El gobierno francés suspendió temporalmente el uso de granadas aturdidoras durante las movilizaciones de estudiantes de secundaria después de que un adolescente de 15 años perdiera una mano en un incidente ocurrido en Lens.

Francia decidió suspender el uso de granadas aturdidoras por parte de las fuerzas de seguridad durante las protestas de estudiantes de secundaria, en un intento por contener la escalada de tensión que ha acompañado a una movilización nacional iniciada en septiembre.

El anuncio fue realizado este miércoles por el ministro del Interior, Laurent Nuñez, quien explicó durante una entrevista con la radio RTL que la medida permanecerá vigente mientras se esclarecen las circunstancias de los incidentes registrados durante las protestas.

La decisión llegó después de que un estudiante de 15 años resultara gravemente herido el lunes en las inmediaciones del liceo Auguste-Béhal, en Lens, en el norte del país. El adolescente perdió la mano izquierda después de que explotara una granada. La Fiscalía abrió una investigación para determinar exactamente cómo ocurrió el accidente.

Según los primeros reportes citados por medios franceses, el joven habría recogido el artefacto antes de que se produjera la explosión. La investigación deberá establecer, entre otros aspectos, qué tipo de granada fue utilizada, cómo llegó hasta el estudiante y bajo qué circunstancias se produjo la detonación.

El caso generó una fuerte reacción debido a la edad del afectado y a la gravedad de las lesiones. El ministro Nuñez aclaró que la suspensión se limita al movimiento de los estudiantes de liceo y no supone, por ahora, una prohibición general del uso de estos dispositivos durante otras operaciones policiales.

La medida también se produce después de otros episodios de violencia durante las movilizaciones. Un estudiante de 14 años sufrió lesiones graves en la mandíbula tras el impacto de una granada lacrimógena disparada a corta distancia, según información recopilada por medios franceses. En otro caso ocurrido en Tours, un joven de 16 años sufrió una lesión ocular grave durante una manifestación.

Una movilización que creció rápidamente

Las protestas comenzaron en septiembre y se extendieron progresivamente a numerosos centros educativos de Francia. Los estudiantes reclaman más profesores, mejores condiciones materiales, reducción de la sobrecarga escolar y mejoras en edificios que consideran deteriorados.

El movimiento alcanzó una nueva dimensión el martes 6 de octubre. Según las cifras difundidas por el Ministerio del Interior francés, alrededor de 256 mil personas participaron en las movilizaciones en todo el país, mientras que las organizaciones estudiantiles elevaron la cifra hasta 450 mil. La diferencia refleja la habitual disparidad entre las estimaciones oficiales y las de los organizadores.

Ese día fueron detenidas 488 personas y 43 integrantes de las fuerzas de seguridad resultaron heridos, de acuerdo con el Ministerio del Interior. Desde el 28 de septiembre, las autoridades contabilizaban 6 mil 547 personas detenidas en relación con las protestas.

La dimensión de las movilizaciones también puede observarse en los centros educativos. Aunque una parte importante de los liceos recuperó sus actividades, más de 500 permanecían parcial o totalmente bloqueados por estudiantes, de acuerdo con los reportes publicados durante esta semana.

La situación ha obligado al gobierno a equilibrar dos problemas simultáneos: garantizar el derecho de los estudiantes a manifestarse y mantener el orden público frente a los episodios de violencia que se han producido durante algunas movilizaciones.

La organización Amnistía Internacional ha cuestionado la respuesta policial y ha pedido una reducción de la tensión en las intervenciones contra los estudiantes. Al mismo tiempo, los reportes de organismos y medios franceses también documentan agresiones contra policías y otros trabajadores durante algunas de las protestas.

Por ello, las investigaciones abiertas por la Inspección General de la Policía Nacional francesa deberán determinar responsabilidades concretas en los casos denunciados, sin establecer de antemano una conclusión sobre cada incidente.

La educación, en el centro del conflicto

Más allá de los enfrentamientos con la policía, las protestas tienen como origen una serie de problemas relacionados con el sistema educativo francés.

Los estudiantes denuncian falta de docentes, aulas saturadas, edificios deteriorados y horarios considerados excesivos. También han señalado las dificultades que enfrentan algunos centros para mantener condiciones adecuadas ante el incremento de las temperaturas.

El malestar se ha extendido a profesores, padres y organizaciones sindicales, que han convocado nuevas movilizaciones para este jueves. La participación de sectores distintos al movimiento estudiantil ha convertido la protesta en una expresión más amplia de descontento con las condiciones de la educación pública.

El gobierno, por su parte, ha defendido la necesidad de mantener el orden frente a los actos violentos y ha anunciado investigaciones sobre posibles abusos cometidos durante las intervenciones policiales.

El primer ministro Sébastien Lecornu también se ha referido al conflicto y ha defendido la necesidad de atender las demandas educativas, al tiempo que rechaza los actos de violencia registrados durante las manifestaciones.

Una crisis que coincide con el debate presupuestario

La movilización ocurre además en un momento especialmente delicado para el gobierno francés. El Parlamento comenzó a examinar el proyecto de presupuesto para 2027, mientras el Ejecutivo busca reducir un elevado déficit y contener el crecimiento de la deuda pública.

La situación limita el margen financiero disponible para responder a las demandas de los estudiantes y del sector educativo. Aumentar la contratación de profesores, renovar instalaciones y mejorar las condiciones de los centros requiere recursos precisamente cuando el gobierno enfrenta la presión de reducir el gasto público.

El conflicto se desarrolla, además, a pocos meses de las elecciones presidenciales de 2027, lo que ha incrementado la dimensión política de las protestas. Diversas fuerzas partidistas han utilizado la movilización para cuestionar la actuación del gobierno, aunque las organizaciones estudiantiles han insistido principalmente en sus reivindicaciones educativas.

Por ahora, la suspensión de las granadas aturdidoras representa una medida limitada y provisional. El gobierno francés deberá esperar el resultado de las investigaciones sobre los incidentes recientes antes de decidir si modifica de manera más amplia los protocolos empleados por la policía durante las movilizaciones estudiantiles.

Mientras tanto, las protestas continúan. La convocatoria de nuevas manifestaciones para este jueves anticipa otra jornada de tensión en un movimiento que comenzó alrededor de las condiciones de los liceos, pero que ahora también ha abierto un debate nacional sobre el uso de la fuerza policial, la respuesta del Estado ante la protesta juvenil y los recursos destinados a la educación pública.