Con miles de fotografías y fichas de búsqueda colocadas sobre Paseo de la Reforma, familias y colectivos llevaron al corazón de la Ciudad de México el reclamo de encontrar a sus seres queridos y exigieron al Estado dejar de administrar la crisis de desapariciones para comenzar a erradicarla.

Los rostros de quienes faltan volvieron a ocupar este domingo un espacio central de la Ciudad de México. Fotografías, nombres, fechas y fichas de búsqueda fueron colocados en las inmediaciones de la Glorieta de las y los Desaparecidos, sobre Paseo de la Reforma, en una jornada que convirtió la memoria en una forma de protesta.

Bajo la consigna «Hagámosles visibles», familiares y organizaciones realizaron una jornada de aproximadamente doce horas con actividades religiosas, culturales y políticas. Alrededor de 2,300 fichas fueron colocadas en las vallas que rodean la glorieta, cada una con la historia de una persona cuya familia todavía espera respuestas.

La movilización coincidió con el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas y ocurre mientras México enfrenta una crisis que supera las 130,000 personas desaparecidas o no localizadas. El Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México, que agrupa a más de 90 colectivos, mantiene precisamente como uno de sus principales reclamos que la discusión pública no reduzca a las víctimas a una cifra.

«No buscamos cifras. Buscamos personas», expresó el movimiento durante la jornada. La frase resume una de las mayores exigencias de las familias: que cada registro sea tratado como una historia individual y no como un dato más dentro de una estadística nacional.

Jorge Verástegui, quien busca a su hermano y a su sobrino, explicó durante uno de los conversatorios que todavía hay personas que no se acercan al problema porque resulta doloroso. La intención de las familias, señaló, es mostrar que su lucha no está formada únicamente por sufrimiento, sino también por esperanza y amor.

Y es que detrás de una ficha hay una vida interrumpida. Hay cumpleaños que no se celebraron, llamadas que nunca llegaron y familias que, en muchos casos, llevan años intentando reconstruir los últimos pasos de un ser querido. Por eso colocar una fotografía en una avenida transitada tiene también un significado práctico: impedir que la ausencia se vuelva invisible.

La jornada de Reforma se produce además en un momento particularmente delicado para quienes realizan las búsquedas. Un día antes, Alma Rosa Rojo Medina, fundadora del colectivo Voces Unidas por la Vida, fue atacada a balazos en Culiacán, Sinaloa, junto con una de sus hijas. Ambas resultaron heridas.

La Fiscalía General del Estado de Sinaloa abrió una investigación por feminicidio en grado de tentativa y, según informó La Jornada, una de las líneas de investigación busca determinar si el ataque estuvo relacionado con la labor de Rojo Medina como buscadora.

El caso provocó preocupación entre los colectivos. El Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México ha advertido que buscar a una persona desaparecida no puede convertirse en un riesgo para la vida de quienes realizan esa tarea. La organización ha reclamado medidas de protección eficaces para las familias que salen a campo, recorren terrenos y enfrentan situaciones de peligro mientras intentan localizar a sus seres queridos.

La agresión contra Rojo Medina dio a la movilización de este domingo un contexto todavía más inquietante. Las familias no solamente exigen encontrar a quienes faltan; también reclaman condiciones de seguridad para poder buscarlos.

La protesta ocurre dos días después de que el Gobierno de Claudia Sheinbaum anunciara nuevas acciones para reforzar los mecanismos de búsqueda. Entre ellas se encuentra la intención de garantizar que cada reporte de desaparición tenga una carpeta de investigación activa y ampliar las búsquedas en hospitales y centros de reclusión.

La Secretaría de Gobernación informó que, mediante cruces realizados con la Plataforma Única de Identidad, se detectaron 40,628 coincidencias de personas registradas como desaparecidas o no localizadas que presentaron alguna actividad o trámite posterior a la fecha de su reporte. De ese universo, 6,939 casos ya cuentan con un reporte formal de localización.

Pero las autoridades han hecho una precisión fundamental: encontrar una actividad posterior al reporte no significa automáticamente que la persona haya sido localizada. Cada coincidencia necesita ser verificada para determinar qué ocurrió y cuál es actualmente la situación de la persona.

El Gobierno también informó que las búsquedas coordinadas con las entidades federativas permitieron 3,039 localizaciones durante los dos meses anteriores y que la Alerta Nacional de Búsqueda Inmediata consiguió localizar a 2,572 personas en los seis meses previos. Las brigadas territoriales de la Comisión Nacional de Búsqueda, por su parte, reportaron 1,075 localizaciones con vida.

La estrategia oficial incluye además un Plan Nacional de Identificación Humana y la incorporación de especialistas en análisis de datos, estadística, matemáticas, inteligencia artificial y programación para revisar técnicamente los registros y mejorar los procesos de búsqueda. Según informó la Secretaría de Gobernación, la intención es utilizar herramientas tecnológicas para encontrar nuevas coincidencias y acelerar la respuesta.

Para los colectivos, sin embargo, la dimensión tecnológica no puede sustituir la obligación de buscar de manera inmediata y efectiva. Los familiares llevan años señalando que una búsqueda tardía puede significar perder información esencial y reducir las posibilidades de encontrar con vida a una persona.

El Movimiento por Nuestros Desaparecidos ha insistido en que el Estado debe pasar de «administrar la crisis a erradicarla». Entre sus demandas se encuentran la prevención de nuevas desapariciones, búsquedas inmediatas, investigaciones eficaces, identificación forense digna y acceso a la justicia.

La magnitud del problema explica la persistencia de estas movilizaciones. El propio movimiento señala que existen más de 130,000 personas desaparecidas y no localizadas en México. La cifra no es estática: cambia conforme se presentan nuevos reportes, se realizan localizaciones y se actualizan los registros oficiales.

La situación también tiene una dimensión histórica. Los casos registrados en el país se remontan a décadas atrás, pero la mayor concentración se produjo durante los últimos años, en paralelo con la expansión de la violencia criminal y las dificultades institucionales para investigar y localizar a las víctimas.

Por eso las fotografías colocadas en Reforma tienen un significado que va más allá de una protesta de un día. Son una forma de decir que la desaparición no termina cuando alguien deja de ser visto. Permanece en la vida cotidiana de quienes siguen buscándolo.

Durante la jornada, colectivos también convocaron a movilizaciones desde el Ángel de la Independencia hacia el Zócalo. La exigencia fue la misma: verdad, justicia y localización.

Mientras el Gobierno presenta nuevas herramientas y cifras de localización, las familias mantienen una exigencia mucho más concreta. Quieren saber dónde están sus hijos, hermanos, padres, parejas y amigos. Y quieren que las instituciones actúen antes de que otra fotografía tenga que ocupar una valla de Reforma.

El contraste es evidente. Por un lado, las autoridades intentan modernizar los mecanismos de búsqueda y aprovechar millones de registros para encontrar nuevas pistas. Por otro, los colectivos recuerdan que cada coincidencia en una base de datos representa una persona y que ninguna tecnología puede sustituir la obligación de investigar cada caso hasta conocer la verdad.

Este domingo, los rostros volvieron a hablar por quienes no están. Las familias los colocaron a plena vista de la ciudad para evitar que el tiempo haga lo que más temen: convertir la ausencia en costumbre.