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El poder transformador de la mejora regulatoria

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El PODER TRANSFORMADOR DE LA MEJORA REGULATORIA

Sin duda muchos mexicanos queremos que en México se acaben la corrupción, la desigualdad y la injusticia. Pero realmente entendemos el por qué estos males se han arraigado en nuestro País o seguimos creyendo que el que se acaben depende de un presidente mesiánico que en un dos por tres cambiará todo. ¿Esto es siquiera posible? Vamos a utilizar estas líneas para analizarlo.

Imaginemos que llegó ese día. Con su llegada un nuevo presidente anuncia el fin de estos males en el país. En los primeros días de mandato propondrá una nueva ley, reformas quizás y penas o castigos más severos en las mismas. Y ¿ya está? ¿Con eso estamos del otro lado? Veamos.

Suponga usted que días después de este anuncio, acude a una oficina de gobierno a realizar un trámite para una licencia o permiso y a su llegada, seguramente verá que las nuevas autoridades habrán desplegado material publicitario con la imagen del nuevo gobierno anunciando la llegada de un nuevo modelo de administración pública en el que ahora habrá cero tolerancia a la corrupción. Usted acude a la ventanilla a tramitar su permiso.

Su sorpresa será que seguramente verá a las mismas personas que antes veía. Esto por que ahora con el costo que representa despedir y volver a contratar personal, los que cambian son los mandos superiores e intermedios, siendo que los empleados de atención al público o ventanillas, ya han pasado un buen rato trabajando ahí de una administración a otra lo que hace que estén acostumbrados a esos “cambios”.

Si bien le va le “recetarán” o leerán un nuevo speach donde le dan la bienvenida y le indiquen el mismo mensaje anticorrupción que verá en todos lados. Pero de ahí en fuera, seguramente le solicitarán los mismos o aún más requisitos para realizar el trámite, le tardará el mismo tiempo o más en que le den solución pues “como somos nuevos, todavía estamos aprendiendo”. Y lo peor de todo que seguramente su expediente se “extraviará” por alguna razón durante el cambio de administración y le volverán a requerir los documentos o a pedir una gratificación a cambio de “agilizar” su trámite. Y usted caerá en la necesidad o tentación de hacerlo porque “sino no sale” mi tramite.

Y claro, entonces se habrá dado cuenta que para que todo cambie se requiere de algo más que promesas, publicidad y buenas intenciones. Una verdadera revolución ideológica en dos sentidos: primero, y como mi buen amigo Mauricio García (QPD) decía, “si quieres que estos cambios y mejoras en procesos, procedimientos y trámites puedan comprenderse, adoptarse e implementarse se necesita primero “trabajar con las mentes”. Sí, la tuya, la mía, la del vecino, la de tus padres, hermanos, amigos, empleados, burócratas, políticos, senadores, diputados y el presidente, para que retomemos los valores que se han perdido en nuestra sociedad.

Porque cuando llegamos a las instituciones con la mejora regulatoria (y cualquier otra política, conocimiento o metodología de mejora) la gente de la burocracia en lugar de pensar “que bien ahora podré hacer las cosas más sencillas” lo que tristemente piensa es “uff esto sólo es más trabajo”, y este es un ejemplo de uno los muchos paradigmas -gigantescas mentiras que de tanto repetir se convierten en verdades- que primero hay que erradicar de nuestras mentes para que entonces la mejora pueda funcionar.

Después de esto, -que seguramente llevará un buen tiempo-, entonces que vengan todo tipo de metodologías de mejora que entonces sí caerán en terreno fértil pues cómo bien dice un sabio hebreo “es un insensato el que edifica sobre arena”, en efecto, primero hay que trabajar la tierra (mentes) y luego echarle las semillas, sino estaremos sembrando en donde nunca florecerán.

Pero en el segundo sentido, ¿cuál es la forma que tiene actualmente esta revolución ideológica? Ahí es donde está la respuesta y con una estrategia clara: la “revolución regulatoria”, este movimiento que ha tomado un gran impulso y en el que políticos y funcionarios de diferentes ideológicas hemos formado ya un sistema con orden, pasión por la mejora y sobre todo una gran convergencia, implementando una política regulatoria moderna, sólida y coherente con los requerimientos de un México globalizado y en desarrollo. Las bases se han puesto en esta administración, la COFEMER ha jugado un rol fundamental para engranarse con estados y municipios. Tenemos una Ley General que está cocinándose en las instancias legislativas y que ha sido propuesta y da por la iniciativa privada.

Sólo falta volver a creer, con esperanza y certeza del trabajo bien hecho. Y haciendo referencia al cine y un mexicano destacado en este ámbito, si usted en estos días ya ha visto la 13 veces nominada “La Forma del Agua”, así como “El Gran Showman” o “Extraordinario”, que son filmes recientes que transmiten un sinfín de valores, como la autorrealización, la no discriminación, la aceptación de uno mismo, la diversidad e inclusión, el perseguir los sueños o el amor como eje de todo lo que hacemos, entonces podemos creer que su producción responden a la falta de valores o a la gran necesidad que tenemos de los mismos y de una nueva ideología para romper paradigmas, lo que da esperanza de que las cosas en el mundo y en México puedan ser diferentes.

Y así, en vísperas de los festejos de Carnaval y el Día del Amor y la Amistad, reciban mis mejores deseos y que durante estos festejos llenos de alegría podamos entender también que todos somos parte de las soluciones en este 2018, y por lo pronto… nos leemos luego!