Inicio Análisis político Enrique Vidales Ripoll ¿Pacto? … ¿Tregua? … ¿Amnistía?

¿Pacto? … ¿Tregua? … ¿Amnistía?

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Situaciones que vienen a levantar la queja en contra de las medidas empleadas por los responsables de la seguridad pública ante el juicio popular que siente que la guerra está siendo perdida, por lo menos, en cuanto se refiere a garantizar que los ciudadanos sean respetados en su integridad. Pero en los hechos no sucede así. La guerra ha trastocado no sólo la tranquilidad, sino también, causado lesiones y hasta muerte que son lloradas en los senos de cada una de las familias de los involucrados.
En lo personal creo que es necesario y urgente un cambio en la estrategia de seguridad. No es posible que se continúen justificando cada baja inocente como sólo un daño colateral más. Una de las funciones más elementales del Estado es la procuración de la seguridad pública que garantice el desarrollo armónico de la convivencia social. Si el Estado ya no puede cumplir con esa función, por simple lógica, debe resolver la situación u obstáculo que provoca la afectación.
Hay quienes sostienen que es el momento de una tregua con la delincuencia. Cuando es sabido que la guerra es entre grupos de delincuentes y resultaría por demás difícil cómo se garantizaría un momento de paz. Además, una tregua que surge de un pacto necesita de un interlocutor del otro lado, lo que es más que imposible de darle esa personalidad a un grupo cuyo interés no es político sino que surge de una actividad ilícita. Por simple principio, es cosa imposible aceptar que la actividad ilícita se pueda legitimar con acuerdos de esta naturaleza.
Lo mismo sucede en el caso de la amnistía, que si se quiere darle la formalidad legal pertinente, es aceptar y reconocer una actividad que tiene una naturaleza ilícita, contraria a ley y al derecho.
El gran problema en nuestro país es la falta de liderazgo en la misma Presidencia de la República. Felipe Calderón asumió la titularidad del ejecutivo enmarcado con la acusación de un fraude. Con el sentir de la gente que siempre pone a la seguridad como un tema central en la búsqueda de la paz y la tranquilidad social, emprendió esta batalla que ha salido de sus manos. Ya en el tramo no ha podido encauzar los esfuerzos institucionales y medios que el Estado tiene para el control de la delincuencia y sus efectos.
No hay una política accesoria a la estrategia para atender a las familias de los afectados en vida y en la integridad física. El Estado los ha abandonado, causando con ello una carga en la sociedad, que al ser muchos, ya hacen reaccionar la conciencia colectiva hacia el repudio por la falta de sensibilidad humana y social.
Los que afirmamos que urge un cambio en la estrategia nos cuestionan qué más se podría hacer para contener a la delincuencia. Si vamos aterrizando en el caso de los casinos, no olvidemos la siempre sospecha de que el giro de esos negocios se vinculan con prácticas de lavado de dinero. La proliferación de los casinos ha sido a instancias de Acción Nacional donde el senador con licencia y actual aspirante a la presidencia, Santiago Creel Miranda, tuvo una gran influencia y apoyo.
El punto central del anterior argumento se ubica en el poco interés de las autoridades responsables en seguridad y hacienda para impedir el lavado de dinero, es decir, de los medios de financiamiento de recursos económicos que se requiere los grupos delictivos para costear sus operaciones.
Colateralmente se ha olvidado la atención de la juventud con programas formativos, de educación, salud y entretenimiento. La atención de los grupos vulnerables como las pandillas, niños o adolescentes en la calle, la pobreza extrema, los asentamientos marginales que son el insumo para nutrir y reclutar las bandas delictivas.
No bastaba sólo combatir con violencia a las bandas delincuentes y apresar cabecillas. Para atender la multiplicada de factores es necesaria una política integral que cubra muchos frentes, que al final, copen la capacidad financiera y de organización.
El Estado ha sido rebasado. Reconocerlo no es signo de debilidad, si con ello podemos replantear los esfuerzos a considerar lo que se ha olvidado hacer.
Pero no se ven los signos de eso vaya a suceder.