El Ejército de Estados Unidos puso a prueba en Arizona radares, drones interceptores, sistemas automatizados y armas de energía dirigida para enfrentar incursiones de aeronaves no tripuladas que las autoridades estadounidenses vinculan con actividades de vigilancia de los cárteles.
El desierto de Arizona se convirtió durante septiembre en un laboratorio militar para una tecnología que hasta hace pocos años parecía reservada para escenarios de guerra: sistemas capaces de detectar, identificar, seguir y neutralizar drones.
Durante el ejercicio Falcon Peak 26.2, realizado en el campo de pruebas de Yuma, el Ejército estadounidense reunió a empresas de tecnología de defensa para evaluar diferentes soluciones frente a la amenaza de pequeños sistemas aéreos no tripulados. El ejercicio fue organizado por el Mando Norte de Estados Unidos y la Fuerza de Tarea Interagencial Conjunta 401.
La actividad se desarrolló del 31 de agosto al 25 de septiembre y constituyó la cuarta edición de Falcon Peak, pero fue la primera realizada en Yuma. De acuerdo con el Mando Norte, el objetivo específico fue estudiar los desafíos particulares que plantea el uso de drones en la frontera sur y evaluar tecnologías capaces de neutralizarlos con un menor riesgo de daños colaterales.
Los drones comerciales son el principal desafío
Según mandos militares estadounidenses citados por Reuters, buena parte de los drones detectados cerca de la frontera son modelos comerciales disponibles en el mercado. Las autoridades señalan que estos aparatos son utilizados principalmente para labores de vigilancia relacionadas con actividades de contrabando y tráfico de personas.
El general de brigada Brian Filler, comandante adjunto de operaciones de la Fuerza Operativa Conjunta de la Frontera Sur, afirmó que durante los 30 días anteriores a la entrevista habían sido detectadas 378 incursiones de drones y que la tendencia se encontraba al alza.
La cifra corresponde al registro proporcionado por el mando militar estadounidense y no implica que todos los vuelos hayan sido identificados de manera independiente como operaciones de un cártel. El propio Ejército ha señalado que una parte importante de los aparatos observados son drones comerciales equipados con cámaras.
La preocupación militar radica en que un aparato relativamente barato puede proporcionar información aérea sobre movimientos de personal, vehículos o actividades a ambos lados de la frontera. Esa capacidad de vigilancia convierte a los drones comerciales en una herramienta potencialmente útil para organizaciones criminales.
De los radares a los láseres
Falcon Peak no se concentró en una sola tecnología. Las empresas participantes presentaron sistemas para diferentes etapas de la defensa: sensores para detectar los aparatos, herramientas de inteligencia artificial para identificarlos, sistemas de mando y control, drones interceptores y diferentes mecanismos para neutralizar las amenazas.
Entre las compañías participantes estuvieron Anduril, Teledyne FLIR, Allen Control Systems y PowerUS, además de otras empresas especializadas en sensores, inteligencia artificial, aeronaves no tripuladas y sistemas de neutralización.
Uno de los equipos observados fue el Ghost de Anduril, mientras que Teledyne FLIR presentó tecnología de detección y seguimiento. Allen Control Systems mostró su sistema Bullfrog y otras compañías presentaron drones diseñados para interceptar aeronaves consideradas hostiles.
La experimentación también se relaciona con una tecnología de mayor alcance: las armas de energía dirigida.
El Ejército estadounidense informó en agosto que elementos de la Fuerza de Tarea Conjunta de la Frontera Sur habían utilizado el sistema Army Multipurpose High Energy Laser para neutralizar tres aeronaves no tripuladas consideradas amenazas y vinculadas presuntamente con cárteles.
Posteriormente, las autoridades estadounidenses informaron que habían derribado 11 drones vinculados con cárteles utilizando sistemas láser desde el inicio de su despliegue en la frontera sur. Se trata de cifras oficiales estadounidenses y forman parte de la justificación para continuar desarrollando capacidades antidrones.
La frontera como campo de pruebas
El interés militar estadounidense no se explica únicamente por la actividad criminal en la frontera. También responde a las lecciones obtenidas durante la guerra entre Rusia y Ucrania, donde los drones han modificado profundamente la forma de localizar objetivos, dirigir ataques y proteger posiciones militares.
La diferencia, sin embargo, es sustancial. Los funcionarios estadounidenses reconocen que los drones utilizados por los cárteles no tienen necesariamente las características ni la sofisticación de los sistemas empleados en los campos de batalla de Ucrania o Medio Oriente.
La utilidad de la frontera para el Ejército estadounidense es otra: ofrece un entorno real en el que los sistemas pueden probarse frente a condiciones ambientales, distancias y obstáculos diferentes de los existentes en un laboratorio.
El general de brigada Matt Ross, director de la Fuerza de Tarea Interagencial Conjunta 401, ha señalado que el Ejército busca reproducir la velocidad con la que Ucrania adapta sus tecnologías y tácticas frente a la evolución de las amenazas.
La lógica es sencilla, aunque representa un cambio importante en la industria militar: probar rápidamente una tecnología, obtener información de los operadores, identificar sus fallas y modificarla antes de incorporarla de manera más amplia.
Una nueva carrera tecnológica
Falcon Peak también muestra el creciente peso de las empresas privadas de tecnología de defensa en las estrategias militares estadounidenses. El Mando Norte señaló que las compañías participantes aportaron capacidades relacionadas con sensores, inteligencia artificial, sistemas de mando y control, plataformas semiautónomas y mecanismos de neutralización.
Esta relación entre el Pentágono y las empresas tecnológicas se ha intensificado desde que la guerra en Ucrania demostró la velocidad con la que pueden evolucionar los sistemas no tripulados y las herramientas utilizadas para combatirlos.
El desafío es particularmente complejo porque el costo de un dron comercial puede ser muy inferior al de un sistema empleado para detectarlo o destruirlo. Para las fuerzas militares, esto genera una cuestión económica además de operativa: no resulta sostenible responder a cada aeronave barata utilizando sistemas extremadamente costosos.
Por eso, el desarrollo de tecnologías de menor costo, sistemas automatizados y armas de energía dirigida se ha convertido en una prioridad para la defensa estadounidense.
Una frontera cada vez más tecnológica
El desarrollo de capacidades antidrones se suma a una presencia militar estadounidense que ya utiliza aeronaves no tripuladas propias para tareas de vigilancia en la frontera sur. El Mando Norte ha señalado que sus fuerzas trabajan junto con el Departamento de Seguridad Nacional y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza dentro de las autoridades que tienen asignadas.
La estrategia estadounidense, por tanto, no consiste solamente en incrementar el número de efectivos. También busca incorporar sensores, inteligencia artificial, sistemas autónomos y armas capaces de responder a una amenaza que puede cambiar rápidamente.
La experiencia de Ucrania ha demostrado que la ventaja tecnológica en materia de drones puede durar poco si el adversario consigue adaptar sus sistemas. La frontera con México representa para Estados Unidos un escenario diferente, pero suficientemente dinámico para probar esa carrera de innovación.
El resultado podría ser una transformación profunda de la seguridad fronteriza durante los próximos años. El cielo sobre el desierto, hasta ahora dominado por aeronaves convencionales y helicópteros de vigilancia, empieza a convertirse también en un espacio de competencia entre pequeños drones y sistemas diseñados específicamente para encontrarlos, seguirlos y neutralizarlos.

