A un siglo del inicio de la Guerra Cristera, la Conferencia del Episcopado Mexicano impulsa un coloquio para revisar este episodio de la historia nacional desde una perspectiva crítica y objetiva. La iniciativa busca ampliar el conocimiento sobre la resistencia católica de 1926, reconocer los testimonios de fe y analizar las tensiones entre la Iglesia y el Estado, sin justificar la violencia que marcó el conflicto.
Un centenario para revisar la historia nacional
La Iglesia católica en México propone recuperar y ampliar el conocimiento sobre la Cristiada, también conocida como Guerra Cristera, al cumplirse 100 años del levantamiento que enfrentó a grupos de católicos con las autoridades civiles durante la década de 1920.
Durante una conferencia de prensa celebrada el 12 de octubre de 2026, monseñor Héctor Mario Pérez Villarreal, secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y obispo auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México, consideró necesario conocer con mayor profundidad este periodo, que, desde su perspectiva, ha tenido una presencia limitada en los libros de historia del país.
El prelado explicó que la conmemoración no pretende exaltar la guerra ni sus consecuencias violentas, sino reconocer el testimonio de los mexicanos que defendieron sus creencias y reclamaron la libertad de practicar su religión.
Según Pérez Villarreal, la participación de numerosos laicos fue fundamental en aquella resistencia, pues consideraban que las disposiciones legales de la época vulneraban su derecho a expresar y ejercer libremente su fe.
La Ley Calles y el origen del conflicto
La Guerra Cristera estalló en 1926, en medio de un prolongado enfrentamiento entre la Iglesia católica y el Estado mexicano. Las tensiones tenían antecedentes en los conflictos políticos y religiosos del siglo XIX, pero se intensificaron durante el gobierno de Plutarco Elías Calles.
Uno de los principales detonantes fue la aplicación de la denominada Ley Calles, que entró en vigor el 31 de julio de 1926 y estableció restricciones severas a diversas actividades del clero y a la práctica pública del culto religioso.
Las medidas provocaron una creciente confrontación. Mientras sectores católicos impulsaron formas de protesta y resistencia pacífica, en distintas regiones del país también surgieron movimientos armados contra las autoridades.
El conflicto, por tanto, no se limitó a los enfrentamientos militares. También incluyó disputas sobre la aplicación de las leyes, la participación de los creyentes en la vida pública y los límites de la intervención estatal en los asuntos religiosos.
La Iglesia busca evitar una interpretación que justifique la violencia
Durante la presentación del coloquio, Pérez Villarreal sostuvo que el propósito de la conmemoración es profundizar en los hechos históricos, examinar sus causas y comprender sus consecuencias, sin reivindicar la violencia como instrumento de defensa religiosa.
El secretario general de la CEM señaló que el conflicto debe analizarse como parte de una discusión más amplia sobre la libertad religiosa y los derechos fundamentales. También afirmó que estos derechos no dependen de una concesión del Estado, sino que corresponde a las instituciones públicas garantizar su ejercicio.
La propuesta de la Iglesia consiste en estudiar el periodo sin reducir a sus protagonistas a categorías rígidas de héroes y villanos. Desde esta perspectiva, el análisis debe considerar las circunstancias políticas, sociales y religiosas que dieron forma a la confrontación.
Una resistencia que también fue pacífica
Por su parte, el sacerdote Juan Carlos Casas García, director del Departamento de Historia Eclesiástica de la Universidad Pontificia de México (UPM) y responsable de áreas de historia y arte de la CEM, señaló que la resistencia católica tuvo manifestaciones que fueron más allá del levantamiento armado.
Casas García recordó que, antes y durante la confrontación militar, hubo expresiones de resistencia pacífica de católicos que consideraban vulnerados sus derechos por las disposiciones legales y las restricciones impuestas a la actividad de la Iglesia.
El sacerdote explicó que el coloquio busca completar y ampliar el conocimiento sobre este episodio, cuyo desarrollo estuvo marcado por contradicciones, experiencias dolorosas y testimonios de fidelidad religiosa.
La intención, añadió, es abordar la historia con rigor y sentido crítico, sin imponer juicios simplificados que dividan a los protagonistas entre buenos y malos. Reconocer el sufrimiento asociado al conflicto, desde esta perspectiva, no excluye el análisis de las distintas responsabilidades y circunstancias que lo hicieron posible.
Conferencias en la Basílica de Guadalupe y la Universidad Pontificia de México
El coloquio titulado “A cien años del inicio de la resistencia cristera” se realizará del 14 al 16 de octubre de 2026. La actividad es organizada por la Conferencia del Episcopado Mexicano, la Universidad Pontificia de México y la Sociedad Mexicana de Historia Eclesiástica.
El programa contempla conferencias en la Plaza Mariana de la Basílica de Guadalupe, al norte de la Ciudad de México, y en el auditorio de la Universidad Pontificia de México, ubicado al sur de la capital. En el encuentro participarán especialistas mexicanos y extranjeros para analizar diferentes dimensiones de la resistencia católica y su contexto histórico.
Las actividades también podrán seguirse a través de las redes sociales de la Conferencia del Episcopado Mexicano y de la Universidad Pontificia de México, lo que permitirá que personas de otras regiones accedan a las exposiciones.
Memoria histórica y libertad religiosa
La conmemoración del centenario coloca nuevamente en el debate público la relación entre religión, Estado y derechos ciudadanos en México. La Guerra Cristera dejó una profunda huella en diversas comunidades y continúa siendo objeto de interpretaciones históricas, políticas y religiosas.
La iniciativa promovida por la Iglesia busca ampliar la discusión mediante el estudio de documentos, testimonios y circunstancias históricas, con el objetivo de comprender tanto las causas de la confrontación como sus consecuencias para la sociedad mexicana.
Más que celebrar el conflicto, sus organizadores plantean la necesidad de examinar un periodo doloroso de la historia nacional y reconocer su complejidad. El desafío consiste en preservar la memoria de los acontecimientos sin idealizar la violencia ni ignorar los debates sobre la libertad religiosa que contribuyeron a definir aquella etapa.


