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El político decente, es congruente, no traiciona, no se impone, no es oportunista.

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El político decente, es congruente, no traiciona, no se impone, no es oportunista…

Escandalosamente estamos viviendo la desvergüenza política. Estamos viendo que el arribismo, el oportunismo, la imposición, el influyentismo y la dedocracia se imponen en un proceso electoral inédito.

Hace unos meses nadie podía apostar que esto se volvería una “locura”. Y es que, se ha perdido la cordura. Los partidos políticos, aclaro no todos, están postulando gente impresentable.

Es urgente que regrese la cordura, es necesario que aparezcan los candidatos que valen la pena, los que son congruentes, los que tienen una trayectoria limpia, que su vida pública no esté manchada de corrupción, ni de soberbia, ni de gandallismo, ni de voracidad, ni de egoísmo, ni mucho menos de abusos de poder. Candidatos que por su naturaleza son Notables; Notables por su integridad, por su nobleza, por su honradez, por su honestidad.

Es increíble el ver cómo en Morena por ejemplo, se desesperan por postular priístas que en su mayoría carecen de calidad moral, que traen una carga de corrupción innegable y que además los encumbran por encima de aquellos militantes que fundaron el partido – movimiento a sangre, sudor y lágrimas.

Triste es ver cómo en el PRI se pisotean los derechos de los militantes y los obligan a irse del partido que aman. Se van humillados, vejados, tristes y resentidos por la forma tan grosera con la que los trataron.

Son las cúpulas las que le están haciendo mucho daño a esos partidos políticos.

Es el momento de que aparezcan los buenos ciudadanos, los políticos decentes, los valientes, los que durante su trayectoria han demostrado inteligencia, convicción de servicio, ideología, principios, valores de vida que los distinguen y los hacen distintos y efectivos.

Los discursos están cambiando, los partidos políticos no están cumpliendo sus compromisos y están postulando a gente corrupta, demasiado vista, responsable de la derrota del 2018 y que por su condición, son impresentables ante el electorado. Sin embargo, están de vuelta. No quieren desaparecer.

Pero las cosas deben ser distintas, para que las cosas cambien, es necesario que al Congreso del estado de Yucatán lleguen diputados honorables, preparados, con visión democrática, bien hermanados con la sociedad. Los diputados no pueden ser “hijos de papi”, ni ahijados de ex gobernadores, ni de la cúpula, porque entonces de nada servirán. A la ciudadanía no les sirve para nada este tipo de legisladores.

Son tiempos de lucha. Tiempos de hacer que las cosas cambien de verdad.