El líder supremo iraní pidió a los gobiernos musulmanes, especialmente a los del Golfo, identificar a sus “verdaderos enemigos” y fortalecer la cooperación, en un mensaje marcado por la guerra y las crecientes tensiones regionales.

El líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, llamó este domingo a los países musulmanes a reforzar su unidad frente a Estados Unidos e Israel, a los que acusó de intentar dividir al mundo islámico y debilitar su capacidad para actuar de manera conjunta.

El mensaje fue difundido con motivo de la Semana de la Unidad Islámica, que coincide con la conmemoración del nacimiento del profeta Mahoma. En él, Jamenei dirigió una exhortación particularmente directa a los gobernantes de Asia Occidental y de los países del Golfo Pérsico para que identifiquen lo que denominó su “verdadero enemigo”, comprendan sus planes y actúen frente a ellos.

La declaración adquiere un peso especial por el momento que atraviesa Oriente Medio. Irán continúa inmerso en el conflicto que comenzó con los ataques estadounidenses e israelíes de febrero, mientras las relaciones entre Teherán y varias monarquías árabes del Golfo permanecen marcadas por décadas de desconfianza y rivalidad estratégica.

Según informó Reuters, Jamenei reclamó unidad, cooperación entre los países musulmanes y defensa mutua. También sostuvo que cualquier persona o gobierno que contribuya a generar divisiones dentro de la comunidad musulmana, de manera consciente o involuntaria, termina favoreciendo los intereses de los adversarios de Irán.

El dirigente iraní dirigió además un mensaje específico a los gobernantes árabes del Golfo. Planteó si actores externos se habrían atrevido a amenazar sus territorios y recursos si los gobiernos y pueblos de la región hubieran permanecido unidos bajo una misma bandera religiosa.

La apelación resulta especialmente significativa porque las relaciones entre Irán y las monarquías del Golfo han estado condicionadas durante décadas por diferencias políticas, religiosas y estratégicas. Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Baréin, Kuwait y Omán tienen intereses propios y no mantienen una posición uniforme frente a Teherán, Estados Unidos o Israel.

De hecho, la actual guerra ha profundizado esas tensiones. Reuters señaló que Irán ha atacado instalaciones militares estadounidenses y otras infraestructuras en países del Golfo durante el conflicto, lo que ha puesto a prueba las relaciones de Teherán con sus vecinos árabes y ha aumentado la preocupación por una posible ampliación regional de las hostilidades.

Jamenei también vinculó su llamado a la situación palestina. Preguntó si los palestinos habrían quedado en una situación de tanta vulnerabilidad frente a Israel si los países musulmanes hubieran actuado unidos. La cuestión palestina ocupa desde hace décadas un lugar central en el discurso exterior de la República Islámica y constituye uno de los principales puntos de confrontación entre Irán, Israel y Estados Unidos.

La declaración también busca proyectar una imagen de cohesión interna. Reuters informó que el viernes Jamenei había pedido a las autoridades iraníes evitar declaraciones que pudieran debilitar la moral pública y había insistido en preservar la cohesión social dentro del país.

Ese énfasis resulta relevante porque el nuevo líder iraní lleva meses sin aparecer públicamente. Jamenei resultó gravemente herido durante los ataques estadounidenses e israelíes que mataron a su padre y antecesor, Ali Jamenei. Reuters ha señalado que su ausencia pública ha generado dudas sobre su estado de salud y sobre la manera en que se ejerce el poder en Teherán, aunque funcionarios iraníes sostienen que continúa tomando las principales decisiones.

Associated Press también confirmó que el líder iraní permanece fuera de la escena pública y que las autoridades no han ofrecido imágenes recientes que permitan comprobar directamente su estado. La situación añade incertidumbre a un liderazgo que intenta mantener el control político mientras el país enfrenta las consecuencias de la guerra.

La elección de un mensaje religioso para formular el llamado tampoco es casual. La Semana de la Unidad Islámica busca subrayar la idea de cooperación entre las distintas comunidades musulmanas, incluidas las diferencias históricas entre suníes y chiíes. Para Teherán, esa unidad constituye además una herramienta política para enfrentar el aislamiento y las presiones externas.

Sin embargo, transformar el discurso de unidad en una alianza política efectiva es otra cuestión. Las naciones musulmanas mantienen intereses económicos y estratégicos muy diferentes. Algunas dependen de las relaciones de seguridad con Washington; otras mantienen vínculos económicos con China y Europa; y varias han intentado mejorar sus relaciones diplomáticas con Irán sin romper sus vínculos con Estados Unidos.

El mensaje de Jamenei llega, por tanto, en un escenario en el que la unidad que reclama enfrenta obstáculos concretos. Las diferencias entre Teherán y las monarquías árabes no desaparecen por compartir una identidad religiosa, especialmente cuando están en juego la seguridad energética, el comercio, las rutas marítimas y las alianzas militares.

Aun así, el llamado revela la estrategia política iraní ante una región profundamente alterada por la guerra. Teherán intenta presentar el conflicto no únicamente como una disputa entre Estados, sino como una confrontación más amplia en la que los países musulmanes deberían actuar coordinadamente para defender sus intereses.

La pregunta ahora es cuánto eco encontrará ese mensaje entre los gobiernos del Golfo. En una región donde cada país calcula cuidadosamente sus riesgos, la propuesta iraní de cerrar filas contra Estados Unidos e Israel choca con alianzas, intereses económicos y preocupaciones de seguridad que no pueden resolverse únicamente mediante un llamado religioso.

Lo cierto es que Jamenei vuelve a colocar la unidad musulmana en el centro de la política exterior iraní. Y lo hace mientras la guerra continúa modificando el equilibrio de poder en Oriente Medio, con una región más fragmentada, mayores riesgos de escalada y una diplomacia que intenta evitar que el conflicto termine extendiéndose todavía más.