Israel dio al Reino Unido 30 días para cerrar su consulado en Jerusalén Este, en una represalia que profundiza el deterioro de las relaciones entre ambos países después de que Londres anunciara restricciones comerciales contra los asentamientos israelíes en Cisjordania.
La crisis diplomática entre Israel y el Reino Unido entró este miércoles en una nueva fase. El Gobierno israelí comunicó a Londres que su consulado general en Jerusalén Este deberá cerrar en un plazo de 30 días y que los diplomáticos destinados allí perderán su acreditación al cumplirse ese periodo.
La medida forma parte de una serie de represalias anunciadas por Israel después de que el Gobierno británico, junto con Francia y Canadá, anunciara restricciones al comercio de bienes procedentes de asentamientos israelíes en Cisjordania.
De acuerdo con información de Reuters, confirmada por fuentes israelíes citadas también por otros medios internacionales, los representantes británicos que trabajan en un centro de coordinación relacionado con Gaza y los diplomáticos destinados en Ramala deberán abandonar sus puestos en un plazo de siete días. Israel también decidió suspender la participación británica en la capacitación de fuerzas de seguridad de la Autoridad Nacional Palestina.
El ministro israelí de Exteriores, Gideon Saar, presentó estas decisiones como una respuesta a lo que considera una injerencia extranjera en los asuntos internos de Israel. La confrontación, sin embargo, va mucho más allá de un desacuerdo comercial: toca directamente la política de asentamientos, el futuro de Cisjordania y la posibilidad de mantener abierta una solución de dos Estados.
El Gobierno británico anunció el 8 de septiembre que prohibirá el comercio de determinados bienes procedentes de los asentamientos israelíes en Cisjordania. Londres también endureció su posición política al considerar ilegal la ocupación israelí de territorio palestino y anunció sanciones contra personas y empresas que apoyen, faciliten o se beneficien de la expansión de los asentamientos.
Según una declaración conjunta difundida por el Gobierno británico y suscrita por otros once países, la expansión de los asentamientos y el aumento de la violencia de colonos están debilitando las posibilidades de alcanzar una solución de dos Estados. El documento menciona además el proyecto de asentamiento E1, cuya expansión ha generado preocupación internacional por su posible impacto sobre la continuidad territorial de un futuro Estado palestino.
La respuesta israelí fue inmediata. Además del cierre del consulado, Jerusalén prohibió la entrada al país de varios ciudadanos y parlamentarios británicos. Reuters informó que entre las personas afectadas se encuentra el exlíder laborista Jeremy Corbyn.
El consulado británico en Jerusalén tiene un papel particularmente sensible. Según el propio Gobierno del Reino Unido, representa sus intereses en Jerusalén, Cisjordania y Gaza y atiende asuntos políticos, comerciales, de seguridad y asistencia consular relacionados con los palestinos.
La sede diplomática tiene además un peso histórico. El consulado británico pertenece al denominado cuerpo consular histórico de Jerusalén, cuya presencia se remonta a décadas anteriores a la creación del Estado de Israel. Su función se ha mantenido separada de la embajada británica, precisamente porque Londres no reconoce la soberanía israelí sobre Jerusalén Este.
La posición británica sobre la ciudad también tiene un fundamento diplomático de larga duración. El Gobierno del Reino Unido señala oficialmente que reconoce la autoridad israelí de facto sobre Jerusalén Oeste, pero considera Jerusalén Este territorio bajo ocupación israelí y mantiene que el estatus definitivo de la ciudad debe resolverse mediante un acuerdo político.
La referencia internacional es todavía más antigua. La resolución 181 de la Asamblea General de Naciones Unidas, aprobada en 1947, planteó para Jerusalén un régimen internacional especial, conocido como corpus separatum. Ese esquema nunca llegó a establecerse en la forma prevista, pero la cuestión del estatus de la ciudad continuó ocupando un lugar central en el conflicto palestino-israelí y en la política exterior de numerosos países.
La decisión de Israel supone, por ello, algo más que el cierre de una oficina diplomática. El consulado ha funcionado durante años como un punto de representación británica ante la realidad política palestina en Jerusalén Este, Cisjordania y Gaza. Su clausura amenaza con reducir todavía más los canales de contacto entre Londres y las autoridades palestinas.
La disputa también se produce en un momento de creciente presión internacional sobre la política israelí en Cisjordania. El Reino Unido, Francia, Canadá y otros países europeos han optado por medidas comerciales y diplomáticas para tratar de frenar la expansión de los asentamientos y defender la viabilidad de una solución negociada.
Israel, por su parte, sostiene que esas decisiones constituyen una presión externa injustificada. El intercambio de sanciones y represalias deja así una relación bilateral cada vez más deteriorada y abre un nuevo frente diplomático en un conflicto que ya acumula profundas diferencias sobre Gaza, Cisjordania y el futuro político de los palestinos.
La cuestión ahora será si la escalada se limita a estas medidas o si termina afectando otros ámbitos de cooperación entre ambos países. La verdad es que el cierre del consulado británico representa un gesto de enorme carga política: cuando una relación diplomática llega al punto de retirar acreditaciones y expulsar representantes, recuperar la confianza deja de ser una tarea sencilla.


