Inicio Análisis político Enrique Vidales Ripoll ¿Qué puede salvar al país del desorden?

¿Qué puede salvar al país del desorden?

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El 2000 fue un año de esperanza por el cambio y la transformación que se esperaba. En el fondo se hizo creer que la democratización de las instituciones había llegado. Pero todo quedo solo en el discurso hueco y sin las acciones congruentes. No hubo reformas estructurales, cuyos trabajos quedaron como juntas para tomar café, sin soluciones reales que dieran un cambio a la operación del gobierno. Quienes tomaron el poder aprovecharon los defectos que ellos, por muchos años, criticaron.

Hoy el país se hunde en una depresión no económica sino emocional. El ciudadanos está secuestrado por la corrupción impera en estructuras de gobierno donde se distorsiona los valores del buen gobierno, y al mismo tiempo, en medio de una lucha que hoy el Ejecutivo emprendió contra la delincuencia organizada, inocentes sufriendo del peligro de los secuestros y acechamiento de la muerte.

El Estado ha perdido su capacidad coactiva, la fuerza para exigir el cumplimiento de la ley. En la percepción ciudadana no hay confianza en las autoridades, en la administración pública, en la procuración de justicia. Triste realidad reconocida por el Tribunal Agrario hay en el campo mexicano que ha encontrado mejor refugio en el narcotráfico, que suple las funciones del Estado en el otorgamiento de créditos y seguridad, aunque el precio y las consecuencias finales sean demasiadas altas.

Estado fallido es el concepto que algunos emplean para dar a entender la caída de la capacidad del Estado para atender eficaz y eficientemente las demandas del ciudadano en estricto respeto al marco jurídico que sustenta su existencia.

¿Estamos ante un Estado fallido? De ser así, trae como consecuencia también reconocer que el PAN como gobierno ha fallado. Que no tuvo la capacidad de control de los procesos jurídicos, sociales y económicos.

Si en los 90’s, tal y como lo percibía Oppenhaimer, México se encontraba en la frontera del caos, ante el escenario de desorden ¿en dónde nos encontramos? Esa sería una buena pregunta no solo para el análisis, sino para la toma de decisiones donde los ciudadanos debemos tomar una actitud más activa, más propositiva, hacer valor lo que pensamos e imponer soluciones al gobierno. Esta es la esencia de la democracia, de la participación ciudadana responsable.