El US Open revoca credenciales a dos influencers tras polémica en redes

Meg Radice y Audrey Jongens, creadoras de The VIP List, perdieron el acceso al US Open pocas horas después de llegar al torneo, en medio de una creciente discusión sobre el papel de los influencers y el respeto a las reglas del tenis.

La presencia de influencers en el US Open volvió a generar controversia después de que las creadoras de contenido Meg Radice y Audrey Jongens, responsables de la cuenta The VIP List, perdieran sus credenciales pocas horas después de ingresar al torneo que se disputa en Nueva York.

Las dos mujeres aseguraron a TMZ que habían recibido las acreditaciones a través de una asociación con un restaurante y que acudieron al complejo con la intención de producir contenido durante el torneo. Sin embargo, publicaron imágenes de sus credenciales en sus historias de redes sociales y, aproximadamente dos horas después de su llegada, fueron informadas de que ya no podían utilizarlas.

Radice y Jongens dijeron que desconocían que la publicación de las acreditaciones pudiera representar una infracción. Según su versión, simplemente estaban emocionadas por haber conseguido acceso al torneo y quisieron compartir la experiencia con sus seguidores.

Sin embargo, una información posterior de The Associated Press introdujo un elemento importante que matiza la versión inicial. El US Open señaló que las credenciales de ambas habían sido gestionadas de manera indebida al ser presentadas como personal de un proveedor. Por ello, la explicación de que la sanción se debió exclusivamente a haber mostrado los pases en redes sociales no cuenta con respaldo suficiente por parte de los organizadores.

El episodio ocurre justo cuando la participación de creadores digitales en el US Open se encuentra bajo una lupa cada vez mayor. La Asociación de Tenis de Estados Unidos comenzó a incorporar influencers y creadores de contenido entre los acreditados en 2025 y este año el número prácticamente se duplicó, al pasar de 54 a cerca de 100 acreditaciones.

La estrategia tiene una razón clara: acercar el tenis a públicos que consumen deporte principalmente a través de TikTok, Instagram y otras plataformas. Brendan McIntyre, portavoz de la Asociación de Tenis de Estados Unidos, explicó a AP que alcanzar nuevas audiencias resulta fundamental para el crecimiento del deporte y del propio US Open.

El problema aparece cuando la creación de contenido invade el terreno de la competencia. Durante esta edición se han registrado varios episodios que han provocado críticas de jugadores y aficionados, desde fotografías con luces intensas hasta videos grabados durante puntos en juego.

Uno de los incidentes más comentados ocurrió durante el partido de primera ronda de Naomi Osaka. Un grupo de influencers fue reprendido por el juez de silla Kader Nouni después de grabar contenido en una zona de suites mientras se desarrollaba un punto. En otro episodio se utilizó una luz circular para tomar fotografías durante el partido.

Osaka reconoció que incorporar nuevos públicos al tenis puede ser positivo, pero pidió una mejor gestión de esta tendencia. Después de avanzar a la tercera ronda, sostuvo que quienes acuden al torneo deben conocer las reglas y la etiqueta básica del deporte.

La preocupación no es exclusiva de Osaka. Coco Gauff también consideró necesario que las marcas que invitan a influencers les expliquen cómo comportarse durante los partidos. La campeona del US Open de 2023 señaló que algunos asistentes quizá están acostumbrados a la dinámica de otros espectáculos deportivos, pero que el tenis tiene momentos en los que el silencio es indispensable.

Jessica Pegula fue todavía más directa. Según reportó AP, la tenista estadounidense consideró que existe un beneficio en que los influencers muestren la experiencia del US Open, pero cuestionó que algunas personas lleguen a comportarse como si estuvieran actuando para sus propias redes mientras los jugadores intentan competir.

La discusión, por tanto, va más allá del caso de Radice y Jongens. El US Open está intentando resolver una tensión propia de la transformación digital del deporte: necesita atraer a nuevas generaciones y convertir el torneo en una experiencia atractiva para quienes consumen contenido en redes, pero al mismo tiempo debe proteger las condiciones en las que los jugadores pueden competir.

Incluso los organizadores han comenzado a reforzar los mensajes dirigidos al público. Las pantallas del torneo muestran avisos para pedir a los asistentes que eviten el uso de flash y otras luces durante los encuentros, mientras los jueces de silla han intervenido en situaciones en las que el ruido o las grabaciones han afectado el desarrollo de los partidos.

La situación también revela una diferencia importante entre asistir como aficionado y hacerlo con una acreditación vinculada a labores de contenido o medios. Una credencial no es simplemente un pase para presumir acceso al evento. Está asociada con determinadas condiciones de uso y con responsabilidades que pueden incluir restricciones sobre su reproducción o utilización.

En el caso de The VIP List, las propias creadoras reconocieron que no conocían las reglas que habían infringido. Su intención, según explicaron, era compartir con sus seguidores la experiencia de asistir al torneo y no interrumpir los partidos. Aun así, el episodio muestra que la expansión de esta nueva clase de acreditaciones requiere reglas más claras y una comunicación previa mucho más precisa.

El US Open se encuentra así ante un equilibrio delicado. Los influencers pueden ser una vía eficaz para llevar el tenis a millones de personas que quizá nunca seguirían un torneo por los canales tradicionales. Pero si la búsqueda de contenido termina convirtiendo las tribunas en un estudio de grabación, el espectáculo corre el riesgo de perder aquello que lo hace deporte.

La controversia de estas primeras jornadas deja una lección sencilla: abrir las puertas a nuevos públicos puede ayudar a que el tenis crezca, pero el acceso también implica responsabilidades. Y en un torneo donde un segundo de distracción puede cambiar un punto decisivo, la frontera entre compartir la experiencia y convertirse en parte del problema puede ser muy pequeña.