Fuerzas militares estadounidenses utilizaron un sistema láser de alta energía para derribar tres drones que, según autoridades de Estados Unidos, eran operados por un cártel mexicano en las inmediaciones de la frontera, en un episodio que vuelve a poner bajo presión la relación bilateral en materia de seguridad.
El Ejército de Estados Unidos empleó esta semana un sistema láser de alta energía para derribar tres drones atribuidos a un cártel mexicano en el valle del Río Grande, al sur de Texas, informó el Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (NORAD) y el Comando Norte de Estados Unidos (USNORTHCOM).
La operación ocurrió entre la noche del martes 25 de agosto y la madrugada del miércoles 26. De acuerdo con Reuters, los aparatos fueron considerados una amenaza física para personal militar estadounidense y agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos.
El dispositivo utilizado fue identificado por las autoridades estadounidenses como el Army Multipurpose High Energy Laser, un sistema diseñado para enfrentar amenazas aéreas no tripuladas. El Ejército estadounidense ha explicado que las armas de energía dirigida, incluidos los láseres de alta potencia, se encuentran en una etapa de evaluación operativa para determinar su efectividad, mantenimiento y costos de empleo.
La información oficial estadounidense, sin embargo, dejó un punto relevante sin aclarar: no se informó la ubicación exacta en la que fueron derribados los drones ni se precisó si los disparos ocurrieron sobre territorio estadounidense o mexicano.
Ese detalle adquiere especial importancia por la sensibilidad que existe entre ambos gobiernos alrededor de cualquier operación militar estadounidense dentro de México. La presidenta Claudia Sheinbaum ha sostenido que una acción unilateral de Estados Unidos en territorio mexicano representaría una violación grave de la soberanía nacional.
La Casa Blanca y el Gobierno mexicano mantienen, al mismo tiempo, una cooperación creciente contra las organizaciones criminales y el tráfico de drogas. El problema es que la frontera se ha convertido también en un escenario de vigilancia tecnológica cada vez más sofisticada, mientras los grupos criminales recurren a aeronaves no tripuladas para observar movimientos de autoridades, transportar drogas y facilitar actividades de tráfico de personas.
El general de división Curtis Taylor, comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta de la Frontera Sur, afirmó que las redes de los cárteles utilizan cada vez más sistemas de aeronaves no tripuladas para facilitar el tráfico ilícito de personas y vigilar activamente a militares y autoridades estadounidenses. Sus declaraciones fueron difundidas por USNORTHCOM.
El uso del láser representa además un cambio tecnológico significativo. En febrero pasado, un sistema antidrones basado en láser utilizado por las fuerzas estadounidenses derribó accidentalmente una aeronave perteneciente al propio Gobierno de Estados Unidos, de acuerdo con información que entonces fue reportada por Reuters. El incidente evidenció tanto las capacidades como los riesgos de esta tecnología.
El Ejército estadounidense ha reconocido que todavía trabaja para determinar la mejor manera de integrar estos sistemas en operaciones reales. En una reunión informativa celebrada el 21 de agosto, el general de brigada Matt Ross explicó que las fuerzas estadounidenses están realizando un programa piloto de energía dirigida para evaluar sistemas de láseres de alta energía y microondas de alta potencia en condiciones operativas.
La utilización de estos equipos en la frontera coincide con una mayor atención de Washington al empleo de drones por parte de organizaciones criminales mexicanas. En México, las autoridades también han documentado el uso de aeronaves no tripuladas por grupos delictivos, incluidos dispositivos utilizados para transportar explosivos y realizar labores de vigilancia.
La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana informó esta semana, por ejemplo, sobre una operación contra presuntos integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación en la que fueron asegurados, entre otros objetos, un dron y un inhibidor de drones. El operativo se desarrolló en Hidalgo, Jalisco y Michoacán y contó con la participación coordinada de Defensa, Marina, Fiscalía General de la República, Guardia Nacional y SSPC.
La diferencia ahora está en el escenario. El derribo de tres aeronaves mediante un arma de energía dirigida ocurrió del lado estadounidense de la frontera, según la información disponible, pero Washington no ha explicado públicamente dónde se produjeron exactamente los disparos. Esa falta de precisión deja abierta una pregunta particularmente delicada para México.
Por ahora, no existe información oficial que permita afirmar que las fuerzas estadounidenses realizaron una operación militar dentro de territorio mexicano. Reuters y otros medios que consultaron a las autoridades estadounidenses señalaron expresamente que el Pentágono no aclaró si los drones fueron derribados sobre Estados Unidos o México.
Lo que sí está confirmado es que la tecnología antidrones dejó de ser una herramienta experimental distante y comenzó a utilizarse en un escenario fronterizo marcado por el combate al crimen organizado. La operación muestra hasta qué punto la amenaza de los drones está modificando las tareas de seguridad y, al mismo tiempo, plantea nuevos desafíos para la coordinación entre México y Estados Unidos.


