, reconciliación y sanación”, afirmó Sheen. “Son muchos los que acuden esperando una curación milagrosa, pero son aún más los que vienen como nosotros, ‘sanos y fuertes’, creyentes que se vuelven más agradecidos por las muchas bendiciones que Dios les ha concedido y más conscientes de su bondad hacia toda la creación. Lo verdaderamente extraordinario de esta peregrinación a esta pequeña ciudad de los Pirineos es que todos los que la visitan se marchan con la sensación de haber sido sanados, tocados y amados por Dios. […] Todos somos iguales a los ojos de Dios. En cuanto a mí, me convierto en peregrino y olvido por un tiempo que soy obispo”.
Lourdes frente al mundo moderno
Howard, fundador y presidente del Fulton Sheen Institute y del Fulton Sheen Movement, explicó que, en The World’s First Love, el Beato Fulton, quien “siempre buscaba el sentido teológico de la historia”, ofrece una visión más profunda de la relación que veía entre Lourdes y “la época en la que vivimos […], así como del significado de María y de su revelación de quién es ella como la Inmaculada Concepción”. María se apareció a Santa Bernardita Soubirous en 1858, y “las filosofías modernas surgieron en aquella época. Básicamente, Lourdes es el lugar donde la Iglesia respondió al mundo moderno. Así lo veía él y así lo describe”.
En The World’s First Love, Sheen explicó: “La definición de la Inmaculada Concepción tuvo lugar cuando nacía el mundo moderno. Dentro de los cinco años siguientes a esa fecha, y dentro de los seis meses posteriores a la aparición de Lourdes, donde María dijo ‘Yo soy la Inmaculada Concepción’, Charles Darwin escribió El origen de las especies, Karl Marx terminó su Introducción a la crítica de la filosofía de Hegel (‘La religión es el opio del pueblo’) y John Stuart Mill publicó su Ensayo sobre la libertad. En el momento en que el espíritu del mundo estaba elaborando una filosofía que desembocaría en dos guerras mundiales en 21 años y en la amenaza de una tercera, la Iglesia se adelantó para cuestionar la falsedad de la nueva filosofía”.
Howard afirmó que “Sheen veía lo que Dios reveló a través de María —‘Yo soy la Inmaculada Concepción’— como la respuesta a todos esos errores que definirían aquello contra lo que el mundo moderno ha luchado desde entonces. Con una sola afirmación, ella acaba por completo con esas tres filosofías”.
También en The World’s First Love, junto con sus tres lugares favoritos, el Beato Fulton menciona en cuarto lugar a Fátima, que visitó unas diez veces. Al parecer, también encontraba una relación entre Lourdes y Fátima como respuesta a esas filosofías erróneas.
“La diferencia entre Fátima y Lourdes es que Lourdes es el lugar de la fe y Fátima, el escenario de la penitencia”, señaló. Y precisó: “En Lourdes, la Santísima Virgen dijo tres veces: ‘Penitencia, penitencia, penitencia’. En Fátima resuena una y otra vez la misma antífona penitencial”.
Al recordar los relatos del propio Beato Fulton Sheen sobre Lourdes, Howard encuentra otra razón por la que era su lugar favorito. “En algunas de sus historias sobre Lourdes vemos su amor de niño”, dijo, evocando la respuesta que recibió a una de las fervientes peticiones que dirigió a su Madre celestial.
“De pronto, aquella niña vestida de blanco aparece corriendo y le entrega una rosa. Es increíble. Vemos el amor. Vemos la relación especial y amorosa que Sheen tenía con nuestra Santísima Madre”.
ACI PRENSA

