El presidente de la FIFA confirmó que buscará un nuevo mandato en 2027 pese al creciente rechazo de federaciones y confederaciones por su cuestionada gestión y por el fallido proyecto de abrir las competiciones del organismo a inversores privados.
Gianni Infantino no da un paso atrás. El presidente de la FIFA mantiene su intención de competir por la reelección en marzo de 2027, incluso cuando su relación con varias de las principales organizaciones del fútbol mundial atraviesa uno de sus momentos más tensos desde que asumió el cargo en 2016.
Un portavoz de la FIFA confirmó a la Agencia France-Presse que nada ha cambiado respecto de la candidatura anunciada por Infantino en abril. El dirigente, de 56 años, buscará así un cuarto y último mandato que, de conseguirlo, extendería su permanencia al frente del organismo hasta 2031.
La decisión llega en medio de una disputa política que rebasa las diferencias personales. El principal conflicto surgió a raíz del proyecto FIFA Forward Enterprise, una iniciativa que contemplaba transferir a inversores privados una participación de los derechos comerciales vinculados con la Copa del Mundo y otras competiciones de la FIFA.
El proyecto fue abandonado el 31 de julio después de provocar una fuerte oposición dentro del fútbol internacional. La UEFA cuestionó especialmente que una propuesta de semejante alcance hubiera avanzado sin una consulta suficiente con las federaciones, clubes, ligas, jugadores y aficionados.
En una declaración difundida por la UEFA, el organismo europeo sostuvo que la Copa del Mundo no debía convertirse en un producto de inversión y advirtió que la gobernanza del fútbol tampoco podía quedar sometida a intereses privados. Esa postura marcó el inicio de una ofensiva política contra Infantino.
La tensión llegó al punto de que la UEFA y sus 55 federaciones nacionales amenazaron con no participar en competiciones de la FIFA mientras la propuesta siguiera vigente. Aunque esa amenaza terminó por retirarse después del abandono del proyecto, el conflicto institucional no desapareció.
Y es que la retirada del plan no consiguió reconstruir la confianza. A finales de agosto, representantes europeos insistieron en que la crisis de gobernanza permanecía abierta y reclamaron mayores límites al poder presidencial dentro de la FIFA.
La oposición tampoco se limita a Europa. Concacaf y la Confederación Asiática de Fútbol se han distanciado de Infantino, mientras que algunas federaciones nacionales han retirado expresamente su respaldo. Italia, por ejemplo, anunció a finales de agosto que ya no apoyaría su candidatura para renovar el mandato.
La Federación Italiana de Fútbol explicó que su decisión respondía a diferencias relacionadas con las iniciativas de Infantino en materia de gobernanza y con la organización del calendario y las competiciones internacionales, según informó la Agencia EFE.
Sin embargo, el escenario está lejos de ser unánime. Infantino conserva apoyos importantes en África y Sudamérica, además de respaldo de distintas federaciones nacionales y figuras políticas. Esa división puede resultar determinante cuando llegue el momento de votar.
La elección tendrá lugar en marzo de 2027 y participarán las 211 federaciones miembro de la FIFA. Para ganar, el candidato necesita una mayoría simple. Por ahora, Infantino es el único aspirante que ha declarado oficialmente su candidatura.
El presidente de la FIFA ya había anunciado su intención de competir durante el Congreso celebrado en Vancouver en mayo. En aquella ocasión agradeció a las 211 asociaciones miembro el respaldo recibido durante sus primeros años de gestión y confirmó que buscaría continuar en el cargo.
El posible principal rival es Víctor Montagliani, presidente de Concacaf y vicepresidente de la FIFA. Aunque durante años fue considerado cercano a Infantino, su posición se ha distanciado de algunas de las iniciativas impulsadas por el presidente y su nombre aparece cada vez con mayor frecuencia como una alternativa dentro de la organización.
Montagliani, sin embargo, todavía no ha formalizado su candidatura. También se ha descartado una eventual participación del presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, quien ha mantenido una confrontación abierta con Infantino, pero no pretende competir directamente por la presidencia de la FIFA.
El episodio revela una fractura más profunda dentro del fútbol mundial. La disputa ya no gira únicamente en torno a una propuesta económica que fue retirada, sino a quién debe tener mayor influencia sobre las decisiones de la FIFA y cuáles deben ser los límites de su presidencia.
La propia FIFA ha respondido a las acusaciones. A comienzos de septiembre, el organismo acusó a la UEFA de llevar a cabo una campaña de difamación contra Infantino, mientras que el dirigente ha evitado entrar públicamente en los detalles de la controversia en sus recientes apariciones.
Reuters señaló que Infantino se encontraba en Polonia para asistir al Mundial femenino sub-20 cuando fue cuestionado por periodistas sobre su futuro. El presidente evitó responder directamente y dejó el asunto en manos de la confirmación posterior de la FIFA.
El calendario electoral también comienza a estrecharse. Las candidaturas deberán presentarse antes del 18 de noviembre de 2026, por lo que las próximas semanas serán decisivas para saber si aparece un rival capaz de aglutinar a las federaciones que cuestionan el liderazgo actual.
Por ahora, Infantino conserva una ventaja evidente: es el único candidato declarado y mantiene una red de apoyos considerable fuera de Europa. Pero también enfrenta un desafío que no puede ignorar. La pérdida de respaldo de varias potencias del fútbol europeo y el enfrentamiento con otras confederaciones han convertido la elección de 2027 en una prueba de poder para todo el sistema.
La pelea por la presidencia de la FIFA, en consecuencia, apenas comienza. El proyecto de inversión privada fue archivado, pero dejó al descubierto una disputa sobre transparencia, autoridad y el futuro de la gobernanza del fútbol. Infantino ha decidido mantenerse en la carrera; ahora tendrá que demostrar que todavía cuenta con suficientes aliados para ganar.


